Mostrando entradas con la etiqueta Clásicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Clásicos. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de marzo de 2009

James Stewart


El domingo, en la fantástica colección que sobre cine y periodismo está publicando un conocido periódico nacional, regalaban la película de Henry Hathaway "Yo creo en ti", con James Stewart. Recuerdo que vi está película hace años, pero es sin duda una de esos largometrajes que tengo que volver a revisar. El caso es que contemplando su portada me fije en James Stewart y pensé que aunque suene a tópico, resulta difícil a día de hoy encontrar un actor con su presencia y con su mirada. Stewart fue la quintaesencia del hombre medio americano d buena voluntad. Capacidad no le faltaba porque el actor norteamericano tiene algo en su mirada que lo baña en una inocencia que pocas veces hemos podido ver en la pantalla. Frank Capra debió pensar algo muy parecido, cuando lo eligió para protagonizar "Caballero sin espada", la primera gran película de Stewart y el primer paso que colocaría a Stewart en lo más alto del podium interpretativo de Hollywood. Con este film Stewart obtuvo su primera nominación al Oscar.
En "Historias de Filadelfia" Stewart se rodearía de los grandes (Cary Grant y Katherine Herpbun) en un glorioso papel secundario en un film irrepetible con un cineasta de los imprescindibles de la era clásica, George Cukor. Pero probablemente la película que lo terminó de lanzar definitivamente al estrellato fue "¡Qué bello es vivir!" una vez más de Frank Capra. La obra maestra de su director, film de referencia obligada e inyección de optimismo insólita en la historia del cine explotó la vertiente más emocionar de Stewart. El actor, encajaba como anillo al dedo en ese personaje al borde del suicidio salvado en el último momento por un compasivo ángel de la guarda en busca de sus alas. Es posible que James Stewart no desbordara nunca tanta inocencia y vitalidad. Irrepetible.
Y entonces llegó Alfred Hitchcock y Stewart tuvo que crecer. El genial director británico llevó de la mano a Stewart a lo más truculento de la especia humana en cuatro de las mejores y más maduras películas de Hitchcock, "La soga", "La ventana indiscreta", "El hombre que sabía demasiado" y "Vertigo", acojonante. Hitchcock utilizó los brillantes ojos claros de Stewart para incrementar la presión sobre sus personajes. Stewart, que nunca estuvo mejor frente a una cámara, sirvió de perfecto punto de apoyo sobre el que erigir las rocambolescas tramas hitchcockianas. Su aspecto de hombre humilde, corriente y molinete, pero también integro e incapaz de hacerle daño a una mosca, contrastaba con poderosa energía en los turbulentos mundos imaginados por Hitchcock, ya fuera una fiesta en la que se ha cometido un asesinato, al fresco de una ventana abierta con todos los vecinos a la vista siendo testigo de excepción de lo que podría haber sido un asesinato, en mitad de una conspiración a la cual no se sabe muy bien cómo fue a parar o como irremediablemente enamorado/obsesionado por una mujer que ha muerto.
James Stewart tuvo la suerte de trabajar con los mejores, en las mejores películas hasta el punto de que el actor que más película tienen en la popular lista de la United State National Film Register con 10 largometrajes. Y no es para menos, se puso a las órdenes de Hitchcock y Capra, pero también de Billy Wilder, Anthony Mann o John Ford, su filmografía esta repleta de películas míticas del cine de suspense, el western, la comedia, biopics... Pese a las cuatro nominaciones al Oscar sólo gano uno y fue al reconocimiento de toda su carrera. El American Films Institute lo nombró el tercer mejor actor de todos los tiempos detrás de Humphrey Bogart y Cary Grant. Yo, qué quieren que les diga...

viernes, 27 de febrero de 2009

La Pantera Rosa


Al ritmo de una pegadiza melodía compuesta por Henry Manccini una pantera de color rosa,conquistó el mundo. Fue en 1963 cuando Blake Edwards, por aquellos años un prestigioso director de Hollywood fue contratado por los hermanos Mirisch para que rodara una película sobre un ladrón de guante blanco. Era una película pensada para una estrella, David Niven. La producción se puso en marcha y según el guión había un inspector de la policía de Paris, Clouseau, que se tiraría todo el largometraje tratando de atrapar a Niven. El personaje de Clouseau lo iba a interpretar Peter Ustinov pero de pronto, el actor británico a falta de escasos días para comenzar el rodaje se retiró de la producción. Así, deprisa y corriendo comenzó la búsqueda de un nuevo Clouseau y Edwards se había fijado en un popular actor británico que por aquel entonces gozaba de cierta fama sobre todo, en los programas de humor ingleses, Peter Seller. A Seller, que tenía el ego subido por las nubes, lo hizo demasiada gracia eso de que lo llamaran como segundo plato, pero su representante insistió se trata de Hollywood.

Peter Seller se leyó el guión prácticamente por el camino y cuando llegó no tuvo que esperar mucho tiempo para ponerse a rodar. Cuando Seller se plantó delante de la cámara y Edwards grito acción se hizo el silencio. Sellers seguía el guión pero... había algo imprevisto, había chispa en aquello y de pronto, sin previo aviso, sin contar con el guión, Seller improvisó, el equipo de filmación estalló a reír y surgió la magia. Visto lo visto, Edwards le dio el suficiente margen a Seller para que improvisara y el propio director se sumó a ir añadiendo pequeños chistes visuales que poco a poco iban generando un personaje único, tanto, que terminó eclipsando nada menos que a David Niven.

Tras el éxito clamoroso de "La pantera rosa", Peter Seller se convirtió en una celebridad y le llovieron los proyectos, uno de ellos era un film de suspense titulado "Un disparo en la oscuridad". A Seller no le gustaba el guión y le pidió a su amigo Edwards que lo reescribiera y dirigiera él la película. Edwards le dijo sólo haría eso si introdujera al personaje de Clouseau. El asunto se plantea a los productores, que casualmente, eran los mismos hermanos Mirisch de "La pantera rosa" y Clouseau resucitó. Retitulada en nuestro país como "El regreso del inspector Clouseau" fíjese en que la Pantera Rosa como tal, aún no se asocia al personaje, es sólo el brillante del primer film, un McGuffin en estado puro que nadie suele recordar. "El nuevo caso del inspector Clouseau" funcionó muy bien en taquilla pero Seller no quedó nada satisfecho con el resultado final, de hecho, por lo visto fue un rodaje bastante tortuoso entre el actor y el director. Ambos terminaron la película sin ninguna intención de volver a trabajar juntos. Pese a todo y por suerte, Seller y Edwards eran magia en estado puro y ambos se volvieron a ver las caras en la fantástica "El guateque".

