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martes, 31 de marzo de 2009

Una (sufrida) década de cine "matrixta"


Resulta que ayer me entero que este 31 de marzo, "Matrix" cumplía diez años. ¡Agárrense a los machos! ¡Vaya una década que ha sembrado la peliculita de los hermanos Wachowski! Dos cineastas que, dicho sea de paso, no han hecho más que desinflar su propio globo de autores posmodernos película tras película (y no he visto aún "Speed Racer" que ha recibido críticas de todo tipo). "Matrix Reloaded" y "Matrix Revolutions" ya saben ustedes a que altura dejaron el invento de los Wachowski, aunque yo siempre he defendido que, en concreto, "Matrix Reloaded" era en evidencia, lo que para algunos "Matrix" sólo era en apariencia, una simple película de acción. Vistosa y delirante si, pero una simple y llana película de acción. A ver señores, que detrás estaba Joel Silver y todo lo que sale de la cabeza de ese hombre hay que cogerlo con pinzas. Una cosa es "Jungla de cristal", y otra bien distinta hacer de "Matrix" la Biblia del posmodernismo.
Que "Matrix" supuso un punto y aparte en la creación de efectos especiales está claro, pero y qué. Porque lo verdaderamente preocupante no fue eso, sino que de pronto todo el mundo se puso a imitar su estética de hombres de negro enfundados en cuero (el ramalazo sado está allí) y esa dinámica del cuerpo suspendido en el aire moviéndose a cámara lenta mientras la cámara daba vueltas alrededor como un tiovivo. Puro delirio. De hecho, si uno se fija, cuando arranca la película y vemos a Trinity hacer la primera pirueta, luego se nos explica que ese manipulación del espacio-tiempo es posible porque ocurre en un universo artificial, Matrix, y si uno es capaz de dominarlo entonces puede adaptarlo a sus necesidades. Estupendo. Como excusa es hilarante, pero a efectos de ciencia ficción, magnífico. El problema viene cuando los Wachowski centran su desmedida atención sobre los casquillos que caen al suelo lentamente, sobre esa bola de fuego que barre el hall de un edificio, sobre esa pistola que escupe balas... Caballeros, eso ya no es manipular el espacio-tiempo, eso ya es cachondeo, regusto por la estética de la violencia, virtuosismo visual, pero absolutamente vacío, hueco, y plano. Una completa chufa que en mi humilde opinión, sedujo a millones de personas, algunas ciertamente ilustres que creo yo, se dejaron llevar por una factura técnica impecable que parecía, sólo parecía, darles pie a reflexiones más hondas.
Como digo, a mi la que me gusta es "Matrix Reloaded". Fundamentalmente por dos momentos, la disparatada pelea de Neo contra miles de agentes Smith y por la no menos hilarante persecución de la autopista. Cine espectáculo excesivo y orgulloso de serlo, falsamente profundo, plastificado y formalmente impecable. En el caso de "Reloaded", tan divertido a ratos como aburrido. Desigual pero al menos, con momentos de completa y absoluta evasión por la evasión.
Otra cosa bien distinta fue sin duda, "Matrix Revolutions". Ya el inventó, que se había agotado antes de nacer, no puede ser exprimido más y sus juegos estéticos no consiguen ni si quiera levantar los ánimos de un disparate sin el escaso sentido de por lo menos, las dos primeras entregas. Pero el caso es que miren ustedes lo que ha conseguido "Matrix", que estemos aquí hablando de la película porque se han cumplido diez años de su estreno. Particular gallina de los huevos de oro de Silver, Wachowski, pero también de un chino experto en kung-fu llamado Woo-ping Yuen, que tras años de estar coordinando peleas de personajes como Jackie Chan y demás émulos del mismo, pasó a convertirse en el experto en artes marciales más solicitado y lo que es más sorprendente, prestigioso del cine, siendo reclamado para poner a cada uno en su sitio mientras peleaban por el aire en películas como "Tigre y Dragón", "Zu Warriors", "Kill Bill", "Danny the Dog" o "El reino perdido", casualmente todas, películas bastante malas.
Por si fuera poco, lo que han hecho los Wachowski después, salvo insisto "Speed Racer", que no la he visto, tampoco ha hecho por dignificar demasiado su legado. Se pasaron seis años reescribiendo y dándole la vuelta a lo mismo con "Animatrix", videojuegos y demás historias vinculadas, relacionadas o herederas del universo "Matrix" y sólo en 2005 alimentaron una propuesta interesante con "V de Vendetta", que probablemente, habiendo visto las facultades de los Wachowski debió de ser fruto más de la materia prima del cómic de Alan Moore, que de las ocurrencias de los Wachowski. En fin, que han pasado ya diez años, veamos si aguantan otros diez. Esperemos que no...

martes, 24 de marzo de 2009

Los 80

Lo hemos apuntado en alguna que otra ocasión, los 80 están de moda. ¿Quien lo iba a decir? Se rumorea por Hollywood que ya están en marcha los remakes, remasterización y/o secuelas más o menos imposibles de películas y/o series de televisión como "El equipo A", "El coche fantástico", "Robocop", "Regreso al futuro", "Sperdetective en Hollywood" se suspendió el rodaje pero van en serio de modo que no me extrañaría que lo retomara otro director en vez del cancelado Brett Ratner, "Desafío total", "Pesadilla en Elm Street", "El muñeco diabólico", "Depredador", "Tras el corazón verde", "Cazafantasmas" (parece confirmado que "Cazafantasmas III" empezará a rodarse a finales de año y Bill Murray no descarta intervenir), "Karate Kid", "La historia interminable", "Tron" o "Mad Max" y todo sin mencionar las ya estrenadas "Rocky Balboa", "John Rambo", "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" y la inminente "Terminator. Salvation".
Ahora bien, ¿qué tuvo aquella década? Bueno, de entrada fue la década de la era Spielber-Lucas, cuando tanto uno como el otro estaban en todo lo suyo, explotando sus afinidades y posibilidades más comerciales pero también, más dignificantes para con el cine de aventuras. De los 80 son la mejor entrega de la saga galáctica de Lucas, "El imperio contraataca" como la secuela más divertida con uno de los finales más trepidantes del cine de aventuras moderno, "El retorno del Jedi". También en los 80 nació y a efectos prácticos, visto lo visto, también murió Indiana Jones. Fue también en los 80 cuando directores hoy añoradas por los fans del fantástico como Joe Dante o John Landis disfrutaron de sus mejores épocas con películas del primero como la mítica "Gremlins", "Exploradores", "El chip prodigioso" o "No matarás al vecino" y apuestas del segundo como "Granujas a todo ritmo", "Un hombre lobo americano en Londres", "Espías como nosotros", "Los tres amigos" o "El príncipe de Zamunda".
Más en el caso de Dante que en el de Landis, todo esto en realidad se reducía a un nombre, Steven Spielberg, el verdadero y auténtico dueño de la década. Además de su legendaria "E.T" y los episodios de Indiana Jones, el nombre de Spielberg estuvo detrás de la práctica totalidad de la filmografía de Dante en su buena época y de largometrajes tan apreciados por los melancólicos de los 80 como "En los límites de la realidad" (con Dante, Landis el propio Spielberg y George Miller, tela...), "Los Goonies" (en la imagen sus protagonistas con unos añitos encima), "El secreto de la pirámide" (¡¡escrita por el director de "Solo en casa" y dirigida por el director de "Rain Man"!!, eso es hace encaje de bollilos y que además te salga la jugada redonda), "Poltergeist", "Regreso al futuro", "Fievel" o "Quien engañó a Roger Rabbit". Sin desperdicio, la verdad. George Lucas también supo mantener el tipo antes de empezar a hacer tonterias con sus dos principales creaciones (aunque ya se le empazaba a ver el prlumero con la serie "Droids" los capítulos de televisión aqui estrenados en cine bajo el título de "El planeta de los Ewoks" -simpática- y "La batalla del planeta de los Ewoks" -espantosa-) y nos regaló producciones tan simpáticas como "Dentro del laberinto" (también fue la Edad Dorada de Jim Henson y sus Fraggles -hoy una película en ciernes, si, si, como lo leen-, "Cristal oscuro"...), "Howard. Un nuevo héroe" o "Willow".
Pero los 80 también fue la década de Joel Silver, productor de megaproducciones ultraviolentas para la época que pese a todo, llegó a manufacturar algunos clásicos de la época. En ocasiones se trataban de películas muy criticadas pero que conseguían reunir a una verdadera legión de fans ávidos de emociones fuertes. ¿Quien lo iba a decir", al final ha resultado que es ese cine de acción el que echamos de menos hoy en un contexto adulterado por ocurrencias tipo "Matrix" que, paradojas de ésta nuestra existencia, han venido impulsadas por el propio Silver. Pero el caso es que por aquellos años, Joel Silver puso en circulación largometrajes tan apreciables como "Límite 48 horas" de Walter Hill, "Commando" que será todo lo mala que quiera (el propio Silver se arrepiente de haberla hecho pero que yo, qué quieren que les diga, es la típica película que me trago sin darme cuenta y me hace mucha gracia), "Arma letal", "Depredador" o "La jungla de cristal".
Otra paradoja es que aunque ahora se quiera resucitar algunos de los éxitos del cine de terror de aquellos años, salvo contadas excepciones, el horror de los 80 resultó ser bastante mediocre. Si quitamos a un John Carpenter en estado de gracia con películas como "La niebla" (ya indecentemente versionada en un film terriblemente malo), "Rescate en Nueva York", "La cosa" (también hay rumores para remakearla), "Golpe en la pequeña China" (película a reivindicar donde las haya), "El príncipe de las tinieblas" y la desigual pero entretenida "Está vivos" (también hay quien quiere volver a rodar esta película), felices casualidades como "Pesadilla en Elm Street" (yo creo que Wes Craven todavía no se cree que le saliera tan bien el asunto) e inesperados éxitos más o menos simpáticos como "Muñeco diabólico" e incluso "Noche de miedo" ambas de Tod Holland, el panorama del cine de horror era bastante lamentable. Era la época de las mil y una secuelas de "Halloween", "Viernes 13" y "Pesadilla" y salvo los films citados, poco más había donde rascar.
No obstante, y más allá del cine comercial de éxito arrollador, los 80 también ofrecieron algunas joyas aún hoy desconcertantes. Fueron los años en los que David Lynch eclosionó con propuestas como "El hombre elefante", "Dune" y "Terciopelo azul". También fue la década de presentación en sociedad de David Cronenberg, con películas como "Scanners", "Videodrome", "La zona muerta", "La mosca" (aun hoy, el mayor éxito de Cronenberg) o "Inseparables". Autores alejados de los blockbuster y que probablemente hoy nadie se plantee recuperarlos, pero sin duda una gota de cordura intelectual para una década bañada en ligerezas, muy divertidas si, pero ligerezas al fin y al cabo.
Pero los 80 también fueron unos años prolíficos, quizá los últimos de alguna de las glorias que resucitaron el cine de Hollywood en los 70. Martin Scorsese filmó "Toro salvaje", "El color del dinero", "La última tentación de cristo" y en el límite, en 1990 quizá su última obra maestra, "Uno de los nuestros", Coppola todavía daba la talla con películas como "Corazonada", "Rebeldes", "Cotton Club", "Jardines de piedra" o "Tucker. Un hombre y su sueño". De Palma, aunque sigue manteniendo el tipo, se pasaría al lado de los grande estudios y rodaría algunos clásicos indiscutibles de los 80 como "Los intocables de Elliot Ness" e incluso "Corazones de guerra" y yo, hasta rescataría la infravalorada "La hoguera de las vanidades" aunque se estrenó en 1990. Pero además, De Palma, ya inmerso por completo en su obsesivo mundo hitchcockiano nos regaló algunas de sus apuestas más interesantes como "Vestida para matar", "Impacto" o "El precio del poder". Fueron también los años en los que nacería en cine de superhéroes como blockbuster una vez asumido el prólogo que supuso "Superman" de Donner. El "Batman" de Tim Burton estipularía los parámetros que definirían el, pese a todo, pobre paisaje del cine y superhéroes hasta la catástrofe fílmica que supuso la impresentable "Batman y Robin" allá por 1997 (el género de los superhéroes no recuperaría el aliento hasta "X-Men" en el año 2000).
También fueron los años de máxima expresión de otros cineastas hoy, en horas bajas, como Oliver Stone ("Platton", "Wall Street", "Nacido el 4 de julio"...), Paul Verhoeven ("Robocop" y "Desafio total") o Richard Donner ("Lady Halcón", "Arma letal", "Los Goonies"), fue también la década de aquel Tom Hanks que nos hacía reír ("Splash", "Despedida de soltero", "Esta casa es una ruina", "Dos sabuesos despistados" -¡qué clásico!-, "Socios y sabuesos" y no podía faltar claro, "Big" ) lejos del oscarizado y hoy dramático protagonista de "Salvar al soldado Ryan". Fue también la época de Chevy Chase, Dan Aykroid, James Belushi, en fin... Una época sin duda irrepetible.
Si, ya se que me he dejado un montón de cosas (Almodóvar, Trueba, Berlanga en plena madurez, Garci, el testamento de los clásicos Huston, Preminger, "La chaqueta metálica" -bueno, en realidad fue la década de Vietnam en Hollywood-, "Conan"..., pero en algún punto había que parar). ¿Algo malo de los 80 a parte de su discutible remesa de cine de terror? Bueno quizá que James Bond muchos lo daban por muerto, enterrado y de complicada resurrección con la decadencia de uno de los 007 más discutidos, Roger Moore.
Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor... Seamos francos por una vez, detengámonos a contemplar una cosa y otra... ¿Creen que ahora se hace mejor cine? o incluso, ¿creen que ahora se hace cine más divertido? Al fin y al cabo fue una década con una memorable producción de simple y mera evasión que no obstante, permitió dejarle un pequeño hueco a determinados productos mucho más densos como las obras de Lynch, Croneneberg o MacNaughton. Si, es verdad, no estaban Aronofsy, ni Kevin Smith, ni Christopher Nolan, ni Shyamalan, ni muchos otros, es verdad, pero yo...., ¿qué quieren que les diga?

