
Se anunciaba hace unos días, Oliver Stoner y Michael Douglas, que ganó un oscar por su interpretación en "Wall Strett" planean trabajar en una secuela de aquella película titulada, de momento, "Wall Street 2". A mi me gusta la idea, porque hecho de menos a ese Oliver Stone adrenalítico, formalista, creador de tragedias griegas en entornos fríos y milimétricos como el centro financiero de Nueva York, la Casa Blanca o una docena de libros de Derecho Constitucional. Stone ha sabido a lo largo de su filmografía imprimir un nervio y un pulso envidiable a acontecimientos en realidad lentos, agónicos y a veces, interminables. Se ha reflexionado poco sobre esta idea creo, porque resulta mucho más fácil acusar a Stone de obseso de determinados temas (leasé Vietnam, conspiraciones políticas...) que detenerse un momento a valorar qué hay de interesante en su obra y que podemos descartar de un plumazo. De entrada, yo me aventuraría a sostener que Oliver Stone es un director arriesgado, no está acomodado en ningún lugar ni recurre a ningún estereotipo para asegurarse su carrera como cineasta. Cada nuevo proyecto de Stone es un salto al vacío y lo fue, prácticamente desde el principio.
"La mano" (1981) fue su primer largometraje, un extrañísimo relato de terror con Michael Caine como protagonista que pone sobre la mesa algunas cuestiones, más estilísticas que formales de lo que vendría a ser Stone después. Con "Salvador" Stone ya comenzó a hablar de lo que realmente le interesaba. Introdujo un personajes desaliñado e inestable en un contexto políticamente desestabilizado, la insurrección salvadoreña, para filtrar una historia de amor pero sobre todo, para proponer una sucia mirada al comportamiento humano en situaciones extremas, por otro lado, generadas por el propio hombre.
Pero fue "Platoon" (1986) el punto y aparte de Oliver Stone. La película se llevó cuatro Oscar, incluyendo el de mejor película y mejor director y con ella, el director dio comienzo a su particular trilogía sobre Vietnam. El film, sólido, bien rodado y escrito, pretendía arrojar una incómoda luz sobre el conflicto más odiado por el norteamericano medio. Una vez más, Stone introducía personajes rotos en una situación extrema fabricada, en el fondo, por las intrigas políticas. El resultado no es nada halagüeño. El hombre es un perro carroñero que nada tiene que envidiar a la peor hiena de la estepa africana.
Fue en 1987 cuando Oliver Stone filmó "Wall Street". En cierto sentido, está película yo siempre la he visto como el prólogo de lo que vendría a ser su etapa más madura, es decir, un film mucho más pulido, cuidado y hasta estético con momentos ciertamente soberbios en los que Stone pone de manifiesto su capacidad visual y su potencial como narrador cinematográfico. Además "Wall Street" es quizá, su primera película nerviosa, con los músculos en perpetua tensión, que encajan a la perfección con ese mundo frío y obsceno que pueden ser las finanzas, en suma, otra nueva forma de situación extrema con otro tipo de perros devorándose entre sí.
No he visto "Hablando con la muerte" que según he leído, es una intriga radiofónica sobre un locutor que habla más de la cuanta y que se lo quieren quitar de en medio. La película se estrenó en el festival de Berlín de 1988 de modo que tomo nota. Ya en 1989, Stone sacó nuevamente del baúl de los recuerdos a sus fantasmas de Vietnam y arrancó de Tom Cruise una de sus mejores interpretaciones en el drama "Nacido el 4 de julio". A mi me gusta especialmente esta película, pero creo que ya aglutina todas las virtudes y algunos de los defectos más memorables de Oliver Stone. Por el lado de las virtudes su capacidad de convertir dramas personales en verdaderas óperas, grandilocuentes en tanto, en el caso de "Nacido el 4 de julio", afectaban a toda una nación, a una forma de pensar y de actuar y a su propio futuro como país. En lo que ha defectos, ese tufillo, no patriota barato, pero si panfletario, es decir, no tiene nada de malo que uno director deje caer su visión de las cosas, otra bien distinta es que las exponga como la única verdad. Pero a mí, por lo demás, "Nacido el 4 de julio" me parece un film impecable, con ese olorcillo panfletario que he mencionado antes, pero por lo demás, impecable.
