Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de diciembre de 2010

Paternidad


El pasado 18 de diciembre, cumpleaños de Steven Spielberg, fui padre. Lucía nació a las diez y cuarto de la mañana del sábado, después de doce horas de hacerse de rogar. Tras doce horas esperando en una sala de espera completamente sólo tuve tiempo de hacer un par de amistades fugaces con las que probablemente no me vuelva a encontrar y si me los encuentro será el típico rostro de de qué diablos me suena esa cara.
En fin, que todos muy bien, la niña, la madre y bueno, el que menos importa, yo también. De momento el balance es de 2-1; dos noches sin pegar ojos (pero sin pegar ojo literalmente) y otra de sueños intermitentes pero lo cierto es que sin pretender ser tópico, vale la pena.

miércoles, 8 de abril de 2009

Llorar



Dicen por ahí que admitir que una ha llorado viendo una película es una cosa muy rara de escuchar. No se. Me extraña, porque yo doy por hecho que todos hemos llorado alguna vez en una sala de cine, o en nuestra casa viendo una película y no admitirlo me parecería una actitud un poco ridícula. Yo recuerdo que una de esas primeras veces en las que las lágrimas comenzaron a brotar descontroladamente de mis ojos fue viendo "Despertares" de Penny Marshall, lo que no dice mucho a mi favor. Imagino que mis 14 ó 15 lozanos años tendrían algo que ver con eso, pero lo cierto es que hay lo retengo en mi memoria. Estar en una sala de cine y de pronto, sentir que necesitas llorar. Después la sensación es extraña, por un lado de liberación, de desahogo, por otro lado con un poco de amargura ante lo que te ha hecho llorar.
Otra de esas películas antológicas de lágrima fácil que me hacen llorar sin remisión una y otra vez, sin excepción, siempre que la veo es "El color púrpura". Si, ya se que la película no es de lo mejor que ha hecho Spielberg, pero me puede... Me pueden esas bellísimas imágenes (demasiado bellas de hecho), esa música de Quincy Jones, y esas hermanas llorando a moco tendido porque están siendo separadas como ganado, o porque se acaban de reencontrar décadas después... Si, ya se que esto tampoco dice mucho a mi favor.
También recuerdo que mis amigos de la infancia me advirtieron que había por ahí una película con la que iba a ponerme a llorar si o si. Yo, que por aquel entonces consideraba eso de llorar como algo muy poco habitual y excepcional, me puse a ver "Mi chica" completamente convencido que una película para niñas no me iba a hacer llorar de ninguna de las maneras. Pues si caballeros, lloré y además, a moco tendido otra vez. Y si, una vez más, sospecho que esto no dice nada particularmente bueno de mí.
Resulta curioso como con el paso de los años, las emociones también se han ido puliendo. Ahora también lloro, pero lo hago más de vez en cuando y con películas, creo yo, bastante mejores que las antes citadas. Por ejemplo, recuerdo que una vez fui al cine con mi madre (algo muy raro, por cierto) y vimos "A propósito de Smichdt". Allí conocí y hasta nuevo aviso me enamoré del cine de Alexander Payne. Recuerdo que está disfrutando de la película con sumo interés, sin perder detalle, nada hacía presagiar una catarata lacrimal. De pronto, un arrebatador primer plano de Jack Nicholson, nos muestra un hombre mayor que ya sólo le cabe esperar que llegue la muerte como se rompe a llorar ante la carta de un niño que ha apadrinado en el Tercer Mundo. Yo no pude soportar aquello... Bien es verdad que estaba yo un poco sensible porque no hacía ni dos días que una ex mía me había mandado a tomar viento a la vigésimo quinta farola, pero creo sinceramente que aquel fue un buen momento porque después salí del cine con cierta regeneración, cierta sensación de bienestar, de saneamiento. Llorar en un cine me había gustado, aquello no podía ser malo aunque ya tuviera unos añitos...
Yo creo que la última vez que lloré en un cine fue viendo "Big Fish". Al final, cuando Will Bloom deposita a su padre en el río y éste se convierte en un impresionante pez con la sencilla pero efectiva banda sonora de Danny Elfman... Estaba yo sólo en el cine. Como en otras ocasiones, no tenía yo previsto ponerme a llorar a esas horas, y menos aún en un cine, y todavía menos estando sólo, y desde luego jamás viendo una película de Tim Burton. Pero el caso es que el chasquido se produjo y de pronto me doy cuenta de que estoy llorando. Las luces están apagadas y yo me siento, hasta cierto punto, protegido, pero de pronto, algún insensato enciende las luces del cine y yo me veo con los ojos encharcados, lagrimones por la cara incluidos, sentado sólo en una butaca (bueno, de hecho, en la fila al completo sólo estaba yo) y me imagino la impresión que debía de dar ante quien me viera, allí sólo, empapado en lágrimas. Así que apresuradamente me levanto con la cabeza agachada, me quito algunas lágrimas y salgo del cine sin mirar a nadie a la cara.
Ya en la calle, quitándome todavía las lágrimas de los ojos, pensé, ¿pero será posible?, qué me pase esto a mi..., ¿a mis años?... Entonces después sonreí, aún cuando seguía yo sólo por la calle y los ojos los tenía aún acristalados. Me gustó, estuvo bien aquello. Y entonces, ocurrió algo. Me acordé de mi padre.