lunes, 23 de marzo de 2009

Kenneth Branagh


El otro día, sin venir demasiado a cuento, salvo porque me apetecía, volví a ver "Enrique V" (en la imagen), como es sabido, aplaudida ópera prima de Kenneth Branagh con la que el cineasta norirlandés fue nominado al Oscar al mejor director y actor, cosas fina... Ya me había olvidado de lo bien hecha que está "Enrique V", la sencillez con la que Branagh llevó a escena una de las obras más complicadas de William Shakespeare, de como Branagh sabe dirigir a los actores como nadie y lo afinado que puede ser con su puesta en escena, fundamentalmente y visto lo visto, cuando tiene los medios limitados. Tal ve "Enrique V" no sea una obra maestra, pero desde luego es una formidable películas con algunos momentos ciertamente gloriosos, entre otras cosas, gracias a la arrebatadora banda sonora de Patrick Doyle.
"Enrique V" se llevó un buen puñado de premios, provocó un auténtico revuelo en Hollywood, tanto, que Sidney Pollack le propuso a Branagh dar el salto al cine de género con un thriller de misterio de ribetes hitchcockianos, "Morir todavía". Esta es también una película simpática, desde luego, dista mucho de los logros de su ópera primera y aunque ya deja entrever cuales van a ser los mayores defectos de Branagh (sus excesos de puesta en escena), el film funciona sin demasiadas complicaciones, se deja ver con fluidez y si uno quiere y todo, es posible que hasta resulte una película intrigante. Su punto lo tiene desde luego.
Al año siguiente, en 1992, Branagh decide con buen juicio mantenerse a cierta distancia de Hollywood y sigue adelante con sus personales aproximaciones al universo shakespeariano y al mundo del teatro. Tanto "Mucho ruido y pocas nueces" como "Los amigos de Peter" (donde por cierto, interviene un por entonces desconocido Hugh Laurie antes de quedarse cojo y estudiar medicina) fueron películas baratas, que funcionaban bien en taquilla, simpáticas, con buenas interpretaciones, buenas bandas sonoras y un pedirgí de cine de autor accesible y alejado de las sesudedes. A a gente le caía bien Kenneth Branagh.
Entonces, ¿qué pasó con "Frankenstein de Mary Shelley"? Hoy, sabiendo lo que se de Hollywood, no me extrañaría que Kenneth Branagh hubiera sido víctima de una campaña de difamación y de acoso y derribo porque no se entiende que una película, con un potencial comercial más que evidente, mejor película que el desigual "Drácula" de Coppola, con una estrella como Robert DeNiro interpretando a un personaje tan legendario como la criatura de Frankenstein, fuera desollada por la crítica como lo fue un su día. Kenneth Branagh fue blanco desmedido y excesivo de los dardos envenados de los críticos de medio mundo. Algo raro había en todo esto. Como digo, sabiendo lo que se hoy, me resulta muy extraño que un film del potencial de "Frankenstein" se estrellará contra la taquilla como lo hizo recaudando ya de entrada, en su primer fin de semana, sólo 11 millones de dólares, lo que me huele a algún tipo de abandono por parte de la Columbia a la hora de promocionar el film, no se, hay algo raro.
Pateado y humillado, Kenneth Branagh se resguardó del chaparrón de ataques indiscriminados en un film pequeño y personal, casi extraño, muy suyo, "En lo más crudo del crudo invierno". La película era una apuesta personal, alejada de Hollywood, de los fines de semanas de entreno, de las recaudaciones, era sin duda, un largometraje pensado para sanearse un poco de todo el terremoto generado por "Frankenstein". El problema que es "En lo más crudo del crudo invierno" fue una película tan pequeña que casi pasó sin que nadie se percatara por lo que no vino a sanear nada en particular en referencia a la imagen que el público tenía de Branagh y su siguiente y desmedida apuesta no haría por enmendar el asunto: "Hamlet".
Con una desproporcionada duración de 240 minutos Branagh volvió a pecar de una de las cosas más criticadas de "Frankenstein" sus ansias de hacer el más grande todavía y su ombliguismo al tenerse el mismo en pantalla el mayor tiempo posible. Una crítica que leí en su día decía que 240 minutos daban para mucho, desde luego, para bueno y malo, desde luego, pero en conjunto la película hacía aguas por todos lados. A mi personalmente, que siempre defendí "Frankenstein", este "Hamlet" (yo vi la versión en cines de dos horas y la de cuatro ya en vídeo) me pareció horrible, mal montado, simplón, aburrido y tan, tan, tan, grande que se sale de los márgenes. Imperdonable.
A partir de entonces Kenneth Branagh se tomó cuatro años de descanso. Gracias a Dios. De seguir por este camino no se donde habría terminado. Durante ese tiempo Branagh intervino en algunas películas que sólo demostraron que el actor y director inglés por un lado, estaba gafado ("Wild, "Wild, West") y por otro, no caía bien ("Celebrity" de Woody Allen). Por suerte, en el año 2000 Kenneth Branagh regresó con lo que mejor sabía hacer, un Shakespeare ligero, con una puesta en escena heredera del teatro: "Trabajos de amor perdidos". Una especie de "Mucho ruido y pocas nueces" del siglo XXI. Branagh ya caía gordo entonces, pero el film está fenomenal y tiene algunas interpretaciones (Nathan Lane está que se sale) soberbias.
Tengo que admitir que desde entonces le he perdido un poco la pista a Branagh, tengo muchísimas ganas de ver "Cómo gustéis" (otro Shakespeare con Bryce Dallas Howard), "La huella" (remake del film de Jospeh L. Mankiewicz también bastante ignorado lo cual me extraña tratándose de un excelente director de actores como es Branagh) y "La flauta mágica" (por lo que he podido ver, insólita, vistosa y valiente adaptación de la popular obra de Mozart).
Ahora parece que prepara "Thor", que Branagh puede con la adaptación de un superhéroe es algo que no me cabe la menor duda, lo que resulta extraño es su discurrir como director de cine, aplaudido, vapuleado, ignorado y ahora confiado para un “Blockbuster”, Branagh parecer ser el perfecto ejemplo de lo peligroso que puede resultar en Hollywood que se te note que quieres destacar y que te gusta ser el protagonista. Una pena porque Kenneth Branagh, a mi no me cabe la menor duda, es un hombre con muchas cosas, y buenas, todavía por decir.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Series