A mediados de la década de los 70, diez años después de "El nuevo caso del inspector Clouseau" ni Seller ni Edwards atravesaban su mejor momento, de modo que ambos decidieron recuperar a Clouseau paro ahora si, la cosa sería bien distinta. Edwards y Seller afrontaron el proyecto de una forma sensiblemente diferente, de entrada, el término Pantera Rosa se asociaría con el propio inspector, todos se dieron cuenta que incluyendo en el título las palabras Pantera y Rosa, el éxito se multiplicaba y después, Edwards reconfiguró a Clouseau que si en las dos primeras películas era un ingenuo infeliz absolutamente despistado, ahora sería un completo disparate, decididamente hilarante y completa y asumidamente enfocado hacia el humor algo que en los dos primeros films, casi, surgió por generación espontánea. "El regreso de la Pantera Rosa" es para mi, de las mejores. Hilarante hasta el disparate, desproporcionadamente surrealista, desconcertantemente descacharrante fue a partir de esta película además cuando a Clouseau se asociaría a una particular forma de hablar (que según parece escuchó Seller hablar así a un pasajero de un avión) que se come las palabras y pronuncias las cosas como le vienen en gana y su afición a disfrazarse. "El regreso de la Pantera Rosa" toma además prestados, modelos del cine de 007 con un pretendido villano marcadamente teatral que quiere dominar el mundo y para demostrar su fuerza hace desaparecer la sede en Nueva York de la ONU.

Nuevo éxito, Edwards y Sellers parecían haber dado en el clavo. Al año siguiente, en 1976 director y actor regresan con "La Pantera Rosa contraataca" donde Clouseau ya no sólo es la estrella, sino que es un completo idiota, ajeno al mundo que le rodea y los villanos que persigue. Pero además, en esta época Sellers ya estaba muy enfermo. Se había hecho una operación de cirugía estética y su rostro se había hecho más agresivo y menos inofensivo que el Clouseau original. Por aquel entonces Peter Sellers había sufrido dos o tres infartos, la situación era tan delicada que Edwards usaba constantemente un doble salvo cuando no había más remedio de que se viera la cara de Sellers. La relación Sellers-Edwards continuó siendo un volcán en activo que oscilaba entre la magia ocasional y los enfrentamientos. 1978 Edwards y Sellers se verían las caras por última vez en "La venganza de la Pantera Rosa", tal vez la película más mediocre de la era Sellers. Profundamente influenciada por la moda pop del momento, el film resulta tan disparatado que por momentos ni se sostiene en pie. Pese a todo, la película sigue atesorando algunos momentos ciertamente brillantes por obra y gracia del estilo Sellers.
Peter Sellers murió en julio de 1980. Pues bien, en 1982 Blake Edwards rodó "Tras la pista de la Pantera Rosa" con... Peter Sellers. Si señores, el señor Edwards ideó una trama según la cual Clouseau desaparecía durante los primeros minutos de película y resto del film era una entrevista tras otra a aquellos que lo habían conocido reproduciendo así pasados episodios de películas anteriores y escenas descartadas. La idea, que como se verá no tiene ni pies ni cabeza porque más que una película "Tras la pista de la Pantera Rosa" casi sabe a homenaje, posee algunos momentos ciertamente hilarantes rescatados de películas pasadas que ciertamente, no tienen precio como aquel momento de Sellers en el baño de un avión... "La maldición de la Pantera Rosa" repitió la fórmula anterior sin Sellers pero con Clouseau...
Blake Edwards exprimió más allá de lo tolerable el filón de la Pantera Rosa, no obstante se dio algún que otro desagradable incidente durante estos años. Fruto del desigual entendimiento entre director y actor, en 1968, después de la desafortunada experiencia profesional según Edwards y Sellers, ninguno de los dos quiso atender la petición de los Mirisch para resucitar a Clouseau, y entonces de decidió hacer un film sobre el personaje sin Edwards ni Sellers. El resultado fue "Inspector Clouseau", retitulada aquí no entenderé jamás por qué "El rey del peligro", con un director demasiado televisivo como Bud Yorkin y con Alan Arkin como imposible Clouseau. El asunto, no pasa de curioso.
Ya en la década de los 90, cuando Clouseau parecía permanecer encerrado en la galería del museo de los mitos del cine, Edwards lo utilizó una vez más como medida desesperada para reavivar una carrera ya, en franca decadencia. Utilizando la escusa de el hijo de... Edwards contrató a un cómico europeo, por aquel entonces, como Sellers en su momento, muy popular en su país de origen, Italia. El actor era Roberto Benigni y la película "El hijo de la Pantera Rosa". La película resulta ciertamente desigual, tiene sus momentos, pero porque Edwards es un genio del gag visual, pero el guión no se sostiene y aunque Benigni hace lo que puede por olvidar a Sellers, el asunto no paso de un quiero pero no puedo. Edwards parece ser que fue el primero que admitió que ese era su fin. Después no volvió a dirigir una película más.
Ya en el Hollywood del siglo XXI, el mundo de los remakes y los rescates desesperados de éxitos del pasado, Steve Martin capitaneó la recuperación del personaje y de la serie de la Pantera Rosa. Manteniendo los elementos básicos, Clouseau, el inspector Dreyfus (Kevin Kline), el odio antagónico del uno por el otro, la estupidez del primero y el dichoso diamante en cuestión, Martin construyó un vehículo para su lucimiento. El principal problema de esta nueva Pantera Rosa son varios, primero que Steve Martin no es Peter Sellers, no obstante Martin tomó la valiente decisión de no imitar a Sellers y construir su propio Clouseau. La idea era buena, arriesgada pero buena, lo que ocurre es que este Clouseau de Martin es un personaje demasiado ridículo tanto, que se nota que está hecho para hacer risa, se nota que abre, anda y viste para hacer risa, en el humor, cuando se nota que se quiere hacer risa, la comedia fracasa. Y segundo, el director del film Shwan Levy no es más que un artesano que trabaja de encargo sin personalidad alguna y desde luego, lejos de la sutileza y la elegancia que pese a todo, siempre tuvo Blake Edwards. Se pasa el rato si, pero uno termina de ver esta "Pantera Rosa 2000" queriendo revisitar los mejores episodios de Edwards-Seller. Hoy se estrena "La Pantera Rosa 2". ¿Será tan longeva esta nueva saga? Yo creo que no. Ni hay ingenio suficiente, ni valor suficiente y hasta que Steve Martin no penda de un hilo, tampoco necesidad suficiente.

