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miércoles, 17 de junio de 2009

Pecados de filmoteca


Supongo que todos cometemos errores y lo que es más, que todos tenemos nuestros pecados. Quizá uno de esos errores míos, uno de esos pecados, es que a veces me gustan determinadas películas que resulta bastante complicado defender en público. Generalmente son producciones que uno no osa sacar a relucir en un foro de discusión público como este, y cuando una visita llega a casa y observa en nuestra apreciada filmoteca determinados títulos, en función de la confianza que haya entre el dueño de la casa y el invitado, la respuesta puede variar entre un me la regalaron y ahí la tengo hasta un si, de vez en cuando me gusta ver algo de banal evasión. Aún así, no resulta fácil reconocer por ejemplo que a uno, como es mi caso, me gusta una saga como "Transporter". Me consuela no obstante que hay que ver de todo y que en efecto, hay que tener algunas vías de escape a mano para de vez en cuando por echar unas palomitas sin mayor preocupación que la de tener suficiente cerveza en la nevera.
Yo vi "Transporter" en uno de esos entornos adecuados para semejante visionado. Amigos, cerveza, pizzas... Me divertí. Y es, sólo eso, a veces, se gradece en una película de la pinta de "Transporter". No había mucho dinero de por medio pero si mucho disparate y osadía para llevarlo a cabo. Me hizo gracia. Mi encuentro con "Trasnporter 2" ya fue algo más premeditado. Hubo una época en mi vida en la que religiosamente me acercaba a uno de esos multicines repletos de salas aunque en el fondo muy poca oferta. Era los domingos por la mañana, en un pase matinal. En aquella época la verdad es que vi de todo, cosas muy malas, y también algunas sorpresas. El caso es que allí que voy yo, contemplo la lamentable oferta de aquel día me encuentro con "Transporter 2" y allí que me meto yo. Y me sorprendí todavía más, fundamentalmente porque me lo pase aún mejor que en la primera ocasión. Lo que en la primera película era disparate se había convertido en pura hilaridad y lo que en la primera era descabellado en la segunda se quedaba en disparate. Además tenía un relato, escuálido desde luego, pero bien estructurado y planteado (al fin y al cabo Luc Besson, que es un tipo nada tonto, está detrás del invento) y sobre todo, sus escenas de acción estaban bien filmadas, quiero decir, sin dar la sensación de batiburrilo alborotado donde todo pasa demasiado deprisa en planos demasiado cortos de forma que uno no terminar de entender que diantres está pasando en pantalla.
Asumiendo por tanto mi filiación al grupo freak y un poco avergonzado de admitir, paso un rato fenomenal viendo este tipo de disparates, allá que me voy yo a ver mi "Trasnporter 3". En general del mismo estilo que las dos anteriores, pero con algunas diferencias que sobre todo la distancia de la segunda entrega, a mi parecer, la mejor de las tres. Primero sus escenas de acción y a no están tan bien rodadas, todo es mucho más alborotado, mucho menos claro, y si algo merece la pena en una película de esta naturaleza es precisamente ver qué disparate está teniendo lugar y cómo está teniendo lugar. En segundo lugar la película empieza a ponerse algo más seria, un terrible error en un film que como ocurría en "Transporter 2" destacaba por encima de la media porque la seriedad era mínima, casi inexistente, la justa como no tener la impresión que se estaba ante una parodia. Y finalmente, la sensación de que los responsables de la franquicia gala empiezan a tener la necesidad de matizar a unos personajes que en realidad ni existen ni falta que hacen. "Transporter" funciona por saturación, por acumulación, no por sentimientos de cartón piedra.
"Trasnporter 3" sigue teniendo algunas escenas memorables dentro de la naturaleza de este tipo de películas, una persecución en bicicleta que no tiene desperdicio y que deja en ridículo a todo un Audi y también otra persecución por carretera en la que el aguerrido Frank Martin (un robusto Jason Statham, que recuerda ligeramente a Bruce Willis pero que todavía anda muy lejos debido a su aparente ausencia de sentido del humor) pone el coche sobre dos ruedas entre dos camiones (¡!).
Creo que fue Stanley Kubrick quien dijo que a lo largo de su vida trató de verlo todo y de todo tipo en cine. Seguramente el director de "2001" no estaba pensando en una macarrada insustancial como "Transporter", pero también parece lógico pensar que en toda buena y honesta filmoteca debe de existir un hueco, por pequeño que sea, para nuestros pequeños pecados cinematográficos, porque ser un cinéfilo, creo yo, también consiste en esto, y no sólo en Murnau, Lang, Hitchcock, Tarkovski o Kurosawa. ¿Se atreven a admitir sus pequeños pecados de filmoteca o no son lo suficientemente cinéfilos? ¡Menudo reto, eh?

