
Rara, rarísima vez se suele uno topar con una película de la naturaleza, la templaza y el nivel de inquietud que "Déjame entrar" verdadera sorpresa de la temporada filmada por el sueco Tomas Alfredson, un nutrido realizador forjado en la televisión. ¡Quien lo diría! Si la caja tonta suele formar a cineastas con más nervio que pulso, con Alfredson el asunto le ha salido al revés y el director sueco ha demostrado con "Déjame entrar" que más vale calma que prisa. Quizá desde "Los extraños" (un film tal vez más convencional pero no menos perturbador) no se veía asomar por las pantallas de todo el mundo un largometraje tan sólido y perturbador como el filmado por Alfredson.
Lo cual, de entrada demuestra una cosa, aunque el tema de los vampiros sea uno de los más recurridos de la historia del cine, aún se pueden decir cosas nuevas, y se pueden decir, de forma también nueva. "Déjame entrar" nos cuenta la extraña historia entre un niño, Oscar, y una niña, una vampira de, se supone, doce años. La idea, no podía ser más truculenta pues la infancia, supone una interesante y acertada aproximación a la temática vampírica debido a que los vampiros (y esto es algo que no siempre se ha entendido bien), son una personificación de un montón de cosas, sobre todo relacionadas con la moral. Bien es ciero que la novela original en la que se basa la película, abordaba cuestiones más bien espinosas acerca de la pedofília que "Déjame entrar" omite veladamente como si no fuera con ella aunque se deje oler cierta... atmósfera. cierto... aire..., no se... cierta... perversión...
En suma..., es cierto eso que dicen por ahí, "Déjame entrar" es una gran película, es un film complejo, con inquietudes, con propuestas, con ideas, con..., cosas que decir...y eso..., aunque parezca mentira, es raro de encontrar. No se la pierdan...