jueves, 26 de febrero de 2009

"Million Dollar Baby"


Hoy pasan por la tele "Million Dollar Baby" aunque yo recomiendo encarecidamente que quien no la haya visto que se la compre en DVD y las vea antes que someterse a esa tortuosa experiencia que debe ser ver un film como el de Clint Eastwood constantemente interrumpido por los temidos cortes publicitarios y más aún, en la cadena en la que la emiten.
Yo recuerdo cuando fui a ver "Million Dollar Baby". Fui solo, convencido de que iba a ver una buena película de boxeo, la verdad, no esperaba mucho más. Cuando salí del cine, salí trastornado, o mejor, en estado de shock. No me esperaba eso. No me esperaba un film tan bello y a la vez tan amargo. No me esperaba comprender que alguien quisiera morir. No me esperaba una elipsis tan elegante y emocional como aquella que nos muestra a Frankie (Eastwood) saliendo del hospital cuando ya sabemos, ha tomado la decisión de terminar con la vida de Maggie (Hilary Swank). No me esperaba interesarme tanto por los personajes, que me parecieran tan humanos, incluido el personaje de Eddie, interpretado por Morgan Freeman, un buen actor, no digo yo que no, que se ha ganado la fama de actor que interpreta a personajes trascendentes y cada vez que lo veo salir en una película me pongo a temblar.
Yo creía que después de "Toro salvaje" era ridículo hacer un film de boxeo (a mi nunca me dijo nada "Rocky"), porque era imposible superar la película de Martin Scorsese. Pero Eastwood me enseñó que me había equivocado. Porque además, el director de "Poder absoluto" propone una aproximación radicalmente distinta al mundo del boxeo, tanto en su forma como en su contenido. Primero por su propia historia de superación de Maggie, una de las pocas veces que hemos visto a una mujer boxeando en una película. Pero bueno, esto es pura anécdota. Y luego porque la película de Eastwodd está rodada con tanta contención ya la vez elegancia, clasicismo, control de la puesta en escena, del ritmo y del sentido del plano, que nada tiene que ver la truculenta balsa de aceite que es "Million Dollar Baby" con el torbellino de vísceras que es "Toro salvaje". No digo que una cosa sea mejor que la otra, digo que son cosas distintas.
Clint Eastwood, que a lo mejor, como leí hace poco por un blog, puede que esté un pelín sobrevalorado (la verdad es que da la impresión de que todo lo que filma es una obra maestra, aunque sea la fiesta de cumpleaños de sus nietas), pero lo cierto es que ante una película como "Million Dollar Baby" sólo nos resta quitarnos el sombrero. Porque Clint Eastwood consigue algo que no se veía casi, desde el cine clásico, y es construir una abrumadora obra maestra sin que a penas nos demos cuenta de que hay unos actores y un operador de cámara que recibe órdenes de un director filmando lo que estamos viendo. Es decir, Eastwood, como narrador logra desaparecer entregándonos, con gran honestidad, la historia al desnudo. Con lo bueno y con lo malo. "Million Dollar Baby" es un film inmejorable, perfecto del primer al último fotograma, una obra maestra absoluta que en mi opinión, no ha sido superada aún por el propio director. Una obra maestra extraña, diferente, porque insisto, está libre de formalismos y guiños de autor y sólo hay una cámara que filma. Una obra maestra que demuestra que las grandes propuestas del arte (al menos en el cine), no está necesariamente en lo rocambolesco o en lo disparatadamente original, sino en los matices, los que en el fondo, siembran y sostienen el drama. Cine puro, cine del bueno, cine que como los buenos vinos, ganan con el tiempo. Para mi, ya, todo un clásico.