Dejando a un lado "The Doors", que de una forma u otra, es un film que sigue escarbando en ese pesimismo existencial tan propio de la era post-Vietnam, ese mismo año 1991 llegaría la que para mi es una de las grandes películas de Stone, sino la mejor, "JFK". Rodada con un pulso inmejorable, con una de las exhibiciones de montaje más brillantes de los últimos años, con un guión impecable que aborda una de esas cuestiones, en principio, lentas y agónicas pero que en manos de Stoner se convierte casi en un trhiller de acción, "JFK" es una de esas óperas stonianas que quitan el aliento por más que, insisto, supure cierto aroma panfletario y recurra a algún que otro ocasional truco fácil (Kevin Costner mirando a la cámara después de su alegato final diciendo depende de ustedes).
"El cielo y la tierra" es tal vez el episodio más flojo de la trilogía vietnamita de Oliver Stone y acto seguido estrenó "Asesinos natos", una de las películas más polémicas de la temporada. La película, a mi modo de ver, irregular y bastante maniquea, supone no obstante una de esas manifestaciones que confirman el espíritu valiente y arriesgado de Oliver Stone. Filmada a un ritmo endiablado y acosando al espectador con planos cada vez más violentos, "Asesinos natos" pretende denunciar una cuestión -la violencia- sirviéndose de ella misma, exagerando una apología de la muerte por el hecho de matar. Una propuesta, creo yo que interesante en cualquier caso, aunque sujeta a multitud de interpelaciones cinematográficas y morales.
"Nixon" (1995) es para mi otra gran muestra del talento de Stone. Otra ópera trágica en torno a uno de los personajes más demonizados de la historia de Estados Unidos. Ese arranque con Nixon recluido en la Casa Blanca que más parece el palacio de Xanadú de "Ciudadano Kane" o la mismísima mansión de Drácula, sirve de punto de arranque para una radiografía áspera y en última instancia, un tanto enrarecida del ex presidente Richard Nixon. "Nixon" además mantiene el pulso, como "JFK" es un largometraje con musculatura, con nervio, pero también más decadente, más oscuro, menos épico.
"Giro al infierno" supone un simpático respiro intrascendental para Oliver Stone, un respiro que todo cineasta se merece para abordar temas sin demasiada consistencia y si dejarse llevar y experimentar, por determinadas tendencias dramáticas, narrativas y estilísticas. En este sentido, "Giro al infierno" es una nueva propuesta de ese tipo de películas que narran el peor día de la historia pero en entornos y con personajes muy stonianos. Un entorno hostil, en el desierto de Texas en el que pululan una serie de buitres con aspecto humano que nada tienen que envidiar a los perros carroñeros de "Platton" o "Wall Street". Un retrato áspero y seco, enmarcado en un look saturado, aparentemente sucio, lo que en el fondo implica, muy cuidado, muy pensado.
"Un domingo cualquiera" por su parte se puede entender como otro capricho de Oliver Stone, muy similar en su ADN a "Wall Steet" pero cambiando el mundo de las finanzas por el futbol americano. Stone, no deja en su particular retrato del popular deporte americano títere con cabeza. Eso si, "Un domingo cualquiera" es una película excesiva en todos sus sentidos, dramática, narrativa y estéticamente, por su montaje, sus escenas, sus diálogos, su duración, sus efectos de sonido, una catarata de adrenalina que sólo pueda gustar a los muy fans de Oliver Stone, en tanto el director pone sobre el asador todo su arsenal cinematográfica en una entorno que tal vez, no se merecía tanta adoración fílmica.