viernes, 16 de enero de 2009

"House. Una casa alucinante"

Aunque pueda parecer mentira, viniendo de un fan convulsivo del cine de terror como yo, siempre he sido muy miedoso. Mis padres se percataron pronto que al ver una película como "Gremlins", aquella noche no pegaba ojo acosado por pesadillas. De modo que no fue hasta bien entrado en años, cuando empecé a ver películas de terror. Recuerdo que la primera que vi fue "El resplandor" pero bueno, a lo que iba. Una vez había superado el trauma del cine de terror y ya me había atrevido a zambullirme en el oscuro mundo de horror, no recuerdo cómo ni por qué, me topé con una peliculilla titulada "House", aquí en España, con el subtítulo de "Una casa alucinante". La cinta explotaba el asunto de las casas encantadas pero tenía algo diferente más allá de ser una mera cinta de terror. Tenía humor.
Yo recuerdo que (y me van a perdonar la expresión) me acojonaba ver deambular el fantasma de la tía abuela del protagonista, ver como las puertas se cerraban o escuchar la aterradora voz de su hijo perdido en no se sabe qué dimensión. Pero en cuanto aparecían los monstruos, uno se reía, se lo tomaba a coña. Además, la película venía interpretada por tres actores asociados a la comedia por aquellos años (hablamos de 1986). William Katt, para un chaval como yo en aquellos años, más conocido por su papel en "El gran héroe americano" (¡cómo disfrutaba yo con esa serie!), George Wendt, también más conocido por su papel de Norm en la serie "Cheers" y Richard Moll, en un inusual papel para un actor que también era más conocido por su interpretación de Bull en la serie "Juzgado de guardia".
El caso es que ante los evidentes momentos de terror, yo me sentía relajado viendo aquella película. Me lo podía permitir, porque era un horror divertido. Además recuerdo que por aquellos años empezaban a emitirse los hoy conocidos como Making off, que por aquel entonces eran verdaderos cómo se hizo, y no los pseudo-documentales de ahora, que no son más que promociónales encubiertos de falso documental en los que no se cuentan nada de nada. Pues bien, recuerdo que en mi recién adquirida pasión por el cine, grababa en vídeo esos cómo se hizo y si hubo uno que vi mil veces, ese fue el cómo se hizo de "House". Con lo cual, mi gusto por esta película se incrementó porque disfrutaba como un enano viendo qué bien quedaban los efectos especiales que yo ya había visto como se habían hecho (recuerdo que por esa época e influido por este cómo se hizo pillé varios objetos de mi habitación y los colgué de finos hilos a contra luz, de tal forma que cuando entrabas a la habitación no se veían los hilos, sólo cosas flotando. El susto de mi madre el primer día que entró fue para tenerlo en cuenta...).
Uno, que empezaba a hacerse, tal vez demasiadas preguntas sobre esto del cine, descubrió no mucho después que el director de tan entretenido divertimento del horror era Steve Miner, antes productor de "Aquella casa a la izquierda" y "Viernes 13" entre otras y director de "Viernes 13. 2ª parte" y "Viernes 13. 3ª parte", cosa fina... Gracias al buen rato que pasé viendo "House" le hice cierto seguimiento a Miner, pero nada interesante que ofrecer la verdad. Filmó una desigual "Warlock. El brujo" hasta que se vendió a Hollywood por un vaso etrusco al servicio de Mel Gibson en la ya olvidada "Eternamente joven". Desde entonces, mucha televisión (ha dirigido algún episodio de "Smallville") y poca chicha. Parecía que Miner iba a volver a hacer de las suyas cuando le ofrecieron dirigir "Halloween H20". Pero bueno..., la película tiene pase pero nada que festejar la verdad... También descubrí poco después, que la historia de "House" venía firmada por Fred Deker, un simpático director y guionista de cosas tan insustanciales como entretenidas como "Robocop 3", "El terror llama a tu puerta" y "Una pandilla alucinante".
En cualquier caso el éxito de "House" se tuvo en cuenta. Ganó algunos premios en festivales de cine fantástico y fue aplaudida en otros tantos. De modo que pronto se generó una secuela "House II" (1987), que algún listo subtituló aquí "Aún más alucinante". En realidad, lo que era alucinante de aquella película era su guión, disparatado hasta la médula, tanto, que no podía resultar otra cosa que no fuera divertido. Esta secuela vino escrita y dirigida por el guionista de la primera, Ethan Wiley, que años después dirigiría "Los chicos del maíz V"... "House II" ya no da miedo, ninguno, sus elementos de horror son anecdóticos, aquí lo que prima es el disparate. Desde luego, es una película alucinante...
"House II" no respondió tan bien en taquilla, pero debió de hacer dinero en los videoclubes porque en 1989 se lanzó una segunda secuela "House III", aunque su título original era "The Horror Show", señal de que los vínculos con el film original ya eran pura casualidad. Dirigida por James Isaac (tiempo después responsable de otra hilarante historia, "Jaso X"), "House III" ya casi no tiene humor y si mucha sangre. La película es muy mediocre, no hay por donde cogerla y no merecer mayor consideraciones.
En cualquier caso, como dijo un día El Chache, estas son cosas de completismo cinematógrafo del horror americano de serie B. Las tres películas se acaban de editar en DVD. Si hay algún valiente, no están nada mal de precio... Yo me lo estoy pensando.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Silencio y muerte de serie B