Anoche quería ver "House". Yo no soy muy de series la verdad, no hay ninguna, con la sana excepción de "Los Simpson", que siga religiosamente, pero mi novia si. Ella ve, y hasta cierto punto, me hace ver a mi "CSI: Los Angeles", "CSI: Miami" ("CSI: Nueva York" no le gusta, aunque nunca he llegado a comprender por qué), "House", "Cuestión de sexo" y "Mujeres desesperadas". Con "House" coincidimos aunque yo casi siempre prefiero ver una película. Pero el caso es que ayer nos pusimos a ver "House". La serie arranca, allá por las diez y pico, y tras el habitual prólogo, llega la publicidad. Exasperante, aburrida, eterna. Apunto estuve de acostarme. De modo que, primer problema; la publicidad. Estamos alcanzando cotas impensables. No importa que hagan cortes de 30 segundos o de unos minutos, porque el siguiente será de cinco minutos, y en cinco minutos a uno le da tiempo de hacer casi de todo. Uno pierde el hilo, el interés, la gracia y cuando se percata de que está como un zombi, pero como un zombi de verdad, de los de Romero, mirando a la televisión sin ver lo que está mirando es el momento de decir, ¡basta ya!. A veces esto provoca o poner directamente un DVD, o enchufarse a la Playstations (porque a las once no vas a poner una película) o coger el libro de marras emulando esa grandiosa frase de Groucho Marx, la televisión es muy educativa, cuando alguien la enciende yo me voy a leer un buen libro.
Yo imagino que algún día, esta escalada desenfrenada por la publicidad explotará por algún sitio. De momento no hay señales de que esto vaya a ocurrir, pero por propia naturaleza de las cosas, un día, el asunto cambiará. Debe cambiar.
Segunda cuestión, las propias series. ¡Sólo hay series! Hay días que si uno quiere ver una película es imposibles. Las parrillas están cargadas de series hasta los dientes y no sólo eso, sino que cada día aparecen series nuevas. Hace unos meses hablábamos por aquí precisamente de aquellos ciclos que regularmente ponía TVE sobre Alfred Hitchcock, Paul Newman o Cary Grant, ¿qué ha pasado con eso? La televisión parece que ha olvidado que pese a las facilidades de colocar un DVD y ver una película cómodamente, existe cierta magia en eso de que una cadena te programe una magnífica película sin que tu tuvieras prevista verla y entonces, la ves. Eso tenía algo singular, era algo entrañable, algo que por cierto, ya no existe.
Como digo, las series se reproducen como esporas y aparecen como champiñones tras un día de lluvia. "El águila roja" por ejemplo, dice la publicidad que es la serie más vista, de hecho los índices de audiencia, por lo menos los del primer día, así lo constataban. Y yo eso, francamente, tengo que admitir que no lo entiendo. ¡Pero si es horrible! Horrible y aburrida y además cutre, un quiero y no puedo disimulado por un -aparentemente- aparatoso diseño de producción, un tipo encapuchado dando saltos, mal filmado y peor montado y un guión con más extremidades que un cefalópodo mutante.
El otro día, "Hay alguien ahí". Otra serie a la que me acerco con curiosidad. La cosa está hecha con dinero, eso se ve y se agradece. Pero vamos a ver una cosa..., sus apreciados y estimados responsables, ¿no se han percatado de que hacer una serie sobre un tema tan manido como una casa encantada es una empresa complicadísima?, ¿no sabes que el tema niño fantasma a estas alturas es casi una parodia de un tópico a menos que se trate de una forma radicalmente original?, ¿que no se puede empezar con unos efectos digitales un poco toscos porque eso ya genera rechazo en aquellos que esperan un terror más psicológico que es a lo que parece, aspira esta serie? ¿que si empezamos, como nos gusta tanto a los españoles, a divagar con los aburridos problemas personales de los personajes el asunto pierde interés de golpe? ¡Caray! ¡Hagan una serie con personajes planos, que no pasa nada! A ver si así le cogemos el punto a conceptos tan fundamentales como la atmósfera, el suspense y la originalidad de los planteamientos y cuando eso lo tengamos currado, entonces entramos a definir personajes.
A mi esto de definir los personajes es algo que siempre me ha irritado bastante sobre todo cuando ocurre en un film de acción o de terror y se hace para cumplir el expediente, es decir, cuando los personajes no interesan de verdad, pero se incluyen ciertas escenas para dar a entender que existe cierta preocupación por dotarlos de humanidad. Yo en estos casos recuerdo que bien definía Alfred Hitchcock a sus personajes en películas como "Psicosis", "El hombre que sabía demasiado" 0 "Con la muerte en los talones". En aquellas películas no había prácticamente parones para decir, bien señores, ahora, vamos a definir al personaje, no, el personaje se iba definiendo así mismo de forma paralela a la acción. Esa es la clave, creo yo.

viernes, 13 de marzo de 2009

Las (lamentables) cifras del cine español


Todos los años igual. Salen las cifras del cine español de todo el año y la gente se echa las manos a la cabeza, una vez más y yo, gritándole a un muro, siempre lo mismo. El estado de salud es paupérrimo porque en este santo país no hacemos cine para generar dinero y estimular un mercado, sino para darse el gusto ello como "artistas". El problema, uno de tantos, del cine español es que aquí todo el que sale de una escuela de cine se cree Orson Welles y sale a la calle dispuesto a filmar su particular obra maestra. A veces salen buenas películas y buenos directores (Julio Medem) pero no nos engañemos, la cantidad de directores españoles que filman su primera película es muy alta y la cantidad de directores españoles que después de su primera película siguen rodando es bastante reducida.
Pero el asunto este año es si cabe más sangrante si vemos las cinco películas "españolas" que ocupan los primeros puestos de recaudación. "Los crímenes de Oxford", película rodada en Inglaterra con Elijah Wood y John Hurt como protagonistas (pueden apreciar en la imagen los inconfundibles rasgos castizos de Wood y Hurt), "Mortadelo y Filemón 2. Misión, salvar la Tierra", nada que objetar, "Vicky Cristina Barcelona", de Woody Allen, "Che" de Steven Shoderberg y "Asterix en los Juegos Olímpicos", película francesa de cabo a rabo. Estarán conmigo en que el asunto de "cine español” está cogido por los pelos, pero si para los Goya "El caballero oscuro" es una película europea, lo raro es que no figure como cine español "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" porque el tío, del sobrino, del amigo, del padre del cuñado del joven que le lleva los bocadillos a Spielberg y a Lucas es español...
Caballeros, siempre digo lo mismo. Hay que generar industria, mover el dinero, crear ganancias para que de ese modo, podamos hacer cine para ganar dinero y cine para satisfacción personal de los autores. ¡Francia ya lo hace! Aquí en España el único hombre que parece pensar en el cine como una industria con posibilidades artísticas es desde luego, Julio Fernández, a quien jamás se le hubiera ocurrido meterse en el avispero en que se ha convertido "Manolete" producida por Andrés Vicente Gómez (por lo visto el director le debe dinero a demasiada gente). Amenábar ya lleva con "Agora" (por cierto, un film protagonizado por Rachel Weisz, la chica de "La momia" y secuela....) dos películas rodadas en inglés, ¡claro!, porque ahí está el mercado internacional, un sector que no podemos ni debemos darle la espalda porque hasta Hollywood, saca las tres cuartas partes de sus beneficios del cine fuera de Estados Unidos.
Pero no, aquí, en vez de hace autocrítica y reflexionar sobre el cine que hacemos y sobre por qué sólo Alex de la Iglesia, Amenábar o Almodóvar hacen taquilla, nos limitamos a exigir que el gobierno invierta más dinero en cine español, que las televisiones inviertan más dinero en cine español y que los cines mantengan durante más tiempo las películas españolas en cartel. Caballeros, yo no quiero que el cine español desaparezca, es un elemento de nuestra cultura fundamental, pero no quiero que más dinero público se vaya a la producción de no se qué película que va a estar una semana en cartel porque no le interesa a nadie. No porque el cine la retire antes de tiempo no, porque no le interesa a nadie.
De modo que señores, ¿qué pasa con la adaptación de "El capitán Trueno"? ¿Se la van a dar también a Agustín Díaz Yanes para que filme un tostón infumable como "Alatriste"? Y ¿qué pasa con Juan Carlos Fresnadillo, lo van a dejar que siga filmando en Inglaterra? ¿Luego dirán que "28 semanas después" es española? ¿Y Nacho Vigalondo? ¿Van a esperar también que su próxima película sea aclamada en Sundance antes de que alguien aquí se digne a distribuirla como ocurrió con "Los cronocrímenes"?
En fin..., si es que me pongo a hablar de estas cosas y pierdo los papeles...