Los documentales que a partir de ese momento filmó Stone merecerían un capítulo aparte. "Commandante" es una premeditadamente simpática aproximación a Fidel Castro en un contexto que le es ajeno y que hasta emborrona una crónica que podría ser muy interesante a base de desmedidos movimientos de cámara e inexplicables saltos de racords, eje y todas las reglas de la continuidad básicas fílmicas que uno pueda imaginar (lo mismo se podría decir de "Looking for Fidel" documental realizado con el material desechado de "Commandante" que viene a ser, más o menos, el mismo producto). Mejor consideración merecería, creo yo, "Personan Non Grata". La película supone la enésima aproximación al conflicto árabe-israelí tratando de despojarlo de clichés y ofreciendo una mirada fría y veraz. El problema, como en las ficciones de Stone, es que en "Personan Non Grata" la presencia y hasta las opiniones de Oliver Stone terminan acaparando un protagonismo que creo yo, no se merece. Se trata no obstante de un trabajo mucho más cuidado que "Commandante" y ameno, en tanto no se limita a una única entrevista, y además si que ofrece aspectos del conflicto que a veces no tenemos en cuenta o sobre los que pasamos con demasiada ligereza.
El regreso a la pantalla grande de Oliver Stone fue, eso, a lo grande. "Alexander" prometía ser el mayor y mejor reflejo de las andanzas y asombrosas aventuras de Alejandro Magno. La película, que a mi modo de ver, fue injustamente vapuleada por la crítica, contiene creo yo, una vez más, un buen montón de virtudes y otro generoso saco de defectos, aunque todo eso si, muy propio del cineasta norteamericano. Por el lado malo está esa sensación cada vez más grandilocuente que empapa los relatos de Stone, no sólo a un nivel formal y dramático, sino también a una escala narrativa, da la sensación en "Alexander" de que se están lanzando mensajes definitivos, casi divinos, con ese Anthony Hopkins tratando de desenmarañar la esencia última de Alejandro Magno. Pero sin duda, lo peor de Alexander es su casting, como digo, un defecto muy propio de Stone. Probablemente, consciente de las particularidades del cine de Hollywood, Stone no suele tener problemas a la hora de ofrecer papeles muy complejos a actores muy taquilleros, o dicho de otro modo, Angelina Jolie no pega ni con cola como madre de Alejandro, el propio Colin Farell, siendo un buen actor y todo, no termina de cuajar como aguerrido guerrero macedonio, y aunque Val Kilmer está sorprendentemente bien en su papel de padre de Alejandro, tengo la impresión de que "Alexander" era mucho papel para Farell.
En lo bueno, pues que, como todo personaje real, humano, se trata de un relato contradictorio a veces e inexplicable otras, un buen perfil ajeno a maniqueísmos, bastante verosímil acerca de un hombre con unas ansias demasiados grandes como para darles cabida en una sola mente. También la buena mano de Stone tras la cámara, algo que yo personalmente nunca he discutido porque me parece fuera de toda duda, es ejemplar, además de determinados momentos como la (única) batalla que tiene lugar en el film, en donde Stone recurre al socorrido plano aéreo de los batallones pero con una justificación dramática, el águila que parece perseguir y de algún modo justificar, la personalidad de Alejandro y sobre todo, ese amago de explicación de la batalla, nombrando cada flanco y sus avances, tratando de dibujar, aunque sea muy someramente, un esquema de la batalla.
"World Trade Center" fue una película decepcionante. Fundamentalmente porque abordar un acontecimiento como el 11-S, que tan discutido fue y sigue siendo respecto a cómo, por qué ocurrió y cómo reaccionó el gobierno norteamericano, de manos de un cineasta tan controvertido como Oliver Stone y que el resultado sea un drama humano bastante edulcorado, resulta una experiencia bastante apática. Lo bueno, eso si, es que el film sigue manteniendo a un Stone todavía muy cuerdo y astuto. Por ejemplo, esa primera mitad de "World Trade Center", con Nueva York amaneciendo y con la llegada de los primeros bomberos a las Torres Gemelas es un ejemplo del mejor cineasta que hay en Oliver Stone. El problema es que el Tour de Force que supone cargar una hora larga de metraje sobre dos tipos sepultados en escombros no termina de cuajar. Era una situación complicada lo se, tiene sus momentos, si, pero no termina de cuajar y todo, dejando a un lado el hecho de que el film ni mencione de pasada las cuestiones críticas que sin duda, ofrece un hecho como el 11-S.