Hoy día, decir que una película es de serie B equivale casi a lo mismo que hablar de un blockbuster. La películas de bajo presupuesto, con el acceso casi ilimitado a los avances de la tecnología digital ha permitido que el cine, sea de la serie que sea, goce de casi, casi, los mismos efectos especiales que un "Piratas del Caribe". Ahora, el cine de serie B no se caracteriza tanto por su evidente escasez de medios, sino más bien por su temática. Un film que nos habla de muñecos asesinos, no puede ser de otro modo, que de serie B. Que la película en cuestión sea escasilla en pretensiones, también ayuda a calificarla como cine de serie B aunque desde los años de la Universal hasta buena parte de la obra de Terence Fisher pasando por las producciones de Val Lewton para la RKO, el cine de serie B no es que fuera falto de pretensiones, al contrario, allí se metía todo aquello que no se podía decir abiertamente en una gran producción de Hollywood. Hoy no. Quizá porque los discursos están tan adocenados que no hace falta filtrarlos ni esconderlos bajo ninguna película de monstruos. Uno puede hablar de lo que quiera donde quiera, porque seguramente, si nos fijamos un poco, no va a decir nada nuevo, y esto es así, creo yo, casi, casi, siempre.

Esto viene al caso porque el otro día volví a ver una de esas películas absolutamente intrascendentales con un importante poso a cine de serie B que se estrenó sin hacer demasiado ruido hará año y pico y que yo, casi por error, me metí al cine a verla: "Silencio desde el mal". Una vez dentro me percaté que el director de asunto era nada menos que James Wan. ¿Qué quién es James Wan? Pues James Wan es, nada menos que el padre de "Saw", artífice de la saga, director y guionista de la primera y actualmente productor ejecutivo de sus secuelas, lo que traducido al lenguaje de Hollywood significa poner tu nombre en los créditos del film y cobrar cheque tras cheque.

Lo cierto es que contra todo pronóstico la película, me gustó. Pero a ver, que nadie se escandalice. No la colocaría en la cima de las mejores películas de la década, ni del año, ni si quiera del mes. El film está repleto de defectos y de tópicos, al final se deja llevar por determinadas y molestas tendencias muy habituales del cine de terror moderno pero con todo, "Silencio desde el mal" no deja de ser un film estimable, simpático si se quiere.

Y lo es porque el jovencísimo James Wan sabe muy qué teclas tocar y qué intensidad aplicar. Esto es, el director de "Saw" emplea los tópicos del género si, pero no los satura. Lo bueno de "Silencio desde el mal" es que hacía tiempo que no veíamos un film de terror donde el miedo viniera dado de lo que estamos viendo, de la atmósfera que rodea la acción, de lo que se nos está proponiendo y que todo además, estuviera hundido en un contexto abiertamente fantástico. Es decir, "Silencio desde el mal" da miedo porque propone imágenes pavorosas, y no porque el montaje y el sonido sourraund nos haga saltar de la butaca. El film tiene ideas que aunque en ocasiones se vean entorpecidas por algunas malas costumbres, logran sobrevivir lo suficiente como para protagonizar alguna que otra inquietante escena.