Creo que para cosas así también sirve el cine.

viernes, 6 de febrero de 2009

Misión cumplida




Pues ya lo he hecho, ¡y de qué manera! Ayer, a eso de las doce del mediodía me llaman y me dicen, ¿puedes dar tu clase de montaje hoy en vez de mañana como estaba previsto? Yo, trago saliva y como no se decir que no, pues digo que si. De modo que así me veis a mí tratando de hacerme con todo el material que había preparado y que ayer por la mañana tenía desperdigado por una serie de razones. ¿Solución? Un disco duro extraíble con varios vídeos y un pen-drive con otros tanto y el resto, Youtube. Es increíble en el portal de Internet está casi todo, escenas antológicas de cine clásico, moderno, de todo..., increíble.
Algún teórico francés, no se si fue André Bazin, dijo eso de el cine es el montaje y dado que una facultad de audiovisual, al menos en la mía, eso de historia del cine, se da pero no se da, disperso en varias asignaturas y en distintos años de la carrera (a mi no me quedó clara la cuestión hasta que no me leí por mi cuenta y riesgo una Historia del Cine), me pareció lo más lógico ofrecer una visión general de la historia del cine, una historia, que viene marcada por el montaje.
Me fui muy atrás la verdad. Empecé con los Lumiere, les puso desde "La llegada del tren a la estación de Paris" hasta "El gran robo al tren" de Edwin S. Porter. Cuando estaba en todo lo mío me di cuenta que en mi mente tenía un modelo, que sin darme cuenta, estaba emulando a una persona, a un antiguo profesor que tuve en la Universidad al que debo muchas cosas, a Marcelo (este es su interesantísimo blog), algunas expresiones, incluso algunos gestos... lo tenía grabado en la memoria después de años sin que me haya dado una clase. Con Marcelo, la verdad es que no es para menos...