No me cabe la menor duda de que Oliver Stone debió de resarcirse de su insólita contención política con el 11-S en "World Trade Center" con "W.". Oliver Stone peco de impaciente. Quería estrenar "W." antes de que George Bush saliera de la Casa Blanca y eso lo obligó a hacer algo muy distinto a lo que había hecho con Ricard Nixon. Empezó a decir cosas como que "Nixon" era una ópera y "W." una pieza de cámara, bueno, como idea tiene su punto pero lo cierto es que "W." es una película muy irregular para el director de "JFK". No obstante, la película aguanta el embiste gracias a un ejemplar elenco de actores (Stone es un excelente director de actores) y a un relato demasiado cercano como para resultar indiferente, en cambio, es esa misma cercanía la que le impide a Stone abordar el tema con la reflexión que debería y sobre todo, dejar en meros apuntes a pie de páginas aspectos fundamentales de la era Bush y no me refiero ya a su segunda legislatura ("W." sólo se ocupa de sus primeros cuatro años), sino a personajes sólo esbozados como Colin Powell, Condolleza Rice y muy especialmente Donald Rumshfeld que pasa como un suspiro, algo inaudito para un personaje tan fundamental, complejo y enigmático como Rumshfeld que además, en manos de un Scott Glen, se deja entrever una interpretación de primera.
Ahora Oliver Stone prepara un nuevo documental sobre Hugo Chávez. En realidad, una nueva manifestación de su talante panfletario y de su naturaleza incendiaria que en el fondo, tantos éxitos le ha dado. No espero nada en particular de un documental sobre Chávez más allá de la mera curiosidad, de modo que aguantaré revisando alguna película de Stone mientras llega su próximo trabajo que por si no ha quedado claro, a mi me encantaría que fuera un "Wall Street 2".
"La mano" (1981) fue su primer largometraje, un extrañísimo relato de terror con Michael Caine como protagonista que pone sobre la mesa algunas cuestiones, más estilísticas que formales de lo que vendría a ser Stone después. Con "Salvador" Stone ya comenzó a hablar de lo que realmente le interesaba. Introdujo un personajes desaliñado e inestable en un contexto políticamente desestabilizado, la insurrección salvadoreña, para filtrar una historia de amor pero sobre todo, para proponer una sucia mirada al comportamiento humano en situaciones extremas, por otro lado, generadas por el propio hombre.
Pero fue "Platoon" (1986) el punto y aparte de Oliver Stone. La película se llevó cuatro Oscar, incluyendo el de mejor película y mejor director y con ella, el director dio comienzo a su particular trilogía sobre Vietnam. El film, sólido, bien rodado y escrito, pretendía arrojar una incómoda luz sobre el conflicto más odiado por el norteamericano medio. Una vez más, Stone introducía personajes rotos en una situación extrema fabricada, en el fondo, por las intrigas políticas. El resultado no es nada halagüeño. El hombre es un perro carroñero que nada tiene que envidiar a la peor hiena de la estepa africana.
Fue en 1987 cuando Oliver Stone filmó "Wall Street". En cierto sentido, está película yo siempre la he visto como el prólogo de lo que vendría a ser su etapa más madura, es decir, un film mucho más pulido, cuidado y hasta estético con momentos ciertamente soberbios en los que Stone pone de manifiesto su capacidad visual y su potencial como narrador cinematográfico. Además "Wall Street" es quizá, su primera película nerviosa, con los músculos en perpetua tensión, que encajan a la perfección con ese mundo frío y obsceno que pueden ser las finanzas, en suma, otra nueva forma de situación extrema con otro tipo de perros devorándose entre sí.