viernes, 13 de febrero de 2009

Viernes 13


No había caído yo en que hoy es viernes 13, lo cual me consuela, eso me dice que no soy supersticioso. Como es bien sabido, tan fatídica fecha originó una lucrativa saga del cine de terror por gentileza de Sean S. Cunningham, director y productor de la popular "Viernes 13". Sobre esta película, ya lo dejo bien claro el villano enmascarado de "Scream", existe el mito de que el film contabas las andanzas de un asesino con máscara de hockey llamado Jason Voorhees, cuando en realidad, la que iba degollando adolescentes por el campamento era la madre de éste, la apacible señora Voorhees que al parecer, iba matando jóvenes, casualmente con la testosterona por las nubes como venganza a la muerte de su hijo en ese mismo campamento.
"Viernes 13" tenía su gracia, justita, pero ahí estaba. El film era una consecuencia nada disimulada del éxito de John Carpenter y mejor película de aquí a Lima "La noche de Halloween" y como esta, su proliferación de secuelas sigue siendo actualmente una de las más inexplicablemente longevas de la historia del cine. "Viernes 13" ha tenido hasta la fecha diez secuelas, que se dicen pronto con títulos ciertamente divertidos. Fíjese cómo, conforme avanza el número de secuelas los títulos se iban haciendo más y más disparatados: a "Viernes 13" le siguieron, "Viernes 13. Parte 2", "Viernes 13. Parte III" (fíjese en el salto a números romanos...), "Viernes 13. El capitulo final" (ya, ya...), "Jason vive. Viernes 13 parte VI", "Viernes 13. Parte VII. La película", "Viernes 13. Parte VIII. Jason visita Manhattan" (¡!), "Viernes 13. Parte IX. Jason vuelve...para siempre" (¡¡!!), "Jason va al infierno" y "Jason X" esta última absolutamente disparatada con el invencible enemigo rebanando cabezas en una estación espacial en Marte... (¡¡¡!!!). Por si los títulos fueran poco pintorescos, uno puede tropezarse con estas películas con otros títulos de modo que seguirle la pista al asunto no es tarea fácil. Por si fuera poco, Jason ha aparecido en una de esas hilarantes propuestas de cócteles de monstruos en "Freddie Vs. Jason", tal disparate que al final, o le reías las gracias o te rasgabas las vestiduras.
Yo, tengo que admitir que he visto unas cuantas aunque francamente, hace tiempo que perdí el interés por situar determinadas escenas clones en esta o aquella secuela. El ya de por si frágil interés de “Viernes 13” se evaporó en “Viernes 13. Parte 2”, se hizo trizas en la tercera parte y a partir de aquí, honestamente, no recuerdo casi nada, sólo asesinatos sanguinolentos. Las más frescas que tengo en la memoria son “Jason X”, que al menos, no aburría y “Freddie Vs. Jason”, como he dicho, disparatada.
La saga de “Viernes 12”, como las secuelas de “Halloween”, popularizaron el mito de que eran producciones en el fondo del todo, moralizantes, que empapaban en sangre a todos aquellos jóvenes ligeros de cascos como castigo a su lasciva actitud. Aún suponiendo que en la cabeza de Cunningahm existieran esas intenciones, cualquier atisbo de intención por hacer llegar un mensaje se volatilizó pronto y claro está, en las últimas entregas no hay ni rastro de esto y tan solo un empeño por explotar al personaje que por lo visto, por el simple hecho de aparecen en pantalla, genera ingresos.
Hasta "Viernes 13. Parte VI", Jason Voorhes (siempre con la careta puesta y en su defecto, con el rostro desfigurado) fue interpretado por actores de tercera con poca o ninguna carrera cinematográfica. La cosa cambió con "Viernes 13. Parte VII", cuando el mítico asesinó fue interpretado por Kane Hooder, un reputado especialista muy habitual en la serie B americana. Hooder le puso cuerpo (que no cara ) a Jason en tres ocasiones consecutivas, hasta la llegada de Ken Kirzinger en "Jason X", otro especialista este si, muy solicitado en las grandes superproducciones de Hollywood.
Lo cierto es que a título personal, a un servidor nunca le ha interesado la serie de Jason, lo que no quita que me haya resultado sumamente curiosa la inagotable proliferación de secuelas. Pero cuando llevaron a Jason a Marte, lo siento, pero eso tenía que verlo y en efecto, el asunto tiene su gracia. ¿Terror?, ninguno, gracia, si uno se la sabe encontrar, si. “Freddy Vs. Jason” también me produjo mucha curiosidad, no me lo podía creer pero si, allí estaban los dos peleándose entre si, tampoco sin una pizca de terror y sin con mucho cachondeo. En cualquier caso, yo la verdad, me quedo con “Jason X”, que ya es decir…
El caso es que mientras Hollywood ya ha lanzado su particular remake bajo la bendición de Michael Bay ("La roca) y la dirección de Marcus Nispel (director de otro remake, "La matanza de Texas"), Sean S. Cunningham sigue estrujándose la cabeza para exprimir, aunque sea un poco más el filón de Jason. Probablemente, consciente de que el film de Nispel pondrá de nuevo de actualidad a la criatura, Cunningham ya se encuentra preparando el rodaje de "Black Friday 3D"... Desconozco si el invento es una nueva y retorcida vuelta de tuerca al asunto Jason en plan 3D o si es que Cunningham directamente, ha perdido la cabeza en cualquier caso, culpa de Cunningham no es, que hace una película como esta y la vende, se la compran, y la ven. En todo caso preparaos para volver a tener a Jason en las pantallas de todo el mundo y lo que es peor (o curioso en todo caso), amasando millones de euros y de dólares. Otro día, hablaremos de este revival de los 80...

jueves, 5 de febrero de 2009

"Suspense" de Jack Clayton


"Suspense" nos dejó a más de uno con la boca abierta. De pronto, de la nada, fuera de los espacios especializados en el horror, existía una formidable película de terror que jugaba con las sugerencias y los tópicos del miedo de una forma absolutamente brillante. Fue a través de "Suspense", como yo conocí la existencia de una genial novela, "Otra vuelta de tuerca", del no menos estimulante Henry James. En 1961, año de producción de "Suspense" el cine de terror andaba ya un poco titubeante. La Hammer comenzó a mostrar preocupantes síntomas de agotamiento y en Estados Unidos ya se estaba fraguando lo que pocos años después generaría propuestas tan osadas y rupturistas como "La noche de los muertos vivientes" (1968) o "La matanza de Texas" (1974). Pero antes de esto, como siempre, el genial Alfred Hitchcock había removido los cimientos del género con una novelucha de tres al cuarto que el orondo cineasta británico convirtió en una obra maestra, "Psicosis" (1960).
Pues bien, en este contexto, un relativamente joven (tenía 40 años y "Suspense" era su cuarta película) director británico, oriundo del movimiento Free Cinema (bajo ese sello Clayton filmó "Un lugar en la cumbre"), recogió una obra maestra de la literatura universal con sus raíces impregnadas del modelo clásico de las casas encantadas y la estimuló con una de las lecturas más apasionantes que jamás se hayan hecho de la obra de James. Clayton, que no era tonto, supo rodearse de algunos de los más prestigiosos profesionales, entre ellos, Truman Capote para que le escribiera una adaptación de la novela de James, el director de fotografía Freddie Francis y la actriz inglesa Deborah Kerr.
Rodada en riguroso blanco y negro (una opción lógica para la temática de horror clásico de la cinta pero también muy arriesgada para 1961) "Suspense" cuenta la, en principio, anodina historia de una institutriz, la señorita Giddens, que viaja a una mansión a hacerse cargo del cuidado de dos niños... No hace falta decir que pronto, en la mansión de marras, comienzan a pasar cosas raras, fundamentalmente, la presencia de una extraña figura de lo que parece ser un hombre, ruidos, golpes, en fin.., lo habitual en estos casos. El asunto, comienza a ponerse más truculento de lo habitual cuando comenzamos a percibir cierta conveniencia por parte de los pequeños con los extraños sucesos que se suceden en la casa, sobre todo, del niño, personaje sobre el cual recaerá buena parte de la... atención de la señorita Giddens.
Así las cosas, y dada la exquisita puesta en escena de Clayton, el guión a prueba de bomba y al formidable trabajo de fotografía en blanco y negro de Francis, "Suspense" consigue proponer una inquietante historia de amor bajo las figuras amenazantes de una típica Ghost House. "Suspense" además invita a un buen número de lecturas, casi tantas como la novela de Henry James o incluso más, porque en el film de Clayton, los matices visuales y sonoros incluso, logran tomar una entidad difícilmente equiparable a la de un libro, como ese piar de los pájaros al final de la película que sugiere, una tórrida historia de amor incestuoso.
"Suspense", aunque superior a películas como "Al final de la escalera", ha logrado hacerse poco a poco y sin hacer demasiado ruido, un significativo hueco entre los fans del terror y amantes del cine en general, hasta el punto de que directores tan populares como Alejandro Amenábar admitiera públicamente, que "Suspense" era una de sus película favoritas y una importante fuente de inspiración para su película "Los otros" (yo iría más allá y diría que la película de Amenábar era algo así como la versión intelectualmente descafeinada del film de Clayton).
En 1967 Jack Clayton filmó otra inquietante historia con niños, "A las nueve cada noche". La película gira en torno a la historia de ocho hermanos que tras la muerte de su madre deciden enterrar el cadáver en el jardín y seguir su vida como si nada hubiera pasado, aunque eso si, consultando a su madre las decisiones más importantes a través de una de las hermanas, que sentada en una inquietante mecedora, parece ponerse en contacto con la madre muerta. Punto de partida muy propio de un film de horror que no obstante, deriva en una trágica historia de la ausencia de una figura paterna (que no materna), degenera a un drama casi social salpicado de elementos de horror.
En cualquier caso, una película por debajo del riesgo, el rigor y las transgresión de "Suspense", un film que recomiendo encarecidamente que vean todos aquellos que no lo hayan visto, porque además de ser un largometraje abierto a un buen número de complejas lecturas es además, un estimulante film de terror.

