
Me debo estar haciendo viejo. No sólo no me entero de los últimos acontecimientos cinematográficos hasta que los tengo encima sino que además, cuando los tengo delante, no entiendo a que viene tanto revuelo. Esto es lo que me ha pasado con "Los hombres que no amaban a las mujeres". Empecé a leer la novela, alguien me dijo que me iba a gustar, pero tras cien páginas decidí que no iba a esperar más para ver la película, no por nada, sino porque aquel libro no me estaba terminando de enganchar. Vista la película, creo que voy a dejar a un lado la novela de Steig Larsson.
Y no es que "Los hombres que no amaban a las mujeres" sea un pestiño, el film se deja ver y se puede seguir con moderado interés, pero nada más. De hecho, la película de Arden Opley resulta un tanto mecánica, plana, cercana al telefilme. Da la sensación de que le falte pasión, personalidad, por lo que todo termina resultando demasiado lineal, sus actores, su guión, su trama, sus tópicos. De este modo, "Los hombres que no amaban a las mujeres" sospecho que es uno de esos fenómenos de aeropuerto, fruto de un libro que se debe beber con facilidad (generalmente en los aeropuertos, trenes o terrazas veraniegas), de un esquema calcado de los clásicos americanos y que por extensión ha entrado con suma facilidad en el resto de los países del globo.
En suma, nada nuevo sobre el horizonte, el cine sueco sigue de momento donde estaba. Algo más rico, eso si, pero donde estaba.