No he visto "Hablando con la muerte" que según he leído, es una intriga radiofónica sobre un locutor que habla más de la cuanta y que se lo quieren quitar de en medio. La película se estrenó en el festival de Berlín de 1988 de modo que tomo nota. Ya en 1989, Stone sacó nuevamente del baúl de los recuerdos a sus fantasmas de Vietnam y arrancó de Tom Cruise una de sus mejores interpretaciones en el drama "Nacido el 4 de julio". A mi me gusta especialmente esta película, pero creo que ya aglutina todas las virtudes y algunos de los defectos más memorables de Oliver Stone. Por el lado de las virtudes su capacidad de convertir dramas personales en verdaderas óperas, grandilocuentes en tanto, en el caso de "Nacido el 4 de julio", afectaban a toda una nación, a una forma de pensar y de actuar y a su propio futuro como país. En lo que ha defectos, ese tufillo, no patriota barato, pero si panfletario, es decir, no tiene nada de malo que uno director deje caer su visión de las cosas, otra bien distinta es que las exponga como la única verdad. Pero a mí, por lo demás, "Nacido el 4 de julio" me parece un film impecable, con ese olorcillo panfletario que he mencionado antes, pero por lo demás, impecable.
Dejando a un lado "The Doors", que de una forma u otra, es un film que sigue escarbando en ese pesimismo existencial tan propio de la era post-Vietnam, ese mismo año 1991 llegaría la que para mi es una de las grandes películas de Stone, sino la mejor, "JFK". Rodada con un pulso inmejorable, con una de las exhibiciones de montaje más brillantes de los últimos años, con un guión impecable que aborda una de esas cuestiones, en principio, lentas y agónicas pero que en manos de Stoner se convierte casi en un trhiller de acción, "JFK" es una de esas óperas stonianas que quitan el aliento por más que, insisto, supure cierto aroma panfletario y recurra a algún que otro ocasional truco fácil (Kevin Costner mirando a la cámara después de su alegato final diciendo depende de ustedes).
"El cielo y la tierra" es tal vez el episodio más flojo de la trilogía vietnamita de Oliver Stone y acto seguido estrenó "Asesinos natos", una de las películas más polémicas de la temporada. La película, a mi modo de ver, irregular y bastante maniquea, supone no obstante una de esas manifestaciones que confirman el espíritu valiente y arriesgado de Oliver Stone. Filmada a un ritmo endiablado y acosando al espectador con planos cada vez más violentos, "Asesinos natos" pretende denunciar una cuestión -la violencia- sirviéndose de ella misma, exagerando una apología de la muerte por el hecho de matar. Una propuesta, creo yo que interesante en cualquier caso, aunque sujeta a multitud de interpelaciones cinematográficas y morales.
"Nixon" (1995) es para mi otra gran muestra del talento de Stone. Otra ópera trágica en torno a uno de los personajes más demonizados de la historia de Estados Unidos. Ese arranque con Nixon recluido en la Casa Blanca que más parece el palacio de Xanadú de "Ciudadano Kane" o la mismísima mansión de Drácula, sirve de punto de arranque para una radiografía áspera y en última instancia, un tanto enrarecida del ex presidente Richard Nixon. "Nixon" además mantiene el pulso, como "JFK" es un largometraje con musculatura, con nervio, pero también más decadente, más oscuro, menos épico.
"Giro al infierno" supone un simpático respiro intrascendental para Oliver Stone, un respiro que todo cineasta se merece para abordar temas sin demasiada consistencia y si dejarse llevar y experimentar, por determinadas tendencias dramáticas, narrativas y estilísticas. En este sentido, "Giro al infierno" es una nueva propuesta de ese tipo de películas que narran el peor día de la historia pero en entornos y con personajes muy stonianos. Un entorno hostil, en el desierto de Texas en el que pululan una serie de buitres con aspecto humano que nada tienen que envidiar a los perros carroñeros de "Platton" o "Wall Street". Un retrato áspero y seco, enmarcado en un look saturado, aparentemente sucio, lo que en el fondo implica, muy cuidado, muy pensado.
