
En circunstancias normales, yo suelo mantener una prudencial distancia ante productos de la naturaleza de "Zohan", pero se dieron dos circunstancias que propiciaron el visionado de este film. El primero, la típica reunión de amiguetes que cerveza en mano y pizzas sobre la mesa sugirieron ver la la típica película chorra para pasar el rato, propuesta a la que yo me sume debida a la segunda circunstancia, las inusuales buenas críticas que recibió el film de Dugan y su naturaleza de película paródica en relación al conflicto árabe-israelí.
Recuerdo que en su día leí una crítica de un reputado crítico de cine español que afirmaba algo así como que Dannis Dugan salía airoso de tan inusual propuesta con un film gracioso y que a la vez lanzaba algunos dardos envenenados contra la actual situación en Israel y sus vecinos árabes. Objetivo complicado, no cabe duda, yo como en ocasiones similares, me metí las manos en los bolsillos y me encogí de hombros hasta haber visto la película.
De entrada, en líneas generales, "Zohan" es un disparate irreverente muy en la línea de ese humor escatológico y políticamente incorrecto que tanto furor está desatando en Estados Unidos y en medio mundo y a cuyo fenómeno cinematográfico la web miradas.net por cierto, le dedica un jugoso dossier, en el que dicho sea de paso, un humilde servidor ha tenido el placer de participar. "Zohan" nos cuenta la historia de un (super) agente del Mossad (servicio secreto israelí) que harto de tanta lucha decide emigrar a los Estados Unidos para hacer realidad su sueño, ser peluquero. De este modo, Zohan, consigue trabajo en un pequeña peluquería de barrio en Nueva York regentada por una bellísima palestina (en realidad, la canadiense Emmanuel Chriqui). Y resulta que el tal Zohan, poco menos que les hace el amor a las clientas cuando les corta el pelo, y no digamos cuando se lo lava, cuando no directamente se las tira en la trastienda como aperitivo relajante por gentileza de la casa. Ya se pueden imaginar...
La verdad es que "Zohan" no merecería atención alguna sino fuera porque en efecto, plantea el conflicto árabe-israelí desde una óptica absolutamente disparatada sin dejar títere con cabeza ni en un bando ni en otro. Llama la atención contemplar a una familia israelí cuando le preguntan a la madre del hogar sobre cuando terminará la guerra entre israelíes y palestino y la señora dice llevamos 2.000 años peleándonos el final ya debe estar cerca o como un grupo de palestino planea matar a Zohan y uno de ellos dice no lo tengo muy claro, porque no se si voy con Hizbolá, Hamas... En fin... Lo verdaderamente encomiable de "Zohan" es como a golpe de humor grueso Dennis Dugan y sus guionistas (Adam Sandler, Robert Smigel y Judd Apatow) deslegitiman el conflicto como una estupidez sin demasiado sentido enraizada únicamente en una cuestión de odio ideológico y religioso de difícil solución. Obviamente la película no penetra tanto en la cuestión, pero se deja entrever un aroma de insensatez generalizada que apunta a ambos bandos.
Al final, obviamente, todo resulta muy light. Israelíes y palestinos que conviven calle con calle en Nueva York, poco menos que firman la paz entre ellos sin demasiadas complicaciones y no sólo eso, su unen para vencer a los verdaderos villanos de la función, una multinacional empeñada en construir un centro comercial en pleno barrio obrero neoyorquino. Como digo, todo muy light. En cualquier caso vale la pena destacar la mirada desperjuiciada que Sandler, Dugan y sus guionistas vierten sobre un conflicto milenario que visto con frialdad, no tiene nada de gracia, pero quien sabe si a través de la bufa, a alguien se le enciende la bombilla y cae en la cuenta de que esa situación, hace tiempo que dejó de tener demasiado sentido, tanto en lo que respecta a unos como a otros, y que sólo vale una cosa que va siendo hora de hacer, sentarse a hablar.
Recuerdo que en su día leí una crítica de un reputado crítico de cine español que afirmaba algo así como que Dannis Dugan salía airoso de tan inusual propuesta con un film gracioso y que a la vez lanzaba algunos dardos envenenados contra la actual situación en Israel y sus vecinos árabes. Objetivo complicado, no cabe duda, yo como en ocasiones similares, me metí las manos en los bolsillos y me encogí de hombros hasta haber visto la película.
De entrada, en líneas generales, "Zohan" es un disparate irreverente muy en la línea de ese humor escatológico y políticamente incorrecto que tanto furor está desatando en Estados Unidos y en medio mundo y a cuyo fenómeno cinematográfico la web miradas.net por cierto, le dedica un jugoso dossier, en el que dicho sea de paso, un humilde servidor ha tenido el placer de participar. "Zohan" nos cuenta la historia de un (super) agente del Mossad (servicio secreto israelí) que harto de tanta lucha decide emigrar a los Estados Unidos para hacer realidad su sueño, ser peluquero. De este modo, Zohan, consigue trabajo en un pequeña peluquería de barrio en Nueva York regentada por una bellísima palestina (en realidad, la canadiense Emmanuel Chriqui). Y resulta que el tal Zohan, poco menos que les hace el amor a las clientas cuando les corta el pelo, y no digamos cuando se lo lava, cuando no directamente se las tira en la trastienda como aperitivo relajante por gentileza de la casa. Ya se pueden imaginar...
La verdad es que "Zohan" no merecería atención alguna sino fuera porque en efecto, plantea el conflicto árabe-israelí desde una óptica absolutamente disparatada sin dejar títere con cabeza ni en un bando ni en otro. Llama la atención contemplar a una familia israelí cuando le preguntan a la madre del hogar sobre cuando terminará la guerra entre israelíes y palestino y la señora dice llevamos 2.000 años peleándonos el final ya debe estar cerca o como un grupo de palestino planea matar a Zohan y uno de ellos dice no lo tengo muy claro, porque no se si voy con Hizbolá, Hamas... En fin... Lo verdaderamente encomiable de "Zohan" es como a golpe de humor grueso Dennis Dugan y sus guionistas (Adam Sandler, Robert Smigel y Judd Apatow) deslegitiman el conflicto como una estupidez sin demasiado sentido enraizada únicamente en una cuestión de odio ideológico y religioso de difícil solución. Obviamente la película no penetra tanto en la cuestión, pero se deja entrever un aroma de insensatez generalizada que apunta a ambos bandos.
Al final, obviamente, todo resulta muy light. Israelíes y palestinos que conviven calle con calle en Nueva York, poco menos que firman la paz entre ellos sin demasiadas complicaciones y no sólo eso, su unen para vencer a los verdaderos villanos de la función, una multinacional empeñada en construir un centro comercial en pleno barrio obrero neoyorquino. Como digo, todo muy light. En cualquier caso vale la pena destacar la mirada desperjuiciada que Sandler, Dugan y sus guionistas vierten sobre un conflicto milenario que visto con frialdad, no tiene nada de gracia, pero quien sabe si a través de la bufa, a alguien se le enciende la bombilla y cae en la cuenta de que esa situación, hace tiempo que dejó de tener demasiado sentido, tanto en lo que respecta a unos como a otros, y que sólo vale una cosa que va siendo hora de hacer, sentarse a hablar.