miércoles, 18 de febrero de 2009

El cine: arte-esponja



Las pasadas Navidades mi novia tuvo la insensatez de regalarme una Palystation 3. Bueno..., en realidad fui yo el que la estuvo pidiendo durante meses. En realidad no quería exactamente una Playstation, me daba igual que fuera una X-BOX, pero tenía mucha curiosidad por meter la cabeza en el mundillo de los actuales videojuegos. Mis relaciones con los videojuegos se reducen a dos momentos de mi vida. Una en la que pasé una temporada enganchado a la Sega Master System II cuando rondaba los 10 años y otra ya, con unos 16 ó 17 años, en la que me pasé unas horillas delante del ordenador jugando al popular "Quake II". Pero ahora, más de diez años después de la última vez que jugué a un videojuego, habiendo oído y leído tanto sobre la influencia cada vez mayor del videojuego en el cine, tenía mucho interés por comprobar en realidad, por donde iban los tiros. Y bueno si, también, lo admito, me gusta jugar a los videojuegos, con reservas, pero me gusta, si.
Lo primero que me ha llamado la atención es que, visto lo visto, no se trata tanto de que las consolas estén infectando a las películas, es al contrario, las películas están afectando el diseño, las tramas y la acción en los videojuegos. El objetivo parece obvio, crear la ilusión de que el jugador controlar al héroe de una película. Para esto, se utilizan muchos de los recursos del cine. Por ejemplo, cuando un personaje llega a una gran ciudad (y me estoy refiriendo en concreto a un juego, el “Assassin´s Creed” –en la imagen-, al parecer el último grito en diseño y juegos de aventura), el juego se detiene unos segundos y filma en grúa el núcleo urbano o en los momentos acción en los que la cámara cambia su ubicación (por corte o a través de un movimiento) y la representa, al menos, desde dos puntos de vista.
Pero tal vez, lo más sorprendente sea el propio ritmo de algunos juegos. El personaje avanza por parajes alcanzando objetivos a través de los cuales, no siempre hay que hacer grandes cosas, solo atravesar largos caminos, en cuyo momento, suena una banda sonora que acompaña en tono épico al personaje que por cierto, va a caballo. Porque esa es otra, las Bandas Sonoras son cada vez más logradas hasta el punto de que existen videojuegos que han requerido del ingenio de reputados compositores como fue el caso de "Lair" cuya BSO la compuso John Debney. También se suele dar, y mucho, el caso contrario. Se considera que un curtido compositor de videojuegos es un excelente candidato para ponerle música a una película, y así sucedió con el caso de Michael Giacchino, autor de más de decenas de BSO de videojuegos, después responsable de las BSO de las series "Alias" y "Perdidos" y actualmente compositor de las BSO de "los increíbles", "Ratatouille", "Mission: Impossible III", "Speed Racer", el nuevo capítulo de "Star Trek" y la inminente "Up", la última ocurrencia de Pixar. Como digo, trasvases de cerebros, algo que también sucede entre guionistas, diseñadores, productores y no me extraña porque según parece, la industria del videojuego mueve más dinero que la del cine y la música juntas. Ahí es nada...
Y lo cierto es que no me extraña. El cine siempre ha sido un medio esponja. Nació absorbiendo los conocimientos del teatro (la escuela alemana de Max Reinhardt) y no tardó demasiado en percatarse de que en la pintura también había material del que nutrirse (la influencia de "La isla de los muertos" de Arnold Böklin en el diseño de "King Kong"). Ni que decir tiene la influencia que la literatura ha manifestado y sigue manifestando en el cine. La arquitectura también se dejó sentir y mucho en determinadas épocas del cinematógrafo (los diseños de "Intolerancia" de Griffith, la influencia cubista en "Satanás" de Edgar G. Ulmer), prácticamente nada ha escapado a la atenta mirada del cine, que nació y es un arte esponja.
Como suele suceder, las sacrosantas influencias del cine venidas del teatro, la pintura, la arquitectura o la literatura, suelen ser vistas con muy buenos ojos, algo que no ocurre cuando hablamos de la cada vez más visible influencia que los videojuegos o el cómic tienen en el cine. El problema deriva obviamente en que a día de hoy, la consideración cultural, tanto de cómic como la del videojuego no goza de un particular prestigio. El cómic parece que ha ganado cierto terreno en este sentido. Ya se habla de novelas gráficas en vez de tebeos y los expertos aseguran que hay matices de forma y contenido para calificar a un cómic de una forma en vez de otra. Pero el videojuego es todavía demasiado joven. Además, también es cierto que las películas que han tomado como inspiración directa los videojuegos tampoco han destacado como grandes películas precisamente.
En cualquier caso, pienso que no debemos reprobar aquellas influencias más recientes como un modo de infectar al cine, un medio que al fin y al cabo ha bebido de todo lo que le ha rodeado. Es cierto que no es lo mismo dejarse influenciar por un cuadro de Böcklin que por un juego de la Playsation, pero creo que esto es, de momento. El avance incesante de la industria del videojuego, su cada vez más cuidados argumentos, recreaciones y aspecto visual (y no me refiero sólo a la creación de gráficos de asombroso parecido con la realidad, sino a su planificación y a su intrínseca narrativa audiovisual) harán que más pronto que tarde, el videojuego empiece a ser considerado como una fuente de influencia más que digan (y no voy a hablar de considerarlo arte para no ofender a nadie).
De todos modos, de momento creo, que el cine le lleva la delantera al videojuego. Un videojuego es más realista, aplaudido y apasionante si tiene una estética cinematográfica, es decir, si genera la sensación de que estamos en una película. Y todavía voy más allá, no creo que los videojuegos sean los responsables de esos guiones construidos en torno a situaciones que se van complicando conforme pasa el metraje, asemejándose según algunos, a los distintos niveles que componen las pantallas de todo videojuego porque si no me equivoco (y no me estoy equivocando), fue Cecil B. De Mille quien dijo eso de una película debe comenzar con un terremoto y a partir de ahí, ir aumentando de intensidad.

viernes, 6 de febrero de 2009

En busca del Goya perdido

Como bien sabrán, hace unos días un avispado crítico de cine, según él, en paro, robó un premio Goya entre los abrigos de una discoteca madrileña en la fiesta post-gala. Se ha hablado bastante del asunto pero yo aún no me había pronunciado porque en el fondo, creo que sigo sin tener una postura clara sobre el asunto. No quiero decir con esto que apruebe que alguien robe, lo que sea, sea un Goya, un Oscar o una piruleta, lo que me llama la atención ha sido su reivindicación y la técnica empleada para ejecutarla.
Porque vamos a ver una cosa. Que el cine español ostenta unos niveles alarmantes de mediocridad, eso lo sabemos todos. No hacía falta robar un Goya y jugarse una denuncia. Que la gala de los Goya es un teatrillo de amiguetes en la que ellos se lo cocinan y ellos se lo comen, también los sabemos todos. No hacía falta robar un Goya. Que los premios van a las películas, en ocasiones, menos apropiadas, también lo sabemos todos. Que un tugurio infecto de humo, alcohol y seguramente drogas, no es el lugar más adecuado por un Goya, también lo sabemos todos. Pero de ahí, a robar un Goya, caballero, me parece que hay un trecho. El hecho de que el señor critico y ocasional mangante, devolviera el premio a un periódico como "El Mundo", le ha dado además al asunto, un tono político, ideológico. ¡Cómo somos los españoles!, a la primera de cambio, le ponemos colores a las cosas.
Ahora bien, deshagámonos de ese sambenito tan extendido y publicitado (y yo soy el primero) de que todo, TODO, el cine que se hace en España es basura. Hombre, tampoco es eso. Está claro que hay una elite que tiene su corrillo y que además controla el cotarro. Me cuentan desde Madrid amigos que están estudiando o que han estudiado cine, que allí las subvenciones están dadas, que siempre se las llevan los mismos y que como no podía ser de otro modo, también las subvenciones tienen un color político. ¿Qué como me parece todo esto? Fatal, pero robando un Goya no vamos a solucionar nada señor crítico. ¿Llamar la atención sobre la cuestión? Permítame que lo discuta. Como he dicho antes, es de dominio público la situación cultural y política del cine español. No nos lo recuerde más, porque en el fondo, hace daño y nosotros, los espectadores, e incluso los críticos de cine, esta visto que no podemos hacer nada. Por más que el público no vaya al cine a ver una película española, los artistas nacionales nos quieren imponer sus películas por Ley. Por más que la crítica ponga a caer de un burro determinadas producciones españolas, no pasa nada, porque estas se repiten como rosquillas.
En el cine español, como en todos sitios, hay cosas muy buenas, buenas, regulares, malas, espantosas y ofensivas. Es cierto que lo malo parece que tiene más publicidad, que los españoles, somos muy dados a criticar lo nuestro, pero seamos honestos, hay de todo. Y para decir todo esto, para en el fondo, admitir lo bueno y lo malo que hay en el cine español, no hacía falta robar un Goya...

jueves, 29 de enero de 2009

Libro Vs. Película


Leyendo un artículo en un diario de tirada nacional me ha venido a la cabeza uno de los temas más debatidos y discutidos entre los cinéfilos y los amantes de la literatura. ¿Cuantas veces hemos escuchado eso de qué es mejor, el libro o la película? Evidentemente, la cuestión en si acusa una peligrosa simpleza pero también es cierto, que no le falta parte de verdad. ¿Qué es mejor, un libro o una película? A veces está claro que el libro y otras, que la película. No obstante, habría que partir de una premisa fundamental; un libro es una cosa y una película otra muy distinta. Esto puede parecer una obviedad pero a la vista está que no lo es tanto cuando todavía hoy hay quien debate abierta y extensamente sobre este sesuda problemática.
El cine y la literatura se diferencian, fundamentalmente, en dos cuestiones; la forma y la extensión. La forma del cine es la imagen, la de los libros la escritura. La extensión de un film no debería (atención ¿eh?, debería) sobre pasar las dos horas de duración. La de un libro puede rondar tranquilamente las 600 o 700 páginas que no pasa nada. Un libro se lee en varios días. Una película se ve de un tirón. De este modo, los valores de un film no tienen casi nada que ver con los de un libro. Una prosa fluida y una cuidada presentación y evolución de sus personajes, no se puede, ni se debe comparar con los de un film, que deben desarrollar la misma idea en dos horas de metraje. ¿Es entonces un libro mejor que una película porque el libro dispone de más espacio para desarrollar ideas y personajes?
No. Aquí entramos en la cuestión de ser fiel a la letra o ser fiel al espíritu. Me explico. Una película como "Drácula de Bram Stoker" de Coppola, es un largometraje que nació con la pretensión de ser tdo lo fiel a la letra que se pudiera. De hecho, el film fracasa entre otras razones porque está demasiado obsesionado por aglutinar pasajes de la novela que insertados en dos horas de metraje pierden todo su sentido y se tornan confusos, incoherentes. Pero aún así, la intención estaba allí. Coppola estaba más preocupado por ser fiel a la letra que al espíritu. En esencia, la película respeta la estructura de novela, sin embargo, su espíritu es completamente diferente. Nadie en "Drácula de Bram Stoker" parecía preocupado en ser mínimamente fiel al espíritu de la obra de Stoker. Si en el original literario Drácula era un sanguinario vampiro que viaja a Londres en busca de más sangre porque esa es su forma de vida, su naturaleza, el Drácula de Coppola es un Don Juan de ultratumba que viaja a Londres en busca de su amada. Como digo, nada que ver.
Sin embargo, un film como "Drácula" de Terence Fisher, de escasa hora y media de duración y con significativos cambios en su estructura con respecto a la obra de Stoker (sólo un ejemplo, el film arranca, como en la novela como Jonathan Harker llegando al castillo de Drácula pero en la película de Fisher, Harker sabe que va a la morada de un vampiro y lo que es más, está aliado con Van Helsing para acabar con el reinado de terror de Drácula), resulta uno de los largometrajes más fieles al espíritu de la novela. En film de Fisher está la maldad anima y voraz del Drácula de Stoker, su sed de sangre, los ribetes eróticos y moralistas que empapan la novela, y lo que es más importante, en el film de Fisher las ideas originales de Londres victoriano son trasladadas, adaptadas a los temores de finales de los 50.
Luego, a mi modo de ver, hay otra cuestión de calado. Los valores de un libro y de una película. Como he dicho antes, un libro para ser un buen libro, además de una historia interesante, buenos personajes y una buena estructura, debe estar bien escrito, es decir, debe utilizar bien la prosa, el lenguaje escrito. Una película, para que sea una buena película, además de una historia interesante, buenos personajes y una buena estructura, debe estar bien filmada y montada, es decir, utilizar bien el lenguaje cinematográfico, la imagen. De este modo, un libro mediocre como "Psicosis" ó "Tiburón" se puede convertir en una, o en dos excelentes película. De igual forma un libro excelente, el mismo "Drácula", se puede convertir en un film mediocre como el de Coppola.
En suma, en ocasiones pienso que está discusión resulta ya un poco estéril. Hay quien todavía le gusta divagar sobre ella, a los propios cinéfilos, de vez en cuando nos sentimos tentados a sacar el tema porque garantiza un par de horas de apasionante y en ocasiones, hasta acalorada conversación. Pero lo cierto es que hablar de cine y literatura son dos cosas bien distintas, riquísimas cada una en su terreno, pero tan distintas que no vale la pena compararlas. Tal vez la literatura aglutine más complejidad y matices, porque le lleva al cine varios siglos de historia. Pensemos que el cine, tiene poquito más de cine años. Y eso, al lado de la literatura, es un arte en pañales. Tiempo al tiempo. Pero si empezamos a destacar las virtudes de la literatura ante las deficiencias del cine sólo vamos a terminar por acomplejar un arte al que aún le queda mucho camino, con recursos suficientes y un largo y apasionante camino por recorrer.