"Silencio desde el mal" nos hablar de algo muy habitual en el cine de terror, una maldición que persigue a una inquietante ventrílocua, Mary Shaw, quien según parece, mantenía una conexión, digamos extraña, con sus muñecos. Hay un momento en la película en la que Shaw está actuando con uno de sus muñecos en un escenario, de pronto un niño entre el público exclama que se nota como Shaw está moviendo los labios mientras habla el muñeco. Shaw le pregunta la muñeco ¿estoy yo hablando en tu lugar? y el muñeco enfurecido exclama ¡yo estoy tan vivo como él, le demostraré lo vivo que estoy! hasta el extremo de que Shaw tiene que convencerle, no sin esfuerzo que deje de gritar. La escena tiene algo poderoso, como el muñeco exige su reconocimiento como un ser vivo ante un auditorio lleno de personas que lo toman por un chiste más. Y todo, con una iluminación muy particular, Shaw en constante penumbra de forma que no se le definen los rasgos de la cara frente al muñeco, perfectamente iluminado (en la imagen).

Pero además de todo, "Silencio desde el mal" tiene otro singular añadido, y es que, pese a ser un film que nos habla de muñecos asesinos nunca vemos a un muñeco andar, hablar o blandir un cuchillo. Nunca. De hecho la óptica que Wan aplica al film es la del plano -con total seguridad, habría ayudado que fueran planos más templados, más sosegados- que se acerca al objeto esperando que este se mueva pero nunca lo hace. ¿Nunca? Bueno, este es un buen ejemplo de película que pudo haber sido pero se quedó en buena declaración de intenciones. El muñeco de marras si se mueve, aunque sean pequeños movimientos que a veces no vemos (atención a la primera escena), y otras si, pero siempre pequeños movimientos, los ojos que giran hacía un personaje, la boca que se abre como si fuera a decir algo, la cabeza que gira súbitamente... Había una buena idea, pero le pudo la tentación del susto fácil.

"Silencio desde el mal" tiene otro acierto es la propia actriz que interpreta a Mary Shaw, Judith Roberts (por cierto, vista en "Cabeza borradora" de David Lynch). Roberts responde a la perfección a esa figura esencial del cine de terror, mujer mayor, rostro alargado, pelo blanco, facciones muy marcadas, ojos hundidos, mirada penetrante... Además, el maquillaje de François Dagenais no hace sino acrecentar esa sensación y más aún cuando contemplamos el terrible deseo de Shaw para cuando fallezca, quería ser convertida en una muñeca... Les aseguro que la imagen no tiene desperdicio. Sin ser algo grotesco si que resulta pavoroso.

Como digo, película de palomita si, pero con ideas dispersadas en su metraje. Una pena. Porque James Wan podría haber concebido una pequeña joya del cine de terror si no se hubiera perdido en efectos de cámara altamente discutibles, un guión demasiado endeble, unos tópicos demasiado presentes, un final demasiado aparatoso, un uso, sobre todo en su clímax, de los efectos especiales injustificado, y una resolución absolutamente hilarante. Como digo una. Al menos, eso si, se pasa uno de esos agradecidos malos ratos en los que uno llega a preguntarse, ¿Qué necesidad tendré yo de estar pasando este mal rato?. Recomendable aunque eso si, con abundantes reservas y siempre y cuando uno tenga el estómago curado de espantos..., cinematográficos.

martes, 16 de diciembre de 2008

Llamémosle Peter...


