martes, 11 de agosto de 2009

"Arrástrame al infierno" de Sam Raimi (2009)


Hace años que llevo diciendo por ahí que Sam Raimi es un director que una vez abandonada su particular saga de "Evil Dead", no tenía un lugar realmente cómodo en el que dejarse caer, porque a mi modo de ver, Raimi tenía un serio problema con un concepto tan sencillo como a veces complejo de aplicar como el "equilibrio". El regreso de Raimi a una película más pequeña que una superproducción tipo "Spider-Man" había disparado las expectativas acerca de qué haría Raimi tras un resacón como el del hombre araña, ¿habría perdido Raimi el pedigrí que le dio la fama y la gloría?
Bueno, de entrada, uno puede ni debe esperar que Sam Raimi vuelva a filmar, matiz arriba, matiz abajo, la misma película que a principios de los 80. Raimi ha evolucionado, y eso es bueno, es verdad que hace mucho tiempo que no vemos un "Evil Dead 4", pero tal vez sea algo que a Raimi ya no le interesa. Porque de entrada, lo que "Arrástrame al infierno" pone de manifiesto es que Sam Raimi todavía conserva algunos de esos conceptos que le dieron a conocer a todo el mundo, pero que a la vez, ha sabido combinar mejor sus ideas de forma que puedan llegar al gran público. O dicho de otro modo, "Arrástrame al infierno" es una película perfectamente comercial, a años luz de bazofias como "La semilla del mal", pero con determinados "tics" muy propios del grotesco universo Raimi que, afortunadamente se van acrecentando conforme avanza el metraje.
Viendo "Arrástrame al infierno" me di cuenta que cuando yo solía decir que Raimi tenía un problema con el concepto "equilibrio", en realidad me estaba equivocando. Sus películas son vocacionalmente desequilibradas, visual y narrativamente desmesuradas y dramáticamente simplonas. Esto no tiene que ser una pega necesariamente, sobre todo si como en "Arrástrame al infierno" todo está bien cocinado. Si las salidas de tono no se cargan el drama, o mejor, la atmósfera, y si la simplicidad dramática no nos saca del relato hasta el extremo de que nos importe un carajo los personajes, En este punto, bien es verdad, que el armamento de Raimi se descarga en lo primero.
"Arrástrame el infierno" nos cuenta la historia de una anodina empleada de banca (Raimi tiene la capacidad de extirpar cualquier ápice de carisma de los actores y dejarlos en meros maniquís a sus diabólicos servicios, ahí está su mayor y mejor creación, Bruce Campbell) que ansiosa por lograr un ascenso decide negarle un crédito a una extraña anciana. Error. La anciana en cuestión resulta ser una bruja, y de las malas. A partir de ese momento, la película (hasta este punto convencional y de escaso interés, más bien expectación a lo que está por venir) se convierte en una concanetación de golpes de efectos, muy bien filmados, eso si, con algún que otro toque raminiano como esa mosca que penetra en una fosa nasal para salir por la otra, pero que llegado cierto momento y un vez, percibido el esquema, se hacen peligrosamente reiterativos. Ahora bien...
Lo realmente bueno de "Arrástrame al infierno" comienza en su tercio final, cuando la chica protagonista cree tener ante si la fórmula para acabar con la maldición. La escena de invocación al espíritu del mal en cuestión (un lamia para la ocasión), no tiene desperdicio, hasta el punto de hacernos disfrutar de un cuerpo poseído flotante más que parecido a los posesos protagonistas de "Evil Dead", baile grotesco incluido sobre una hoguera. Aún así, Raimi, y su hermano Ivan, ambos autores del guión, nos proponen un difícil lema moral, la maldición de marras, se puede traspasar a otra persona, regalando el objeto maldito. Pero..., ¿quien se merece semejante martirio?. Así y todo les adelante que el final, sorprende y todo, con lo cual, poco más se puede pedir a un film vocacionalmente divertido.
Raimi además demuestra que sigue tomando muy bien el pulso a las escenas de terror (atención a las escena en el garaje), que sus excesos no implican desenmascarar al monstruo en cuestión (la escena de la "sombra" del lamia en casa de la protagonista es impecable) y que aún así, Raimi no ha perdido su mala uva, que aún tiene ganas de lanzar globos oculares disparados a la cara de sus personajes ("Terroríficamente muertos") y que todavía sabe filmar como lo hizo el primer día, con guasa, pero también con pulso.
En suma un Raimi perfecto. Menos disparatado, es verdad, más maduro, más asentado, también, pero bueno..., así es la vida, ¿no? ¿Mejorable? Si, siempre, pero muy digna. A mi parecer, mejor de lo esperado...

1 comentario:

Viviana dijo...

La película me pareció muy entretenida la mayor parte del tiempo. Tonta en algunos tramos. La mejor parte cuando busca a la vieja en la fosa y le mete el sobre por la boca ... Ella convertida ya en una desquiciada con ganas de venganza.