martes, 20 de enero de 2009

Cine presidencial


El cine -y por lo visto, nada- puede ser ajeno a lo que va a suceder hoy en Estados Unidos salvo que uno esté habitando en Marte. George W. Bush abandona tras ocho años la Casa Blanca y en su lugar toma el relevo Barack Obama. El cambio no puede ser más radical, pasamos de un republicano a un demócrata, de un blanco a un negro, de un hombre de 62 años, a otro de 46, de un pistolero forjado entre los estereotipos texanos, a un norteamericano nacido en Honolulu hijo de inmigrantes y raíces musulmanas, de un hombre que diferencia el mundo entre buenos y malos a otro que está dispuesto a sentarse a hablar con último Satanás de la factoría Bush, Mahmud Ahmadineyad.
Las televisiones, muy listas ellas, además de especiales informativo, conexiones en directos, reportajes especiales y demás parafernalia mediática, han dejado (y van a dejar) caer algunas perlas cinematográficas que vale la pena tener en cuenta. Por ejemplo, ayer lunes 19 de enero, Cuatro emitió un interesantísimo film, "Muerte de un presidente" de Gabriel Range (en la imagen). La película es un falso documental que especula sobre un magnicidio, el de George W. Bush. Yo aguanté estoicamente para verlo y poder comentarlo hoy, pero el asunto es que no se quien fue el listo que propuso en la cadena privada emitir un film tan jugosos un lunes a las 00:00 cuando al día siguiente, los que aún no hemos pasado a engrosar la cada vez más hinchada lista de paro, tenemos que madrugar, en fin..
El caso es que "Muerte de un presidente" se engloba en dos variantes distintas del cine norteamericano de la era Bush: por un lado, el resurgir del cine documental por obra y gracia del incendiario Michael Moore, que además propició algunos experimentos ciertamente curiosos como "CSA. Confederate State of America" de Kevin Willmott que especulaba sobre cómo sería Norteamérica si el sur hubiera ganado la guerra de secesión americana. Y por otro lado, la película de Range se suma a esa corriente de largometrajes destinados a alimentar la demonización de George W. Bush, una iniciativa capitaneada por el incendiario Michael Moore.
De hecho, dentro de esa corriente de demonización, la última propuesta ha sido sin duda "W", de Oliver Stone, como sabrán los que me conocen, uno de los largometrajes más esperados por un servidor. Pues bien y ATENCIÓN, resulta que de forma absolutamente insólita y dentro de la programación especial prevista por Televisión Española, La 2 de TVE estrenará está noche el film de Stone a las 22:00 horas de forma exclusiva. El asunto tiene su aquel, porque es la primera vez que ocurre algo así y en tan breve espacio de tiempo. "W" aún no se ha estrenado en salas españolas y visto lo visto, quizá no lo haga jamás. ¿Por qué? Fundamentalmente su pobre recaudación lo que de todos modos no explica como un film de Oliver Stoner y plagado de estrellas (Josh Brolin, Elizabeth Banks, James Cromwell, Richard Dreyfus, Scott Glenn, Thandie Newton u Noah Wyle entre otros) por escuálida que haya sido su respuesta comercial no ha llegado (y veremos si llega) a una sala de cine de España. La noticia es por lado buena, es como si mañana pasaran en abierto por TVE 1 "Gran Torino" de Clint Eastwood. Es mala, porque al fin y al cabo una película debería verse en una pantalla grande en una sala de cine de modo que tal vez, debamos esperar a que las filmotecas respondan y la programen en los próximos meses.
En cualquier caso, la llegada hoy de Barack Obama a la Casa Blanca va a redefinir también el pulso del cine en Hollywood. Si Ronadl Reagan creó a John Rambo y George W. Bush el miedo a todo lo ajeno a Estados Unidos ("Hostel" por ejemplo, es precisamente eso), Barack Obama sin duda, moldeará un Hollywood diametralmente distinto al parido por George Bush. ¿Cuál? Para eso, habrá que esperar.

jueves, 15 de enero de 2009

Un género a debate. El cine de acción.


Imagino que de igual forma que el cine de terror ya ha sido estudiado y analizado por algunos ilustres críticos e historiadores cinematográficos, algún día el cine de acción se quitará el sambenito de ser un género de desechos, de poco o ningún valor. Vaya por delante, no obstante, que no soy particularmente partidario de esa denominada teoría de los géneros, es decir, sí pienso que debe haber cierta distinción, pero de ahí, a hacer una tesis sobre el tema me parece que hay un abismo. Un género es un elemento maleable, tremendamente inestable y en continuo proceso de cambio. Establecer las fronteras de un género suele ser por lo general una tarea desagradecida, y que en la mayoría de los casos nos suele llevar a callejones sin salida o a encorsetamientos alejados de la realidad y en muchos casos estériles. Entiendo que no todo el mundo comparta esta opinión, pero mi experiencia me dice que éste es un tema en el que mejor no meterse demasiado. Entiendo que puede parecer un poco absurdo hablar de una cosa que no nos atrevemos a definir, pero créanme, mejor no meterse en camisa de once varas.


Dicho esto, a lo que íbamos; el cine de acción. Como digo, tal vez algún día alguien se plantee realizar un estudio serio y consecuente sobre el género. (Yo me lo planteo, pero tengo otras prioridades antes). Como el cine de aventuras, el cine de acción suele tener su propio entorno, su espacio vital y adecuado, el entorno urbano. No se descarta cine de acción en el campo, pero su medio natural, podríamos decir, es la ciudad. Entre otras razones, porque hay determinadas herramientas del género cuyo entorno es precisamente, el urbano, vehículos, edificios, multitudes... Pero además, el cine de acción suele tener también un componente humano enfangado en la lealtad, la amistad entre hombres, porque por más que se hayan filmado algunas incursiones femeninas en el género, la acción es intrínsecamente un género masculino, algo así como el western. Las mujeres no están descartadas pero por decirlo de algún modo, no están en su medio natural a no ser que sea interpretando a sufridas acompañantes del héroe o a seductoras villanas expertas en poner en aprietos al action-man de rigor.


Esta no es una cuestión sobre la que haya meditado mucho, de modo que todo lo aquí expuesto puede pecar de cierta imprecisión o de determinada inexactitud, pero así, a voz de pronto, yo diría que el cine de acción nació de la fusión de varios géneros. El western y el thriller fundamentalmente. El mismo Howad Hawks le dio una profunda importancia en su cine a la amistad entre hombres, a la lealtad. Ahí había una semilla, sospecho. Quizá, el denominado cine negro americano, fuera el primer embrión de lo que después se convertiría en lo que hoy conocemos como cine de acción. Ya estaban los primeros ingredientes, armas, coches, entornos urbanos, persecuciones y también, un profundo sentimiento de lo que significaba la amistad y la lealtad entre hombres.


El cine de acción, tal y como los conocemos hoy, pienso que quizá comenzó a tomar a formar a raíz de directores venidos de, digamos, un clasicismo tardío como John Sturges, Don Siegel o Franklin J. Schaffner, es decir, cineastas forjados entre los clásicos pero forzados a renovarse o morir ante las nuevas tendencias cinematográficas. De hecho, quizá podríamos decir que el cine de acción empezó a tomar verdadera forma con la llegada de la denominada generación de la televisión. Películas como "French Connection" de William Friedkin o incluso "French Connection II" de John Frankenheimer, fueron películas y directores que esculpirían al género hasta acercarse con bastante precisión a lo que hoy conocemos como cine de acción.


El cine de acción comenzó a tener a sus adeptos, podríamos decir tal vez, que en la década de los 70 el género, ya tomó forma. Y esto es así, porque fue precisamente a partir de este momento cuando comenzaron a surgir los primeros iconos del género con Charles Bronson y Clint Eastwood a la cabeza. Pero como todo en los 80, la llegada de Spielberg y Lucas lo redefinió todo. La idea era simple y atractiva, reinterpretar el cine clásico aunque de un modo más, digamos, moderno, actual para los 80. En este sentido, y en concreto Steven Spielberg, hizo mucho por darle forma a eso que llamamos cine de acción. El nacimiento del blockbuster y las nuevas técnicas le dieron al género nuevas metas que no obstante, no tomaría forma hasta los 90. Porque los 80, pese a la presencia de Spielberg y Lucas, el cine de acción propiamente dicho, seguía estando dominado por leyendas de los 70, Eastwood, Bronson y algún que otro desecho que nunca pasaría de allí como Chuck Norris que en todo caso, se hizo con un lugar a tener en cuenta en el género.


No obstante y de forma paralela a estas viejas glorias, otro nombre y otro estilo, se estaba forjando en Hollywood. Joel Silver se dio a conocer con "The Warrior" de Walter Hill, pero pronto salpicaría la década de los 80 de todo un estilo y una forma de entender la acción con películas como "Límite 48 horas", "Calles de fuego", "Commando", "Arma letal", "Depredador" o "La jungla de cristal" (en la imagen). De todas estas producciones, fundamentalmente dos directores se harían con las riendas del devenir del género en los primeros años de la década de los 90; John McTiernan y Richard Donner. Con el tiempo se demostraría que el verdadero padrino de la acción de finales del siglo XX sería McTiernan aunque mal que nos pese a algunos, Donner también tuvo su porción de influencia. El dominio de Silver sobrevivió a la década de los 90 aunque de milagro. Si, hay algunos títulos a retener, pero sobre todo secuelas de éxitos de los 80 y con la única excepción de "Matrix", todo lo demás en Silver no terminó de convencer como lo hizo en los 80. Otra generación había tomado el testigo. Jerry Bruckheimer.


