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miércoles, 14 de octubre de 2009

"Mar adentro" de Alejandro Amenábar. 2004


Cuando todo el mundo aplaude al unísono una misma película, es que algo huele a podrido, y no precisamente en Dinamarca. Yo siempre he dicho que la realización de una película como "Mar adentro" en un director como Alejandro Amenábar era como cuando Spielberg quiso ponerse serio y le salió "El color púrpura", después lo intentó de nuevo con "El imperio del sol", siguió erre que erre con "Always", hasta que llegó "La lista de Shindler" o "Inteligencia Artificial" sin antes, volver a tropezar con la misma piedra en "Amistad". O dicho de otro modo, si a Alejandro Amenábar le dan quince goyas y un Oscar por "Mar adentro", ¿cuando el hombre madure qué le van a dar? Porque, ¿alguien cree de verdad que Alejandor Amenabar a hecho su gran película? Yo no lo creo, en absoluto, aún es muy joven, aún le queda recorrido para llegar a su particular "Vértigo" o a su personal "Apolipsey Now" por más que aquí lo adoremos como maná caído del cielo.
En realidad, esta adoración generalizada en torno al cine de Amenábar viene, creo yo, de lo escasamente atractivo que le resulta al gran público el cine español en general. Y no es que lo diga yo, es que lo dicen las cifras todos los años. Cada vez menos gente ve cine español, el Gobierno sigue inflando las subvenciones, pero el público no ve cine español. Supongo que fundamentalmente, porque le aburre.
Entonces aparece Amenábar, un joven director que ha bebido cine de Hollywood desde que tuvo conciencia de su propia existencia y traslada sus modelos a España, "Tesis", "Abre los ojos", "Los otros" y desde luego, "Mar adentro". Por eso también, Hollywood le dio un Oscar, porque la película sigue al dictado las estructuras, las formas y los esquemas de la Tierra de los Sueños. Su planteamiento, sus pasajes intimistas en combinación con las ensoñaciones de Ramón Sanpedro, sus movimientos de cámara, su música (del propio Amenábar), todo, esta extraído de los modelos hollywoodienses. Y nosotros mientras, faltaría más, lo laureamos como nuestro tesoro más preciado sin reparar en el hecho de que el cine de Amenabar se alimenta de Hollywood, y no de España. Pero eso da igual, da dinero, y eso es lo que nos importa.
Y es una pena, que "Mar adentro" se articule en torno a modelos de Hollywood, porque a la película le hubiera venido mucho mejor una planificación más naturalista, menos cinematográfica, para un film con un elenco de actores insuperable (con la excepción de una moderada Belen Rueda) que le aporta a la película un tono costumbrista verdaderamente asombrosos y que hubiera podido calar mucho más hondo si Amenábar hubiera mantenido las distancias, hubiera calmado su cámara, hubiera filmado con una planificación más realista, planos más abiertos, más inestables, menos cuidadoso todo y algo más intuitivo, aunque hubiera sido en apariencia.
De este modo, a mi modo de ver las cosas, "Mar adentro" es un film hábil, muy hábil, como todo el cine de Amenábar, pero facilón. Su lágrima fácil se impone ante una historia tremenda que además aboga por cuestiones muy peliagudas con demasiada ligereza. O dicho de otro modo, que a Amenábar, como a "Mar adentro" le falta complejidad, densidad, lecturas, excitación, y no todo lo contrario.