El otro día vi "Llámame Peter", un film basado en la vida y muerte del genial actor británico Peter Seller. La película se anunció en su día en los círculos cinematográficos a bombo y platillo. Geoffrey Rush, se metía en la piel de camaleónico intérprete, John Litghow le daba forma a Blake Edwards y Stanley Tucci, tenía el honroso deber de configurar al genial Stanley Kubrick. Además, el film cuenta con las intervenciones de Emily Watson y Charlize Theron.
De entrada, la película tenía dos obstáculos bastante importantes, el primero, que se tratase de un film para la televisión británica, lo que siempre tiende a afectar al resultado final, con looks de telefilme, esto es, puesta en escena llana, escaso trasfondo dramática y muy poca consistencia narrativa. Y segundo, y si cabe más peligroso, su director, nada menos que Stephen Hopkins. Puede que a algunos de ustedes el nombre de Stephen Hopkins le suene a chino mandarín, pero si les digo que se y trata del director de "Pesadilla en Elm Street 5", "Depredador 2", "Los jueces de la noche", "Volar por los aires", "El fantasma y la oscuridad" y "Perdidos en el espacio", probablemente empiecen a preguntarse qué narices hace el señor Hopkins dirigiendo una película como "Llámame Peter". En efecto, ¿qué narices hace? Yo, no lo se.
El asunto no es que Stephen Hopkins sea más o menos un especialista sobre el género (¿qué genero, por otro lado?), el tema en cuestión es que Stephen Hopkins es un director extremadamente limitado que se puede desenvolver con más o menos soltura en determinado tipo de películas, pero que en última instancia es un realizador extremadamente limitado. Es por esto, que elegir a Hopkins como director de una película como "Llámame Peter" es un error de base fundamental que imagino, será culpa de alguno de los nueve productores de los que hace gala el film.
Una pena, porque el libro en el que se basa el film, "Vida y muerte de Peter Seller" de Roger Lewis, aunque no lo he leído (ya lo estoy buscando), seguro que está repleto de posibilidades, eso es al menos lo que se desprende de su guión, un atinado texto escrito a cuatro manos por dos guionistas de esos, tan frecuentes por Hollywood que suelen trabajar siempre al unísono y que han escrito los guiones de películas como "Las crónicas de Narnia 1 y 2", Christopher Markus y Stephen McFeely. La película, no se el libro, arranca con Seller en su mejor momento como humorista radiofónico en Inglaterra, intentando infructuosamente meter la cabeza en el mundo del cine. El film avanza rápido y cuando a penas nos hemos dado cuenta, Seller es requerido para interpretar una película norteamericana de un famoso director estadounidense, "La pantera rosa", de Blake Edwards. Según el film, Seller acepta a regañadientes ofendido por ser un segundo plato (su papel era secundario, se suponía que era un film para la estrella David Niven, aunque al final Seller le terminó arrebatando el film y además, Peter Seller fue requerido cuando Peter Ustinov, declinó la oferta de Edwards). Pronto nos encontramos con Seller en el plató de "Teléfono rojo, volamos hacia Moscú" y a un Geoffrey Rush haciendo un verdadero esfuerzo por imitar -y vaya si lo consigue- a Peter Seller, por más que haya una acusada diferencia de edad, sobre todo al principio de la película.
El problema es que Hopkins no parece tener pasión por lo que está rodando y lo filma todo con bastante desgana, eso es al menos lo que sugiere una puesta en escena previsible y llana. Pese a todo, insisto, la película, independientemente de hacer las delicias del cinéfilo al ver reproducidos escenarios como es de "La pantera rosa", contiene algunos elementos de interés que hacen entrever una película mejor, de no haber tenido detrás de la cámara a un insípido como Stephen Hopkins. Sobre todo, en aquellos pasajes en los que Seller/Rush, literalmente, abandona la escena, poniendo al descubierto la parafernalia propia de la filmación de un largometraje, y reconvertido en alguno de los personajes importantes de su vida (su padre, su ex mujer, Kubrick...), apuntalando así esa genial capacidad camaleónica de Seller/Rush, maquillado como otro personaje, se dirige al espectador lanzado algunas cuestiones que se supone, debían azotar la cabeza del actor británico.
Una pena, insisto, porque sospecho, había posibilidades en ese guión. Al final lo que queda es, a parte de una idea desaprovechada, al menos el conjunto de "Llámame Peter" ofrece una visión más o menos aproximada de quien fue ese gran actor llamado Peter Seller. Un hombre que por lo visto, se odiaba así mismo, acomplejado, que parecía vivir en una constante ficción (de ahí las escenas en las que literalmente, se sale de la ficción), que se ocultaba en sus payasadas, promiscuo y abrumado por una fama que a la vista de este largometraje, no supo digerir. Una pena, no me cansaré de decirlo, de película y por lo visto, también de persona, porque según cuentan aquellos que lo conocieron, si Peter Seller hubiera sido un hombre algo más equilibrado, quien sabe las maravillas con las que nos podría haber premiado y eso, se dice aún habiendo protagonizado largometrajes como "El quinteto de la muerte", la saga de "La pantera rosa", "Lolita", "Teléfono rojo, volamos hacía Moscú", "¿Qué tal, Pussy Cats?", "Casino Royale", "El guateque" y "Bienvenido Mr. Chance", un dificlísimo papel dramático que le valió su tercera nominación al Oscar que nunca consiguió. Otra pena...