La entrada de Bruckheimer en el universo del cine de acción era bastante lógica. El cine de acción deposita buena parte de sus particularidades en el montaje, en su ritmo (por cierto que fue mi buen amigo José Antonio Planes quien me sugirió que tal vez, el montaje analítico concebido por Sergi M. Eisenstein pudo sembrar el germen de ese montaje sincopado tan propio de la acción. Obviamente, la finalidad de ambos montajes son distintas, Eisenstein pretendía crear signos, símbolos, en el cien de acción es una cuestión de fragmentación de la realidad, de prestar atención a todos los detalles que conforman una escena, como una especie de danza. De modo que sí podría ser que la herramienta hubiera evolucionado, o se hubiera alterado, para incorporarse al cine de acción). Y esto sumado a su creciente popularidad entre el público, parece lógico que propiciara la entrada en escena de todos aquellos realizadores llegados del video-clip. Jerry Bruckheimer fue su principal impulsor. De la escuela Bruckheimer han salido numerosos nombres, pero el padrino de toda esta generación es sin duda Michael Bay, responsable de títulos como "Dos policías rebeldes I y II", "La roca" o "Armaggedon". Pero no sólo Bruckheimer apadrinó a toda una generación de nuevos directores sino que además, absorbió a viejos realizadores como los hermanos Tony y Ridley Scott. El imperio, ya estaba en pie. Y ahí sigue...


Con esta etapa, el género tras haber madurado con la llegada de Joel Silver, se banalizó hasta el extremo con la escuela Bruckheimer. ¿El resultado? De momento, un estado de stand bay. La escuela Bruckheimer se ha convertido ya, sin ningún género de dudas en un parque de atracciones con películas como "Piratas del Caribe" o "Transformer" (ésta con Spielberg como productor ejecutivo si, pero con poca o ninguna influencia creativa al contrario que su director, Michael Bay, recordemos, el pupilo aventajado de Bruckheimer). Además, la era Bruckheimer además de su ritmo sincopado que atropella sin piedad, su filosofía de la bofetada visual el sonido sourround y los efectos digitales, se caracteriza también por su capacidad de volatilizar la presencia de un autor detrás de la cámara. Poco importa que el director sea Bay, Dominic Sena, Gore Verbinski, John Turteltaub, Simon West, David McNally, Antoine Fuqua o incluso Mike Newell quien prepara estos días la nueva franquicia Bruckheimer, "El príncipe de Persia", porque todos los productos resultantes, matiz arriba, matiz abajo, van a tener un resultado muy similar.


De modo que así las cosas, el futuro pinta negro. Las viejas glorias de la escuela Silver no levantan cabeza y el que sin duda es su mayor y más honorable representante, John McTiernan tiene algún que otro problema con la justicia por lo que hasta nuevo aviso, está fuera de juego. ¿El futuro? Sin duda, sospecho, pasa por una nueva generación de cineastas, directores que se enfrenten al género sin desmerecer su natural afán populista pero sin conducirlo a los suburbios de la dignidad del cine.

Como digo, no hay en esta entrada rigor academicista ni nada de eso, son ideas sueltas a las que le he dado forma para la ocasión, Probablemente existan garrafales lagunas e importantes propuestas en la dirección equivocada, pero como me dijo mi buen amigo Marcelo L. Cambronero, el buen investigador no es aquel que ofrece la respuesta adecuada sino el que hace la pregunta correcta. Me conformaría y me sentiría sobradamente satisfecho con haber estimulado algunas cuestiones idóneas para canalizar esa cuestión de base que es la existencia de un género hasta la fecha, denostado a una vergonzosa segunda fila.

Y si has llegado hasta aquí, ya es todo un logro. Prometo que la siguiente entrada será significativamente más corta.

El montaje


Ayer me dijeron que es posible que unas semanas tenga que impartir unas clases sobre montaje cinematográfico. Lógicamente, la idea me entusiasma y desde el preciso instante en el que me comunicaron la propuesta, he empezado a darle vueltas a eso del montaje. A voz de pronto, parece que esta herramienta del arte de contar historias, por poco que nos paremos a pensarlo, supone como mínimo, el esqueleto de todo largometraje, la estructura interna que sostiene todo lo demás. Un buen montaje puede hacer que una interpretación mediocre resulte más que aceptable, que un decorado mediocre quede a la mil maravillas o que una planificación insostenible, cobre sentido y fuerza tras haber sido montada.
El problema que tiene el montaje creo yo, es que es un mecanismo que no se debe notar, o que al menos, debe pasar desapercibido. La primera vez que vimos la famosísima escena de la duche de "Psicosis" es posible que el montaje, el primer corte, nos impactara pero pronto, forma (montaje) y contenido (el asesinato en si) se aunaron en un mismo horizonte, provocar terror. Yo me imagino al productor de la película cuando leyó el guión de "Psicosis". Probablemente, llegado el momento de la ducha, aquella escena no fuera más que un asesinato más en una película de terror. Pero ¡ah!, ahí estaba Alfred Hitchcock para darle al momento su impronta personal (en la imagen el story board de la escena). Existe mucha mitología en torno a la autoría de esta escena. Hay quien asegura que la escena fue rodada e ideada por Saul Bass, que fue contratado por Hitchcock además de para diseñar los títulos de crédito de la película, como asesor visual (¿?). A un servidor, no le quedan demasiadas dudas al respecto, a mi parecer, la escena es hitchcockiana hasta la médula y más aún sabiendo la pasión y el respeto que el director británico tenía por el montaje.
Otra cuestión de la que me gustaría hablar al respecto es la idea de rodar con la mente puesta en el montaje. Es decir, rodar cada plano sabiendo qué imagen lo precederá y que plano lo sucederá. Recuerdo que Orson Welles dijo en cierta ocasión que le parecía impensable llegar a un set de rodaje a rodar una escena sin saber donde ibas a colocar la cámara. Terence Fisher en cambio, si que llegaba a un set sin saber exactamente donde la iba a colocar aunque lo decidía mientras veía a los actores ensayar en el decorado. Posturas ligeramente enfrentadas pero de ideario muy similar, uno no pude (o en principio, no debería) rodar al tun-tun. En cierta ocasión recuerdo que vi un making off de "Maverick", ya saben, esa simpática tontería de Richard Donner, antaño, magnífico director de "Superman" y "La profecía". Pues bien, en el making off se veía como Donner planificaba (es un decir) una escena, en concreto, una pelea. Mel Gibson, tenía que liarse a puñetazos contra seis o siete pistoleros. Donner, muy tranquilo él, afirmaba alegremente que él rodaba la escena como desde 14 ó 15 ángulos distintos para después, en la sala de montaje, darle forma al desaguisado. Keanu Reeves, en el rodaje de "Speed", recordaba orgulloso él, como en determinado momento, en el célebre autobús, se percató como lo estaban enfocando como siete y ocho cámaras en un espacio tan pequeño. Conociendo al director de "Speed", me imagino como Jan De Bont montaría aquello.
En fin. Estos son dos buenos ejemplos de lo que no se debería hacer. A uno le podrá gustar más o menos un cineasta como M. Night Shyamalan pero resulta evidente, que el director de "Señales" rueda sus películas con la cabeza puesta en el montaje. Todos los planos tienen un sentido, porque están bien arropados, por el que le precede y por el que le sucede. El montaje, he dicho antes, puede dignificar una planificación mediocre, cierto, pero parece indiscutible que hace falta un mínimo de materia prima con la que trabajar.
Bueno..., el tema sin duda daría para mucho, de momento, se me han pegado ala frente estas dos ideas, veamos que más produce mi maltrecha materia gris estos días...

domingo, 4 de enero de 2009

La tiranía del zoom


Como es bien sabido, el zoom es una herramienta relativamente moderna. Surgió de la televisión. En aquellos primeros pasos del medio televisivo, resultaba muy útil una combinación de lentes que parecían acercar la cámara a un presentador sin tener que mover esos tremendos armatostes que eran las primeras cámaras de televisión. Aunque el zoom se dejó notar muy rápido en el cine con distintas sensibilidades, no fue hasta la década de los 60 y 70 cuando su presencia en el cine empezó a resultar masiva. Hoy día, resulta relativamente fácil identificar el año de producción de una película en función del uso que se haga del zoom.

Terence Fisher solía decir que el zoom era un truco, por eso, viniendo de un director profundamente honesto como él, el director de "La maldición de Frankenstein" no era muy amigo de su uso. Fisher tenía razón, el zoom es un truco porque crea la ilusión de crear una distancia entre objeto y cámara que en realidad no existe. Gracias a un zoom, un objeto o un personaje puede aparecer en primer plano, dando la sensación de que la cámara está a escasos metros, cuando en realidad se encuentra a varias decenas. Cuando un zoom se acerca a un objeto, la sensación que provoca es la de acercar el fondo a la cámara y no al revés, que es lo que consigue un travelling, es decir, acercar la cámara a un objeto. El zoom además, cuando es empleado sin mesura, provoca enseguida la sensación de estar viendo un telefilme. Fue una herramienta inventada para la televisión, y su uso y abuso es normal, sugiera una película para la televisión. Ya se sabe que la estética telefilme nunca ha sido buena para un film, de modo que yo soy de los que se le ponen los pelos como escarpias cada vez que un zoom hace su incómodo acto de presencia en una película.

A día de hoy, ya podemos decir que el zoom no es sinónimo de mala película, o de telefilme, pero también es cierto siguen siendo pocos los que lo usan con verdadero acierto. El primero que mejor uso hizo del zoom en el cine fue, como no podía ser de otro modo, Alfred Hitchcock en su monumental "Vertigo". Hitchcock fue muy listo. Tal vez porque dedujo que el zoom por si solo no tenía demasiado sentido, o tal vez, resultaba demasiado brusco, de modo que se le ocurrió combinar un zoom hacía adelante con un travelling hacía atrás. ¿El resultado?, la impresionante escena de "Vertigo" en la que James Stewart mira hacía abajo en las escaleras del campanario y siente vértigo (en la imagen). Desde entonces, esta especie de travelling invertido ha sido imitado hasta la saciedad. Por Spielberg en "Tiburón" o por Scorsese en "Uno de los nuestros" que yo recuerde ahora mismo.