miércoles, 28 de enero de 2009

50 años de faldas y un poco de locura...


El próximo 29 de marzo la genial y desternillante obra maestra de Billy Wilder, "Con faldas y a lo loco" cumplirá 50 años, parafraseando a Sugar Kane Kowalczyk (el papel que interpreta Marilyn Monroe en la película), 50 años son medio siglo, le hace a uno pensar... Pensar por qué ya no se hacen películas así, por qué no se hace comedias así, por qué no se escriben guiones así, por qué no se explota a actores así, por qué ya no hay mujeres, o al menos no se publicitan así, por qué no hay actores como Lemmon... Son muchas las cosas que hace pensar una película como "Con faldas y a lo loco" (su título original es "Some Like it Hot", todo un reto para los traductores que viene a decir algo así como "a algunos les gusta caliente") y muy poco el consuelo que provoca, salvo su mera existencia, una milagro cinematográfico de primera magnitud. En los 50 años de historia del film de Wilder la película no ha envejecido un ápice, su mito se ha multiplicado, su grandeza se ha extendido y sus chistes continúan intactos.
Cuando "Con faldas y a lo loco" se puso en marcha nadie en la Warner Bros. quería a un actor como Jack Lemmon, joven e incipiente intérprete que hasta la fecha no había protagonizado aún ningún título descatabale pese a tener a sus espaldas más de una veintena de trabajos para cine y televisión. Nadie quería a Lemmon, pero Wilder se empeñó en que ese era su hombre. Y no se equivocó. Cuentan los que estuvieron allí los primeros días de pruebas y ensayos generales, que la primera vez que Lemmon y Curtis se disfrazaron de mujeres fueron juntos desde sus camerinos hasta el estudio disfrazados para comprobar si alguien los reconocía. Nadie se percató de que eran Lemmon y Curtis. Dicen también, que Lemmon se encontraba mucho más cómodo vestido de mujer que Curtis. El protagonista de "El apartamento" fue ponerse unos tacones y una falda y empezar a comportarse como una mujer. A Wilder se le hacían los ojos chiribitas cuando veía la mina que tenía en Lemmon.
Billy Wilder decidió rodar "Con faldas y a lo loco" porque temía que ante una iluminación en color, Curtis y Lemmon resultaran demasiado grotescos maquillados de mujeres. Existen algunas fotos en color de ambos actores y ciertamente, se genó con anteponiendo el blanco y negro al color. Pero sin duda, el gran mito de aquel glorioso rodaje fue sin duda, Marilyn Monroe. Por lo visto, sistemáticamente, la exuberante actriz llegaba tarde todos los días, prácticamente, sin excepción. Tanto, que cuentan que el último día de rodaje, filmando la última escena de la película, la Monroe no se presentó. Wilder, harto de esperarla, decidió rodar sin ella y guiado por una inspiración divina, él y su amigo y co-guionista I.A.L. Diammond idearon un nuevo final. Wilder ha gustado de alimentar el mito de a quien se le ocurrió aquello de nadie es perfecto, pero en declaraciones anteriores, el director de "En bandeja de plata" admitía abiertamente que aquella frase fue cosa de Diammond.
A Wilder también le ha gustado alimentar el mito de esa Marilyn Monroe catastrófica ante la cámara si no había un buen director, él, que la pusiera en su sitio. Una de las anécdotas más repetidas por Wilder es aquella en la que estaban rodando una escena en la que Marilyn debía llamar a una puerta, preguntar si había alguien en la habitación, abrir un cajón y preguntar por la botella de Whisky. En ese orden concreto. Imposible. Marilyn preguntaba primero, llamaba después, entraba primero, preguntaba después, preguntaba por el Whisky, llamaba después, en fin..., un desastre. Cuenta Wilder que cuando llevaban las 50 ó 60 tomas, cada toma costaba una fortuna al estudio y cada día de rodaje un capital. De modo que Wilder, se acercó a Marilyn consciente de lo apurada que debía estar la actriz y le dijo, bien Marilyn, no te preocupes por nada y Marilyn respondió, ¿preocuparme por qué?. Ante esto Wilder solía decir, así era Marilyn...
Cierto o no, y todo parece indicar que así fue, Billy Wilder ha demostrado en sobradas ocasiones que es un excelente director de actores. La crítica en general reconoce sin ambages que Mariyn nunca fue tan buena actriz como cuando fue dirigida por Wilder, un hombre con una lengua especialmente entrenada para la sorna más ácida y un sexto sentido para la comedia. Un buen ejemplo fue la escena de las maracas de Jack Lemmon. En la secuencia, Lemmon le anuncia a Curtis que se va a casar con Osgood Filding III, un viejo verde y aburrido millonario interpretado de forma magistral por Joe E. Brown. En la escena, Lemmon después de cada frase agita las maracas. El asunto, que puede resultar absolutamente banal visto hoy el film, pero en realidad, el gesto era una medida tomada con toda precisión con Wilder, pensada para que después de cada frase de Lemmon, un chiste potencialmente gracioso, el público se riera y mientras Lemmon agitaba las maracas de modo que las carcajadas no eclipsaran la siguiente frase del actor. En suma un perfecto ejemplo de ritmo en la comedia, no por mayor acumulación el asunto se torna más gracioso, al contrario.
Poco después de su estreno, se lío un buen barullo porque a Tony Curtis, que había compartido con Marilyn una de las escenas más tórridas de toda la película, se le ocurrió decir que besar a Marilyn había sido como besar a Hitler. Curtis ha estado matizando desde entonces aquella afirmación, asegurando que no era una cuestión de rechazo a la indiscutible belleza de la Monroe, sino que era una cuestión de presión provocada fundamentalmente porque en aquella escena, en todo momento, hubo una tutora con aspecto de agente de la SS delante de ambos para asegurarse de que nadie se aprovechara de la ingenua actriz.
Estas y probablemente muchas historias alimentaron uno de esos rodajes donde todo encajó a la perfección; el guión, la historia, los chistes, los actores, la planificación, el montaje y hasta las improvisaciones. Todo. Y todo encajó con la precisión de un mecanismo de relojería pero sin su frialdad. La película además, no sólo resulta desternillante sino que además, plantea una serie de cuestiones muy golosas sobre la dinámica del disfraz y el rol que todos los días desempeñamos los seres humanos en nuestro día a día. Una película redonda en suma que ha ocupado en no pocas ocasiones, los primeros puestos, sino el primero, como la mejor película de la historia del cine. Tal vez decir tal cosa sea decir demasiado, pero lo que si parece claro es que "Con faldas y a lo loco", visto lo visto, se tercia un film irrepetible. Por 50 años y por otros 50, como mínimo, si perder un ápice de acidez, diversión, ritmo y descaro.

