Algo así, creo yo, es lo que le ocurre a "Malditos bastardos". Una historia bien planteada, desarrollada y resuelta se ve inevitablemente lastrada por esos momentos tan del gusto del cine de Tarantino, en el que las escenas se alargan mucho más allá de lo aconsejable a base de diálogos virtuosos, interpretaciones soberbias, situaciones disparatadas o atmósferas asfixiantes. El arranque de "Malditos bastardos" es un ejemplo perfecto de esto. Un coronel nazi, interroga a un pobre granjero de la Francia ocupada. En la conversación, lo que al fin y al cabo se viene a decir es que el oficial nazi anda buscando a una familia judía que vivía por los alrededores y de los que no se sabe nada. Entre una cosa y otra, el coronel le termina diciendo que haga lo que quiera pero que si está ocultando a judíos en su casa lo mejor será que se lo diga si no quiere sufrir las consecuencias.
Pues bien..., lo cierto es que no tenía un cronómetro a mano pero la escena, fácil, fácil, puede llegar a los quince minutos, sino veinte, tranquilamente, y todo, sin que haya nada mal hecho en conjunto, al contrario. Magnífica planificación, extraordinaria interpretación de Crhistoph Waltz y un suspense que se va incrementando cada minuto que pasa. ¿Problemas? que cuando un se percata el tiempo que le ha dedicado Tarantino a semejante planteamiento resulta imposible no preguntarse por qué no lo habrá hecho de una forma más directa, más concreta. Habrá quien asegure que en ese tempo reside buena parte del alma de Tarantino, pero una cosa es el tempo y otra la más absoluta de las detenciones. Durante minutos enteros la narración no avanza, es verdad que uno se puede regodear con los múltiples matices que Waltz imprime en su personaje, pero no deja de resulta demasiado paralítico todo, como para no terminar resintiendo al espectador.
Este mismo ejemplo, se puede aplicar a otras -memorables- escenas, como el encuentro con una espía en una taberna que termina con un formidable tiroteo, pero resulta inevitable que escena tras escena, pese a la virtud de Tarantino con su pluma y su cámara, al final uno termine por preguntarse por qué tanto tiempo para tantos matices que en el fondo sólo son eso, matices, nada particularmente esclarecedor ni para la trama ni para el drama.
Quizá por esto, cuando "Malditos Bastardos" se anima del todo es en su tercio final. Cuando se nota que a Tarantino le entran las prisas (como saben, el director recortó la película una vez se hubo estrenado en Cannes) y las cosas son más directas, más concretas. Lo bueno de esto, es que esa concreción dramática y formal no afecta en absoluta al conjunto, razón por la que sospecho, todo se podría haber reducido un poco más, sobre todo, en su primera mitad.
A mi, que no me gustó nada en absoluto "Kill Bill" (hasta el extremo, de que no he visto ni pienso ver, de momento, "Kill Bill 2") ni muchísimo menos "Death Proof" tengo que admitir que "Malditos bastardos" me ha resultado un entretenimiento bastante digno. Por qué, y esto es importante recordarlo, el cine de Quentin Tarantino, más allá de sus referencias culturales a la subcultura de movimientos pasados que el director actualiza para venderlas como vanguardia, su cine es mero y puro entretenimiento, tanto como una película de Indiana Jones. Y uno, con "Malditos bastardos" puede pasar un buen rato. Brad Pitt está casi grotesco de lo caricaturesco que resulta, hay momentos desternillantes y la acción, aunque siempre muy contenida, resulta brutal en cada momento. De modo que nada que objetas, excepto sus veinte o treinta minutos que sin duda, le sobran...