Otro uso habitual del zoom bastante loable es el denominado teleobjetivo. Es decir, rodar una escena con la cámara a varios metros de distancia de los actores pero con el zoom al máximo. Esto provoca un granulado muy característico en la imagen. Quizá el gran público no sea consciente, pero genera la sensación de distancia entre lo que estamos viendo y el espectador. Por ejemplo, buena parte de "Traffic" fue rodada así y la más reciente "Tiro en la cabeza" también. La ocurrencia está muy bien para generar un tono documental al producto final. Pero como en todos los casos, el problema viene cuando se abusa de este recurso.

Mucho más molesto resulta la herramienta en cambio cuando queremos ofrecer vitalidad, dinamismo al asunto. Por ejemplo, la serie española "Policías" lo hacía, y muy mal, constantemente. El zoom es una herramienta demasiado violenta, demasiado brusca, su uso, se nota demasiado y si no se hace con mesura, rápidamente se percibe el truco, hasta llegar a molestar. En el cine, también ha ocurrido esto, ahora no recuerdo un caso concreto, pero ocurre y demasiado.

El zoom, como todo en este mundo, con moderación puede resultar una herramienta útil, aunque como verdaderamente uno puede exprimir las posibilidades de un zoom es a través de ingenio, pero claro, eso es más difícil. Por ejemplo, su uso ocasiones y premeditado en una película como "Munich" conseguía darle al conjunto un agradecido y necesario -por razones de contexto- tono setentero a la película de Spielberg, John Woo, aunque malabarista y efectista hasta la médula, usa el zoom como un abracadabra más, que en ese contexto circense, no desentona del conjunto, es más, lo dota de cierto tono de serie B, algo que hace sin remilgo alguno y orgullosamente de lo que hace Quentin Tarantino cada vez que tiene oportunidad.

Como vemos en suma, el zoom puede ser, a priori un elemento incómodo, pero bien empleado, puede resultar adecuado primero, imperceptible segundo y genial tercero. Cosas del ingenio, ya se sabe...

jueves, 18 de diciembre de 2008

El futuro del cine




Estamos en un momento histórico. Es lo que suele ocurrir con los momentos históricos, uno no se da cuenta hasta que ha pasado y se recapitulan hechos. El cine está cambiando, está mutando, y hacia donde se dirige, nadie está muy seguro, qué puede implicar. Desde que se descubrió las incontables posibilidades tecnológicas que tenía el ordenador aplicado al cine, el séptimo arte se ha ido plastificando cada vez más. Recuerdo la incómoda sensación que me produjo en su día "La amenaza fantasma" (independientemente de lo espantosa que es la película) cuando comprobé lo falso de sus fondos. Me hizo rememorar a Han Solo corriendo por los pasillos -reales- del Halcón Milenario frente a esos fondos dibujados, imposibles e irreales. Se corrió la voz por Hollywood, de que era posible rodar sin nada y después mostrarlo todo. Los rodajes con pantallas azules (donde después se insertan los añadidos digitales) se multiplicaron por toda la geografía hollywoodiense. ¿El resultado? Ver a Indiana Jones contemplando una pirámide que no existe, por ejemplo...
Ahora, las películas, cada vez más, están siendo más y más embotadas con efectos digitales que multiplican su posproducción y reducen al mínimo su producción, su filmación. "Watchmen" sería un buen ejemplo. Terminó de rodarse hace meses, pero ya van camino del año añadiendo efectos. "G.I. Joe" de Stephen Sommers, otra que tal baila. Pero sin duda, la exacerbación de estos añadidos que ya llegan a ocupar más de la mitad del producto final que vemos en pantalla son las películas filmadas con la denominada captura de movimiento. Como se puede apreciar en la imagen (Angelina Jolie en el rodaje de "Beowulf"), al actor se le colocan decenas de sensores para que cada movimiento sea registrado por un ordenador que lo reproduce y posteriormente, le añade el cuerpo, los matices, la piel, el pelo, los músculos, etc... Robert Zemeckis desde que descubrió el invento con "Polar Express" lleva rodando películas con este complicado método, "Beowulf" y ya prepara "A Chirstmas Carol", con Jim Carrey lo que implica una media de tres o cuatro años por película. James Cameron, otro obseso de la tecnología, está haciendo lo mismo con "Avatar", que se supone, debe de ser el último grito en este tipo de aplicaciones.
A todo esto hay que sumarle un tercer añadido, la filmación de películas en 3-D. Lejanos quedan los tiempos de "Los crímenes del museo de cera" (1953), oficialmente primera película rodada en 3-D. Ahora la tercera dimensión lucha por imponerse en las salas de todo el mundo y eliminar la tradicional bidimensionalidad del cine, la última frontera. ¿Qué vendrá despues? Los puristas, y yo en el fondo soy bastante purista, no lo tienen muy claro. La tendencia a sustituir al actor por un dibujo ya tuvo su debate tras el estreno de "Toy Story", y el propio artífice de aquella película, John Lasseter, aseguró que nunca un ordenador, podría sustituir a un actor. ¿Seguro John?
Recuerdo una imagen de un making off de "King Kong", la -larguísima y aburridísima- versión de Peter Jackson. En ella, Jackson dirigía a los actores con un portátil en la mano. En el ordenador, una esquemática figura humana simulaba los movimientos que Jackson quería que hiciese Adrien Brody. Cuando el protagonista de "El pianista" vio aquel esqueleto, le dijo a Jackson ¿no es esto un poco frío? y Jackson le respondió, esto es el futuro.
Lo sea o no, que es frío no me cabe la menor duda. Parece interesante reflexionar sobre hacia donde nos dirigimos y hacia que tipo de películas estamos apuntando. Yo aún no he visto una película en 3-D en una sala de cine, no se lo que es eso y si os digo la verdad, me interesa más bien poco. Para eso, prefiero montarme en una atracción de Disneyworld o subirme directamente a una montaña rusa. Si en el cine se supone que nos debemos emocionar, el bombardeo tridimensional a través de deslumbrantes imágenes generadas por ordenador no parece que vaya a facilitar algo tan complejo y a la vez esencia como la emoción. Si André Bazin levantara la cabeza probablemente preferiría volver a enterrarla.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Censura sin límites

Como sabrán, hoy ha salido en la prensa que la televisión italiana RAI censuró las escenas más tórridas de la multipremiada película de Ang Lee "Brokeback Mountain". El mundo de la cultura, italiano y fuera de él, han puesto el grito en el cielo porque censurar un largometraje es una acción reprobable y propia de una dictadura. La RAI ha asegurado que había hecho un pre-montaje del film con vistas ha programarlo en un horario sin restricciones para todos los públicos, pero que al final la película se proyectó a las 22.45 y que por tanto no hacía falta montajes para suavizar el contenido a esas horas de emisión.
O dicho de otro modo, alterar un largometraje en función de su horario de emisión si está bien, porque de eso nadie se ha quejado. Tampoco se queja nadie de que ha quejado de que la todopoderosa Disney Channel, haya tomado por costumbre jugar a su libre albedrío con los montajes de numerosas películas. Yo mismo, en cierta ocasión me tropecé en Disney Channel con "Parque Jurásico" y me quedé unos minutos viendo una de sus mejores escenas, aquella en la que el Tiranosaurio Rex escapaba del recinto acosando el coche de los niños y merendándose a un incómodo abogado que seguramente se le tuvo que indigestar. Allí que estoy yo disfrutando como un enano de los efectos especiales, de una escena impecablemente bien rodad y mejor montada hasta que, sorpresa, cuando el Tiranosaurio coge con su boca al abogado, un tupido fundido a negro en forma de velo nos traslada a la siguiente escena. ¡Horror! ¿Había sido el film de Spielberg alterado para poder ser emitido por Disney Channel?
Pues si caballeros, luego que entero que existe algún tipo de contrato en Disney según el cual, las películas que allí se proyectan pasan a estar en manos de los censores de la edulcorada fábrica del tío Walt. Este hecho con concreto, el de "Parque Jurásico" me llamó especialmente la atención, porque demostraba que, en este caso, los responsables de Disney no tienen ni idea de como funciona la mente de un niño y sólo quieren privarlo de todo aquello que le pueda impactar. Y digo esto porque precisamente a raíz de "Parque Jurásico", en su día recuerdo que leí una entrevista con Steven Spielberg a quien se le preguntaba si no consideraba escenas como la de la merienda del Tiranosaurio eran demasiado violentas para los niños. Spielberg dijo algo así como cuando un niño ve como el Tiranosaurio se como al abogado no se asusta, se ríe. Dicho así puede sonar a listillos pero lo cierto es que poco después, en unos grandes almacenes, estaban emitiendo en una de las televisiones de exposición el film de Spielberg con el sonido a todo trapo. Yo pasé por allí en la consabida escena de la merienda, y me quedé porque me percaté de que entre las dos o tres personas que habían mirando, había un niño de no más de diez años. Estuve atento al momento del mordisco. En efecto, el niño se rió.
Este tipo de reacciones de los niños y este tipo de estúpidas medidas por parte de algunas cadenas sólo evidencia eso, una ineptitud absoluta. Sobre todo cuando un niño está comiendo al medio día en su casa y están pasando por el informativo degollaciones en directo a manos de una célula de Al Qaeda en Afganistán. Veamos señores. Una muerte real y fría en directo si puede ser perjudicial. Una muerte ficticia o un amor ficticio, en absoluto, no debería al menos. Claro que cada padre es libre de evaluar lo que su hijo va a ver, pero no quiero imaginar un mundo en donde el villano de "Indiana Jones y el templo maldito" no arrancará corazones, donde Darth Vader no le cortara la mano a su propio hijo en "El imperio contraataca" o donde ET tuviera que quedarse en la Tierra por riesgo a traumatizar a un pequeño que no pueda soportar tan traumática despedida.
Caballeros, se está apuntando en la dirección equivocada. La vida es, entre otras cosas, sexo y sangre, muerte y risas, amor y rabia, todo forma parte de este camino vital. Un niño que crece, sin ver, ni si quiera en el cine, como alguien muere, incluso como alguien es asesinado, como alguien traiciona o se acobarda, será muy difícil que después sepa valorar la vida, la lealtad, la amistad o la valentía. El problema señores, es que los padres no quieren vigilar lo que ven sus hijos, no quieren explicarle que es verdad y que mentira, o que consideran demasiado fuerte y que es apto para que sea visto por sus vástagos. Y como Barrio Sésamo y los Fraggels ya no existen, mejor será dejar la educación en manos de Disney Channel (cuyas audiencias por cierto suben como la espuma cada día que pasa), para así adocenar a un futuro público que durante décadas seguirá alimentando, generación tras generación, su acartonada visión de la vida.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Cerveza y cine