lunes, 19 de enero de 2009

Poe... 200 años después.


Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe, quizá el escritor más importante del romanticismo norteamericano. Murió con tan sólo 40 años y aunque la causa de su muerte nunca fue del todo aclarada, parece que tuvo mucho que ver su desmedida afición al alcohol. Dada la profusa obra de Poe, su abultado número de relatos cortos y su tendencia a un tenebrismo natural, el cine no tardó demasiado tiempo en percatarse que en la obra de Poe había una mina de oro. Pese a todo, la relación Poe/cine ha sido abundante si, pero también desigual. Existen exactamente, 201 películas acreditadas que están basadas o inspiradas en relatos de Poe, en las que se incluyen episodios de series de televisión ("Historias para no dormir" sin ir más lejos), cortometrajes y claro, largometrajes. Oficialmente, la primera película basada en una obra de Poe fue "Sherlock Holmes and the Great Murder Mistery", un film mudo del año 1908 de director desconocido y basado en su relato "Los crímenes de la calle Morgue". Su historia más popular "El cuervo", fue adaptada en 1912, en un cortometraje, también de director desconocido titulada como no podía ser de otro modo "The Raven".

Pero Poe cobraría verdadera entidad en el cine a escala internacional hasta el aterrizaje del director norteamericano Roger Corman y la productora AIP (American International Pictures) gracias al largometraje "La caída de la casa Usher". El film, que era una respuesta de la serie B americana a los éxitos de la serie B inglesa (la Hammer), se saldó con un clamoroso éxito y raudo y veloz, Corman se dispuso a adaptar otros relatos de Poe. En total, Corman filmó seis largometrajes basados o inspirados (a veces, de forma muy lejana) en relatos del escritor norteamericano: "El péndulo de la muerte" (1961), "La obsesión" (1962), "Cuentos de terror" (1962), "El cuervo" (1963), "La máscara de la muerte roja" (1963) y "La tumba de Ligeia" (1964). Rodadas con presupuestos reducidísimos y en un tiempo record, la serie Poe/Corman se caracterizó fundamentalmente por respetar lo justo el original literario, el particular uso que del color hizo Corman, sus decorados siempre situados en entornos -dramáticos y narrativos- muy similares (grandes mansiones, personajes de una aristocracia decadente, cementerios neblinosos y por lo general, un sentimiento de locura que persigue y claro, alcanza a su protagonista, que en todos y cada uno de los casos tenía el rostro de Vincent Price). La serie, es de demonio público, es irregular en su conjunto aunque terriblemente interesante. Corman combinó en cuatro años de frenético trabajo películas ciertamente contenidas e inquietantes ("La caída de la casa Usher"), experimentos formales cercanos a la vanguardia ("La máscara de la muerte roja") y verdaderos disparates conceptuales, narrativos y dramáticos ("La tumba de Ligeia").

Pese a todo, con sus subidas y bajadas, Poe nunca volvió a estar en el candelero de la actualidad cinematográfica durante tanto tiempo seguido, con tanto éxito e -irregular y todo- con tanto interés. El escritor romántico fue expoliado para justificar insufribles películas de terror, fundamentalmente italianas plagas de zombis y cadáveres vivientes. En 1969, el director Gordon Hessler trató de resucitar a Poe a destiempo y con más empeño que ingenio filmó dos únicas películas, la primera, "The Oblong Box", de nuevo con Price y "Los asesinatos de la calle Morgue" (1971) con escaso éxito. Por aquellos años, el público estaba temblando de miedo ante películas como "La noche de los muertos vivientes" y la obra, fundamentalmente atmosférica de Poe, o se trataba con sumo cuidado o se mostraba caduca ante gustos que nada tenían que ver con obsesiones y el miedo al perder el juicio.