Fue una experiencia maravillosa, me vi completamente suelto, y sobre todo, capaz. Tuve las salidas suficientes a todas las cuestiones que me plantearon y casi, casi, no me quedé en blanco casi nunca... (por lo visto parece inevtiable que en cinco horas uno, antes o después, se quede en blanco unos segundos...) Yo soy de los que le cuesta tirarse flores, pero la verdad, es que el asunto fue fluido y relajado. De Porter salté a los rusos, les puse la mítica escena de "El acorazado Potemkin" y le explique el conocido efecto Kulechov, en este punto concreto, les puse un vídeo bastante gamberro pero muy ilustrativo de lo en que consiste ese experimento. De Rusia regresé a Hollywood y expuse las líneas maestras del clasicismo americano con el clásico entre los clásicos, Howard Hawks. Me detuve en Hitchcock soltando algunas anécdotas bastante golosas, proyectando -no podía se de otro modo- la famosa escena de la ducha de "Psicosis" e incluso, poniendo una pequeña clase de montaje del propio Hitchcock que se puede encontrar en Youtube sin demasiado esfuerzo. Dando un pequeño salto me pase a las vanguardias, con la Nouvelle Vauge y un fragmento de "Alphaville" de Godard, para rápidamente regresar a Estados Unidos y rescatara a la denominada "generación de la televisión" (Frankenheimer, Penn, Kramer, Yates...), para ilustrar el momento, proyecté la que está considerada la mejor persecución de coches de la historia (¿?), "Bullit" de Yates. Y de ahí, volvimos a los orígenes clásicos con el "Nuevo Hollywood" con una formidable escena de "Tiburón".
Ya que estábamos metidos en la historia del cine/montaje, me pareció interesante meterme en camisa de once varas y penetrar en lo desconocido, más allá de donde he podido leer, simple y llanamente, porque está ocurriendo ahora, y hablé de lo que yo llamé "La generación Mtv". Llamé la atención sobre el hecho cierto y demostrado de que los actuales blockbuster hayan sido una creación de Lucas-Spielberg pero también subrayé el hecho de que al contrario que Lucas y Spielberg, esta nueva generación no viene capitaneada por una serie de directores convencidos de que son artistas (aunque al final se hayan convertido en los tiranos de Hollywood que ellos mismos evitaron a toda costa al principio de sus carreras), sino por un productor, Jerry Bruckheimer ("La roca", "Piratas del caribe", "SCI"...), lo que ya denota un sentido bastante más comercial incluso que antes. Recordé que un número importante de directores actuales llegan de la publicidad y que Bruckheimer, a partir de su éxitos, ha codificado el 80 por ciento del cine comercial que nos guste o no, está infectado a toda Europa. Como botón de muestra me pareció interesante proyectar una escena de "La roca". El film es de Michael Bay, el pupilo aventajado de Brukheimer, y además, la escena en cuestión era una persecución de coches por las calles de San Francisco, como en "Bullit". La comparación de ambas escenas, la de "Bullit" todavía fresca, me pareció interesante. Y así parece que fue.
Como guinda, y viendo que me sobraba algo de tiempo hablé de algo de lo que tampoco he leído demasiado aunque parece que siempre está implícito cuando se habla o se lee de cine y lenguaje cinematográfico, sobre lo que podríamos llamar el montaje sin corte. Es decir, la capacidad de algunos cineastas de organizar algunos planos de tal forma que el propio plano en si, ofrezca dentro de si, otros dos planos, gracias fundamentalmente, a un buen empleo de la profundidad de campo. Para la ocasión, puse un fragmento de "Marine la ladrona" impecable (en la imagen).
Casi cinco horas de haber empezado a hablar salí contento. Satisfecho. Acto seguido empezaron a llegarme a la cabeza cosas que podía haber dicho y no dije. ¡Mierda!, pensé. Incluso se me olvidó hablar del plano secuencia, pensaba ponerles o bien el principio de "Sed de mal" o incluso, el primer plano de "Snake Eyes" para demostrarles un poco que triples saltos mortales, todavía hoy día, se siguen haciendo, aunque sean con truco. Pero para entonces, empecé a darme cuenta de que había estado durante esas cinco horas en constante tensión. Mis músculos empezaron a relajarse y de pronto, sentí un cansancio arrebatador. Mi novia y nos amigos me esperaban en un bar. ¡Me tuve que tomar unas cañas! No tengo remedio. Al final, me acosté un poco tarde. Hoy a las 7, estaba en pie. A las 4 tengo que dar otra clase, ésta menos apasionante, sobre televisión. Tiene su punto también, he trabajado en el medio y lo conozco moderadamente bien. Pero no es cine...

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Lo prometido es deuda


Ahí van un par de fotos de un servidor (con cinco kilos más por lo menos) y David Arnold. Fue hace un año y pico, en el congreso internacional de Música de Cine de Úbeda. Fueron cinco días de infarto, de comer y beber cerveza por todos los costados (así volvi...). En aquel congreso tuve la grandísima suerte de conocer además de a Arnold, a John Debney (BSO "La isla de las cabezas cortadas", Bruce Broughton (BSO "El secreto de la pirámide"), John Powell (BSO "X-Men III") y el murciano Roque Baños (BSO "La comunidad") además de un grupo de gente magnífica, una auténtica cumbre de freaks no apto para cualquiera. Hasta yo pensé, nada más llegar y ver a algunos personajes: oh Dios, esto es demasiado freak para mi...
En cuanto a Arnold, ya os dije que era todo un personaje. Con diferencia era el más cachondo y el más cercano. No tenía inconveniente en estar un cuarto de hora haciéndose fotos con los fans que por allí pululaban que éramos unos cuantos. Recuerdo que en la charla que dio Arnold, a mi se me ocurrió hacer un pregunta y con voz temblorosa (estaba nerviosísimo) le pregunté que había pasado con "La isla de las cabezas cortadas" porque en los primeros carteles publicitarios de la peli Arnold aparecía como el compositor de la BSO. Cuando escucho esa pregunta me miro y puso una cara como qué cabrón, has dado en el clavo. Muy amable respondió que Renny Harlin, el director de aquella película sólo se ponía en contacto con el por medio de fax y que cuando Arnold le enseño un primer tema, Harlin puso caras raras, según Arnold, salió de la habitación y nunca más se supo. Luego, al salir de la charla me hice esa foto que tengo con el sólo y cuando me vio me señaló y me dijo; ¡great question!. Yo no sabía si darle las gracias o pedirle perdón.
Luego, la otra foto de grupo íbamos a ser dos o tres pero de pronto empezó a sumarse gente. Como veréis yo estoy al lado de Arnold, estábamos allí, posando cuando de pronto, por el rabillo noto que Arnold empieza a moverse poco a poco, de pronto lo miro y lo veo poniendo ese careto, yo me pongo a poner caretas, la gente se queda con la movida y todos a poner caras raras. Menuda fotito...
En fin, como veréis, un tipo la mar de majo y además, un compositor cojonudo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Londres