Hablar de auteurs, tendencias y géneros cinematográficos no sirve de nada si uno de vez en cuando, no se detiene un poco en las banalidades de este mundo, en esas películas que muy bien se podrían etiquetar como encefalogramas planos, películas hechas por una neurona y para una neurona, donde sólo hace falta una buena compañia -a veces ni eso- y una bolsa de palomitas relegando nuestra materia a gris para mejores menesteres. No hay que avergonzarse de ello, el cine también es banalidad y a veces es sano y todo, zambullirse en ella. Pero siempre con moderación, eso si.
Esto viene porque recientemente me he topado con un blog de cerveceros que como veréis, ya está incluido en mi lista de blogs y que a su vez, me ha abierto la puerta a otros blogs realmente interesantes sobre este inimitable néctar de los dioses. Esto me ha recordado que de igual forma que se ha escrito, y bastante, sobre cine y vino por ejemplo, el matrimonio entre cine y cerveza es, curiosamente, bastante más escaso. Ya se sabe, la cerveza goza de una fama muy particular, bebida intrascendente para todos los días con el interés justo completamente ajeno a los exquisitos paladares del vino, caldo mucho más elitista.
Pero resulta que por el mundo hay gente que estamos enamorados de la cerveza más allá de la caña servida en vaso congelado (gravísimo error por cierto). Sobre todo cuando uno ha tenido la oportunidad de saborear cervezas DE BARRIL y no embotelladas, que hay un abismo, de Alemania, Bélgica y muy especialmente la República Checa, verdadera capital cervecera del mundo. El caso es que si uno se pone a relflexionar un poco sobre el tema, salvo dramático olvido, que muy bien podría darse (pues no soy yo bueno olvidando cosas ni nada), en esto del cine la cerveza rara vez ha disfrutado de un lugar de cierta importancia. Suele hacer acto de presencia en películas que se desarrollan en Irlanda, pero lo cierto es que no suele ocurrir lo mismo cuando un film se rueda en Alemania. Por ejemplo, en "El juicio de Nuremberg" se podía ver a unos alemanes disfrutando de una buena jarra de cerveza mientras el juez que interpretaba Spencer Tracy se preguntaba qué estaban juzgando, al régimen nazi o a un pueblo entero. Sin embargo, en una película tan alemana como la desternillante "Uno, dos, tres" si no recuerdo mal, la cebada fermentaba brillaba por su ausencia y de hecho, resulta muy raro ver en una película sobre nazis a un general de la SS fuera de servicio tomando una buena cerveza. Si hay películas por ejemplo, que pueden desarrollar toda su núcleo dramático en torno al vino, "Entre copas", pero la cerveza, parece una bebida demasiado mundana como para dedicarle un film, y más aún, un film de prestigio.
Buena prueba de ello es "La fiesta de la cerveza. Beber hasta reventar" (en la imagen). Yo tengo que admitir que en circunstancias normales, lo más probable es que no hubiera visto esta película, pero mi afición por la cerveza y mi gusto por el celebérrimo Oktoberfest, fiesta de la cerveza anual que se celebra en Munich y al que a Dios pongo por testigo, algún día iré, me llevó a alquilar y contemplar el citado film de Jay Chandrsekha. La película desde luego, pone en evidencia lo que antes comentaba, la relación cerveza-populacho. La sinopsis no puede ser más simple: grupo de irresponsables americanos que viajan al Oktoberfest de Munich, allí dan con un garito secreto en el que se celebra una especie de cumbre de cerveceros, en donde amantes de la cerveza de todos los rincones del mundo compiten por ver quien puede beber más cerveza sorteando algunos obstáculos, ciertamente descacharrantes. La primera vez que los americanos de rigor se dejan caer por allí son derrotados miserablemente, hiriendo el orgullo de más de uno. De modo que los protagonistas, deciden reunier a los mayores y mejores cerveceros que conocen en su ciudad natal, algunos de una calaña ciertamente discutible, para tirarse todo un año entrenando. Se pueden imaginar...
Lo curioso de todo el asunto es que al final, la película fue divertida y todo hasta el punto de que fue una de mis propuestas para el aún inédito MARATÓN´08 , acontecimiento cinematográfico del año por estas latitudes que ya comentaré algún día a aquellos que no lo conocéis que pensándolo bien, sospecho que sois los menos. El caso es que si uno está curado de espanto y puede digerir con moderada tranquilidad cosas como "American Pie", el asunto tiene su punto. Hay algunos chistes que son ciertamente ocurrentes pero el asunto parece querer prestar más atención a situaciones como la sospecha que se cierne sobre los protagonistas de que la abuela de uno de ellos era una prostituta en Alemania, sospecha que se acrecenta cuando la abuela manosea una salchicha alemana y asegura que no se puede ir a la cama si no es con una salchicha –que la verdad, tiene su gracia- y desde luego el film no pierde la oportunidad de despojar a una bella tirolesa de su blusa para dejar al descubierto sus notables atributos nada más empezar el film, aunque insisto, en conjunto el asunto, resulta bastante tolerable.
A grandes rasgos, la película entronca perfectamente en esa tendencia actual de la comedia moderna americana enraizada en el caca, culo, pedo, pis o si lo prefieren, lo políticamente incorrecto. Una expresión que años atrás gozaba de su prestigio y todo, pero que ahora se ha convertido en un peligroso apelativo para describir comedias descacharrantes, en la mayoría de los casos con muy poca gracia del estilo de "Dos colgaos muy fumaos", "American Pie" o "Gigolo" desterrando a verdaderos genios de la ofensa pública como Kevin Smith o Trey Parker.
Pero el caso es que "La fiesta de la cerveza. Beber hasta reventar" no se zambulle tanto en chistes de rollo sexual-vulgar como se podía esperar y el largometraje en si termina por estar más cerca de cosas como "El club de los chalados" que de "Scary Movie" lo que ya es todo un logro. En todo caso "La fiesta de la cerveza. Beber hasta reventar" confirma lo dicho, la cerveza parece demasiado mundana como para dedicarle un film digamos, serio. Insisto, salvo dramático olvido...

lunes, 1 de diciembre de 2008

Cine y publicidad


Anoche pasaron por televisión "The Queen" del siempre estimulante Stephen Frears. La vi en tve 1, lo que en principio, garantizaba cierto uso y abuso de la publicidad, pero ayer me di cuenta de que las cosas han cambiado definitivamente y que ya no hay vuelta atrás. Recuerdo cuando tenía 15 años y grababa una película de sangre en el vídeo mientras mis padres veían el debate de turno. Sólo había una tele en casa, bueno había dos, pero la secundaria era fea, pequeña y no se veía bien. Ahora sería impensable grabar una película por varias razones. La primera es que el DVD nos ha arrebatado esa santa costumbre, los DVDs grabadores no se prodigan. Tampoco parece merecer mucho la pena cuando gracias a inventos como el emule, uno tiene acceso con bastante facilidad a una generosa oferta cinematográfica de cine moderno y clásico. Por si fuera poco, tampoco apetece demasiado ponerse a grabar nada cuando vemos como en mitad de una película, las cadenas filtran publicidad, avances y a este paso sólo les faltará i adelantando como cierran las bolsas de todo el mundo. Pero es que además, tampoco interesa demasiado grabar una película cuando por ejemplo ayer, un film como "The Queen" que dura 97 minutos, es decir, 1h. y 37 minutos, se transforman en su salto a la pequeña pantalla en toda 2 horas y media. Vamos, que uno se dispone a ver "The Queen" y cuando se va a dar cuenta resulta que ha visto "El señor de los anillos".
Una vez le escuche decir a ese singular personaje que es Carlos Pumares, que en la tele eran muy buenos, porque entre publicidad y publicidad, nos ponían trozos de película. En cuestiones de publicidad y que agarrarse a los machos. Es de dominio público que a lo extremos a los que se ha llegado en España son a todas luces ilegales, pero también es de dominio público que la pena les sale rentable a las cadenas, en comparación con lo que ingresan por esa publicidad. Ahora, cuando te dicen cosas como "1 anuncio y volvemos" o "volvemos en 2 minutos", el asunto tolerable. El problema es cuando se advierte que "volvemos en 6 minutos", a partir de ahí el asunto se hace ya bastante insostenible y si simple y llanamente, no dicen nada, échate a temblar, podrás preparar la cena, empezar a leer un libro, recoger un poco el salón, hacerle mimos a tu pareja y si se tercia, experimentar el éxtasis del esplendor en la hierba que cuando te vuelvas a poner frente al televisor, sólo si tienes suerte, tu programa preferido habrá empezado o estará a punto de hacerlo.
Pero si hay un asunto flagrante, ese es sin duda en Antena 3. En cuanto a duración, espacios, y parones en una película, todos discurren más o menos igual, pero Antena 3 es otra -vergonzosa- historia. En una película, cuando el héroe está a punto de hacer volar en mil pedazos la fortaleza del malo para inmediatamente después, coger a la chica y besarla antes del final de la película, Antena 3, tranquilamente, te corta la película, y te hace engullir entre 20 y 30 minutos de anuncios. Recuerdo un caso concreto con "Independence Day". Aquella película que en su día vi un par de veces y me dije, me prometo a mi mismo no volverla a ver, bastante carga es haberla visto dos veces, me la tropecé un día en Antena 3. Era la batalla final y como David Arnold está en todo lo suyo en esta película, me quedé a ver los minutos finales. ¡Ni de Blas! como dice mi novia. Justo antes de que la nave nodriza estalle en mil pedazos mientras los buenos huyen a toda velocidad por los recovecos de la nave alienígena, Antena 3 cortó la película para los consabidos mensajes publicitarios. Yo no esperaba que el asunto se alargara demasiado, al fin y al cabo a la película le quedaban un par de minutos si llega. Pues bien, me acosté sin terminar de verla.
Ahora, estoy teniendo la ligerísima impresión de que se está tratando de amainar un poco el asunto. Y aunque sea una medida agradecida, por más que aún veamos demasiadísima publicidad, el asunto es incompatible con el cine. Ayer, viendo "The Queen", que me pareció una película correctísima con un ritmo impecable, fue literalmente desmembrada por los parones publicitarios. ¿Cómo puede haber progresión dramática?, ¿ritmo?, ¿tempo? en una película literalmente diseccionada por la publicidad. Es insufrible, inadmisible de hecho, apunto estuve de no ver el film de Frears precisamente porque cada día que pasa, menos me apetece ver una película en televisión con publicidad incluida. Es una herejía, es un pecado. Eso, eso no es cine.