Nuestro inefable (ahora aplaudido por la Academia de Cine español que le van a dar un Goya honorífico) Jesús Franco, también echó -más o menos- mano de Poe, en tres ocasiones, de forma declarada con "La noche de los asesinos" (1976), "Venganza en la casa Usher" (1982) y "En busca del dragón dorado" (1983) con los habituales resultados de un film de Franco... Además, buena prueba de las formidables posibilidades de la obra de Poe es sin duda el film "Historias extraordinarias" (1968) un largometraje de segmentos compuesto por tres historias dirigidas por cineastas tan disparares como Federico Fellini, Louis Malle y Roger Vadim. Otra buena muestra de que Poe podía llegar a sacar lo mejor de un autor es "Los dos ojos del diablo", un largometraje de segmentos dirigidos por George A. Romero y Dario Argento en estado de gracia, ambos.

Por si todo esto fuera poco, Edgar Allan Poe ha servido de inspiración no admitida o la menos, no acreditada en un buen número de películas. Quizá la más popular sea "La niebla" de John Carpenter donde una espesa niebla encubre a unos espíritus dispuestos a ejecutar una sanguinolenta venganza (pese al resumen aquí expuesto, los que no hayan visto el film de Carpenter no se asusten, la película es una obra maestra del género), pero Poe también he servido de inspiración no admitida al menos públicamente en películas menos honrosas, como "Horror" (1963) de Alberto de Martino.

De igual modo, cabe recordar que Poe también ha servido para hacer reír, o al menos, una variación de su universo aunque permaneciera su esencia, por obra y gracia de algunos genios de la animación, encabezado por Tex Avery y terminando por "Los Simpson" que hicieron un simpático homenaje al popular cuento de Poe "El cuervo", escrito por Sam Simon y dirigido por David Silverman, no por casualidad el co-director de "Monster SA".

En los últimos años, no crean que el atractivo-Poe ha descendido. Sólo en 2008 se filmaron tres películas basadas/inspiradas en el universo Poe, la película de episodios "The Horror Vault 2" de varios directores y ninguno a retener en la memoria, una nueva versión de "El péndulo de la muerte" de David DeCoteau y "Tell-Tale", tal vez el film con mayor posibilidades comerciales dirigido por Michael Cuesta y con Johs Lucas y Brian Cox. Y aún no llevamos ni un mes de 2009 y ya hay una cinta inspirada en Poe preparándose, una nueva secuela de "The Horror Vault".

En suma, un autor universal e inagotable. Es lo que tienen los autores del horror, que es fácil dejarse llevar por su aura de misterio y tenebrismo, pero que es muy complicado trasladarlos con dignidad. En cualquier caso, hoy es un buen motivo para releerse una vez más "El cuervo", la obra maestra de un autor que redefinió el romanticismo y reinventó el relato detectivesco sin es cual, Arthur Conan Doyle y la misma Agatha Christie no serían los mismos. Y todo, parido por un hombre complejo, contradictorio, difícil y hermético, que paradójicamente no ha generado ningún largometraje que se ocupe de su figura, salvo un curiosísimo cortometraje de David W. Griffith "Edgar Allan Poe" de 1909 y otro corto del año 22 del mismo título dirigido por James A FitzPatrick. En todo caso hoy, Baltimore, lugar donde murió Poe en 1849, está inmersa en una frenética semana plagada de festejos dedicados a su habitante más ilustre. Y hoy, Baltimore, también espera expectante a que se producta el misterioso acontecimiento que desde 1949 no ha fallado ni una sola cita. Desde hace hoy, 60 años, un desconocido cuya identidad nadie conoce y que es llamado por los vecinos como Poe Toaster, acude cada año religiosamente al cementerio de Old Western para depositar sobre la tumba del ilustres escritor una botella de coñac casi vacía y un ramo de rosas.

Poe, no se merece menos.