"Un domingo cualquiera" por su parte se puede entender como otro capricho de Oliver Stone, muy similar en su ADN a "Wall Steet" pero cambiando el mundo de las finanzas por el futbol americano. Stone, no deja en su particular retrato del popular deporte americano títere con cabeza. Eso si, "Un domingo cualquiera" es una película excesiva en todos sus sentidos, dramática, narrativa y estéticamente, por su montaje, sus escenas, sus diálogos, su duración, sus efectos de sonido, una catarata de adrenalina que sólo pueda gustar a los muy fans de Oliver Stone, en tanto el director pone sobre el asador todo su arsenal cinematográfica en una entorno que tal vez, no se merecía tanta adoración fílmica.
Los documentales que a partir de ese momento filmó Stone merecerían un capítulo aparte. "Commandante" es una premeditadamente simpática aproximación a Fidel Castro en un contexto que le es ajeno y que hasta emborrona una crónica que podría ser muy interesante a base de desmedidos movimientos de cámara e inexplicables saltos de racords, eje y todas las reglas de la continuidad básicas fílmicas que uno pueda imaginar (lo mismo se podría decir de "Looking for Fidel" documental realizado con el material desechado de "Commandante" que viene a ser, más o menos, el mismo producto). Mejor consideración merecería, creo yo, "Personan Non Grata". La película supone la enésima aproximación al conflicto árabe-israelí tratando de despojarlo de clichés y ofreciendo una mirada fría y veraz. El problema, como en las ficciones de Stone, es que en "Personan Non Grata" la presencia y hasta las opiniones de Oliver Stone terminan acaparando un protagonismo que creo yo, no se merece. Se trata no obstante de un trabajo mucho más cuidado que "Commandante" y ameno, en tanto no se limita a una única entrevista, y además si que ofrece aspectos del conflicto que a veces no tenemos en cuenta o sobre los que pasamos con demasiada ligereza.
El regreso a la pantalla grande de Oliver Stone fue, eso, a lo grande. "Alexander" prometía ser el mayor y mejor reflejo de las andanzas y asombrosas aventuras de Alejandro Magno. La película, que a mi modo de ver, fue injustamente vapuleada por la crítica, contiene creo yo, una vez más, un buen montón de virtudes y otro generoso saco de defectos, aunque todo eso si, muy propio del cineasta norteamericano. Por el lado malo está esa sensación cada vez más grandilocuente que empapa los relatos de Stone, no sólo a un nivel formal y dramático, sino también a una escala narrativa, da la sensación en "Alexander" de que se están lanzando mensajes definitivos, casi divinos, con ese Anthony Hopkins tratando de desenmarañar la esencia última de Alejandro Magno. Pero sin duda, lo peor de Alexander es su casting, como digo, un defecto muy propio de Stone. Probablemente, consciente de las particularidades del cine de Hollywood, Stone no suele tener problemas a la hora de ofrecer papeles muy complejos a actores muy taquilleros, o dicho de otro modo, Angelina Jolie no pega ni con cola como madre de Alejandro, el propio Colin Farell, siendo un buen actor y todo, no termina de cuajar como aguerrido guerrero macedonio, y aunque Val Kilmer está sorprendentemente bien en su papel de padre de Alejandro, tengo la impresión de que "Alexander" era mucho papel para Farell.