Balance total. 13 pintas en 16 horas (por cabeza). Todavía no me explicó cómo me pude levantar al día siguiente… La cerveza Pilsen, lo que ellos llaman Lager, típica de Londres, la Carlin, basurilla. Allí la que se está haciendo con el mercado es Stella Ardois, belga buenísima. Las Tabernas a las 12 chapan y te quedas en la calle. El Soho es una pasada. En la imagen, mi novia con un ataque de histeria contagiosa en una taberna londinense junto al Big Ben con cuatro o cinco pintas ya en el cuerpo, una pasada.
Picadilly, una oda al consumismo en pleno centro neurálgico de Londres, una ciudad repleta de callejuelas, tabernas y edificios increíbles. Trafalgar un disparate de grande y preciosa con el Big Ben de fondo. Visista al museo británico, la piedra de Rosseta impresiona una barbaridad, el friso de Partenon increible y Tutankamon, no estaba…
Estuve en la casa donde estuvo viviendo Alfred Hitchcock y me hice una foto en una estatua de Henry Irving, el actor para el que trabajó Bram Stoker y en cuyo rostro se inspiró para describir a Drácula. Tela...
Mucho, mucho, pero mucho frío. Nos nevó y todo una mañana. Cojonudo. Le hice una foto a los cines Odeon, donde se suelen estrenar las pelis con alfombra roja y todo. Como no podía ser de otro modo, allí estaba "Quantum of Solace".
Muchas, muchas cosas por ver. Fue un viaje fulminante con zarandeos incluidos en el avión que nos llevó a Inglaterra cuando aterrizó y bajada a empujar a un coche fastidiado en plena carretera de camino al aeropuerto, que nos tuvimos que apear del autobús y todo para empujar...
¿Mi inglés? Bien gracias. Obviamente se nos escapaban algunos matices, como aquella vez que pedí one toast y me pusieron dos tostadas...

miércoles, 19 de noviembre de 2008

32 años


Como decía Ralph Wiggum, hoy es el día que se celebra mi portentoso nacimiento. Una vida más, hace hoy 32 años, se dejó caer por este corral de insensatos al que llamamos mundo. 32 tacos..., ¡buff! Camino de los 35..., cuando me vaya a dar cuenta, ¡40! Pero bueno, bueno, no adelantemos acontecimientos. 32 años, si señor y bien llevados, eso creo vamos. El otro día, mi queridísima novia me montó una fiesta sorpresa en casa, imaginaos lo que es entrar a tu dormitorio y de pronto que de un vestidor, ¡un vestidor! salgan como diez personas, cámaras de foto en mano cegándote a flashes... Pero fue emocionante, nunca me habían montado una fiesta sorpresa...

Acto seguido pues eso, aperitivos, montaditos, cervezas, copas, en fin... Ahí estoy yo, en la imagen, con gorra al fondo. Muy buena mañana/tarde, si señor. A las diez de la noche todavía llegó un invitado rezagado, mi queridísimo amigo Antonio Rentero, que debió de haberse comido un jabalí entero el solito porque fue imposible convencerlo para que comiera algo por la noche...

Sabemos bien que los regalos son lo de menos pero tampoco le importan a uno. Y la verdad es que aquel día, el fin de semana pasado, recibí más regalos de los que he recibido nunca, pero tengo que destacar uno independientemente del regalo que supuso montarme esa fiesta sorpresa, y fue el presente de mi queridísimo amigo Sergio, que no se le ocurrió mejor cosa que regalarme un pack con 5 ó 6 DVDs de películas del destape... ¡antológico! Y ya no lo digo por "El ligero mágico", "Cristóbal Colón, de oficio descubridor", "Juana la loca... de vez en cuando", "Brujas mágicas", "Polvos mágicos" o "El erótico enmascarado", que eran las más conocidas, sino por títulos que yo francamente ignoraba, como "La masajista vocacional" o "La insólita y gloriosa hazaña del cipote de archidona"...(¡!). Pensarán, los que no me conocen que ya me vale..., pero lo cierto es que siempre he sentido simpatía por este cine, hoy defenestrado, pero fundamental para la industria del cine español en su día. Sólo un dato: en aquellos años 70 y 80 la cinematografía española recaudaba bastante más dinero que los productos genialoides actuales...

Pues hoy poco más. 32 lozanos años, dicen que no los aparento, ni con la barba... Supongo que será un cumplido. Pues eso, un abrazo.