En lo bueno, pues que, como todo personaje real, humano, se trata de un relato contradictorio a veces e inexplicable otras, un buen perfil ajeno a maniqueísmos, bastante verosímil acerca de un hombre con unas ansias demasiados grandes como para darles cabida en una sola mente. También la buena mano de Stone tras la cámara, algo que yo personalmente nunca he discutido porque me parece fuera de toda duda, es ejemplar, además de determinados momentos como la (única) batalla que tiene lugar en el film, en donde Stone recurre al socorrido plano aéreo de los batallones pero con una justificación dramática, el águila que parece perseguir y de algún modo justificar, la personalidad de Alejandro y sobre todo, ese amago de explicación de la batalla, nombrando cada flanco y sus avances, tratando de dibujar, aunque sea muy someramente, un esquema de la batalla.
"World Trade Center" fue una película decepcionante. Fundamentalmente porque abordar un acontecimiento como el 11-S, que tan discutido fue y sigue siendo respecto a cómo, por qué ocurrió y cómo reaccionó el gobierno norteamericano, de manos de un cineasta tan controvertido como Oliver Stone y que el resultado sea un drama humano bastante edulcorado, resulta una experiencia bastante apática. Lo bueno, eso si, es que el film sigue manteniendo a un Stone todavía muy cuerdo y astuto. Por ejemplo, esa primera mitad de "World Trade Center", con Nueva York amaneciendo y con la llegada de los primeros bomberos a las Torres Gemelas es un ejemplo del mejor cineasta que hay en Oliver Stone. El problema es que el Tour de Force que supone cargar una hora larga de metraje sobre dos tipos sepultados en escombros no termina de cuajar. Era una situación complicada lo se, tiene sus momentos, si, pero no termina de cuajar y todo, dejando a un lado el hecho de que el film ni mencione de pasada las cuestiones críticas que sin duda, ofrece un hecho como el 11-S.
No me cabe la menor duda de que Oliver Stone debió de resarcirse de su insólita contención política con el 11-S en "World Trade Center" con "W.". Oliver Stone peco de impaciente. Quería estrenar "W." antes de que George Bush saliera de la Casa Blanca y eso lo obligó a hacer algo muy distinto a lo que había hecho con Ricard Nixon. Empezó a decir cosas como que "Nixon" era una ópera y "W." una pieza de cámara, bueno, como idea tiene su punto pero lo cierto es que "W." es una película muy irregular para el director de "JFK". No obstante, la película aguanta el embiste gracias a un ejemplar elenco de actores (Stone es un excelente director de actores) y a un relato demasiado cercano como para resultar indiferente, en cambio, es esa misma cercanía la que le impide a Stone abordar el tema con la reflexión que debería y sobre todo, dejar en meros apuntes a pie de páginas aspectos fundamentales de la era Bush y no me refiero ya a su segunda legislatura ("W." sólo se ocupa de sus primeros cuatro años), sino a personajes sólo esbozados como Colin Powell, Condolleza Rice y muy especialmente Donald Rumshfeld que pasa como un suspiro, algo inaudito para un personaje tan fundamental, complejo y enigmático como Rumshfeld que además, en manos de un Scott Glen, se deja entrever una interpretación de primera.
Ahora Oliver Stone prepara un nuevo documental sobre Hugo Chávez. En realidad, una nueva manifestación de su talante panfletario y de su naturaleza incendiaria que en el fondo, tantos éxitos le ha dado. No espero nada en particular de un documental sobre Chávez más allá de la mera curiosidad, de modo que aguantaré revisando alguna película de Stone mientras llega su próximo trabajo que por si no ha quedado claro, a mi me encantaría que fuera un "Wall Street 2".

5 comentarios:
A mi me encanta Oliver Stone... solo JFK vale toda su filmografia.
Un saludete
Y usted que lo diga...
Oliver Stone: el típico al que "los que saben" ponen a parir... Me quedo con "Platoon" y "JFK"; insoportables completamente "The Doors" y "Asesinos natos", de lo peor que he visto. respecto a "Wall Street", ni fu ni fa.
A mi, "Asesinos natos", insisto, no me gusta, pero...., creo que tiene un ineludible punto de interés, creo yo...
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