lunes, 12 de enero de 2009

El hijo de Frankenstein


Últimamente ando revisionando buena parte de las películas que los estudios Universal dedicó al monstruo de Frankenstein. "El doctor Frankenstein" y "La novia de Frankenstein", ambas de James Whale, "El hijo de Frankenstein" de Rowland V. Lee, "El fantasma de Frankenstein" y "La zíngara y los monstruos", también conocida como "La mansión de Frankenstein" ambas de Erle C. Kenton. Frankenstein, al contrario que Drácula, aguantó mucho mejor el paso de los años en aquella dorada etapa del horror. En general, el mito creado por Mary W. Shelley proporcionó mejores películas que el legendario vampiro transilvano, exprimido y agotado en su primera aparición cinematográfica en Hollywood por gentileza de Bela Lugosi, demasiado intenso, demasiado abrupto, demasiado...
Frankenstein en cambio, una vez el estreno de "Drácula" puso de manifiesto el interés del público por este tipo de películas, gozó de una mayor libertad creativa y dejó las manos de James Whale algo más libres. "El doctor Frankenstein" y muy especialmente, "La novia de Frankenstein" certificarían el buen estado de salud del mito. Aún así, el moderno prometeo soportó con toda dignidad una tercera secuela nada desdeñable que vendría filmada en esta ocasión por Rowland V. Lee, un formidable director forjado entre las paredes del cine mudo que logró destacar demasiado tarde en un entorno un sistema ciertamente emético hasta el punto de haber pasado desapercibido durante años. Lee no sólo filmaría una dignísima secuela de Frankenstein con "El hijo de Frankenstein", sino que además rodaría películas tan notables como "La torre de Londres", con Boris Karloff o "El capitán Kidd" con Charles Laughton.
"El hijo de Frankenstein", se nota a la legua, todavía fue un proyecto de la Universal planteado con seriedad, esto es, se ofreció el papel de la criatura de nuevo a Boris Karloff, que lo aceptó y se recurrió, nada menos que a Bela Lugosi para que interpretara a Igor (una curiosa paradoja sabiendo que Lugosi negaría en su día meterse en la piel de la criatura por considerarla una interpretación de segunda). Y luego, claro, su guión, escrito por Wyllis Cooper, que ese mismo año 1939 había perfilado el guión de "El acecho del fantasma" con Lugosi.
Lo primero que le puede llamar la atención a un espectador moderno de "El hijo de Frankenstein" es comprobar que fue está película de la serie, y no las dos primeras, la que inspiró más directamente a la celebérrima película de Mel Brooks, "El jovencito Frankenstein". Ambas cuentan básicamente lo mismo, la llegada al castillo de Victor Frankentein de su hijo bajo el recelo de los lugareños que ven en el vástago del científico un nuevo esbozo de horror y sangre. Incluso el divertido policía que en la versión de Brooks tenía un brazo de madera y hacía disparatados movimientos para, pongamos por caso, encenderse un cigarro, está en "El hijo de Frankenstein", menos hilarante desde luego, pero que no puede evitar esbozar una sonrisa al verlo y recordar el film de Brooks.
Anecdotario a un lado, lo cierto es que "El hijo de Frankenstein" es una película valiosa, por varias razones. En primer lugar porque como afirma el historiador cinematográfico David J. Skal, el film de Lee cierra una etapa muy particular en los estudios Universal y en esta lucrativa etapa del cine de terror de los 30, 40 y 50. "El hijo de Frankenstein" es el último film de esta época que todavía cultiva y explota los signos visuales a partir de los cuales se configuró todo el cine de terror de la Universal; el expresionismo alemán. Como afirmaba Skal la película de Lee todavía mira hacia atrás, en vez de hacia adelante, de modo que hunde sus raíces en esa óptica adulterada de las trascendencia que fue el expresionismo. Sombras abigarradas, líneas y vértices que sugieren desequilibrio, contraste entre luces y sombras. Todo el expresionismo domesticado por Hollywood está en "El hijo de Frankenstein".
Además, "El hijo de Frankenstein" atesora multitud de detalles que cultivan el mito de Frankenstein en vez de detonarlo en mil pedazos, como ocurriría a partir de ahora en la Universal. La presencia de Boris Karloff ya garantiza cierto estoicismo en el conjunto, Bale Lugosi borda un papel que según dicen, fue literalmente improvisado por el actor poniendo de relevancia el buen intérprete que hubiera podido llegar a ser Lugosi si no se hubiera obsesionado con la capa y los colmillos del conde Drácula. Y en todo esto, Rowland V. Lee mantiene el tipo con suma dignidad. Si bien no llega a los extremos de James Whale, Lee mantiene una puesta en escena coherente, sin efectismos ni subrayados fuera de lugar, con respeto y con la pasión justa como para no perderse en lo desatado. Todo un ejemplo de film artesanal, impersonal dirían algunos, pero terriblemente correcto y contenido. Una película a reivindicar.

lunes, 5 de enero de 2009

Las manos (o la hija) de Jack el destripador


En la década de los 70 la Hammer ya no era lo que fue. Su cine se estaba haciendo cada vez más vulgar, esto es, más obvio, en tanto a estirar aquellos elementos que suponían, atraían a las masas, con el sexo y la violencia a la cabeza. Por esta razón, la presencia de una película como "Las manos del destripador", filmada en 1970 y con un director tan temible como Peter Sasdy supone en si misma toda una rareza por varias razones. La primera es que pese a su hilarante historia, la película, técnicamente, no se capuza en el terreno del cine fantástico, o dicho de otro modo, que la película no va de vampiros, momias, ni hombres lobo. Y en segunda lugar por su propia trama, hilada con alfileres y sostenida con la misma estabilidad que un castillo de naipes. Os cuento; la hija de Jack el destripador, que no sabe que es la hija de tan ilustre asesino, tiene un terrible recuerdo de su padre asesinado a su madre en el inconsciente, tal es así, que cuando sus ojos reciben el reflejo de un cristal o similar, algo se activa en su interior y de algún modo, su padre, toma posesión de sus actos y se liquida al personaje que tenga delante sin contemplación alguna. Ahí es nada...

De entrada, vale la pena destacar que "Las manos del destripador" se beneficia de la presencia de Eric Porter, un distinguido actor británico que si bien no es Peter Cushing, dota a la alambica trama de la credibilidad justa para no caer en el ridículo. También vale la pena rescatar la labor de Peter Sasdy (también director de "La condesa Drácula"), un cineasta que si bien no merece ser destacado, su paso por la Hammer al menos fue correcto y por lo menos, no se recreó en exceso en mancillar los ya de por si tambaleantes cimientos de la Hammer Films. Además, "Las manos del destripador", debido quizá a lo extraño de su trama y a la propia óptica aplicada por Sasdy, entre lo presumible y aparentemente clásico de la propuesta y sus tics modernistas (zooms, el uso del color, determinados movimientos de cámara, el uso de la cámara lenta...) consiguen que el resultado final se beneficio de cierto aroma a extrañeza, a aire enrarecido que dotan al film en su conjunto de una agradecida atmósfera insana, incómoda.

En suma, "Las manos del destripador" no es ninguna obra maestra pero si que es un producto digno para haberse rodado en unos años muy delicados para la Hammer. Sin demasiados ni molestos excesos, "Las manos del destripador" si bien no dignifica al propio y legendario asesino londinense, si que salva honestamente los muebles de una productora que hacía tiempo ya, había perdido el norte.

martes, 30 de diciembre de 2008

La condesa sangrienta


Hay dos relatos de vampiros asumidos por todos los estudiosos del tema como las principales fuentes de inspiración de Bram Stoker para escribir "Drácula". La primera es "El vampiro" de John William Polidoiri, aunque hay quien sospecha que en realidad se trata de una historia concebida por Lord Byron en la celebérrima reunión en villa Diodati donde Mary Shelley creó su fundamental "Frankenstein o el moderno prometeo", que posteriormente se apropió Polidoiri. La otra es "Carmila" de Joseph Sheridan Le Fanu.
"Carmila", como "Drácula", está basada en un personaje real, la condesa eslava Erzsébet Báthory, nacida en 1560 y muerta en 1614. Según cuenta la leyenda, Erzsébet, estaba obsesionada con la belleza. Un día, una sirvienta adolescente estaba peinando a la condesa y le dio un tirón en la cabeza. Erzesébet le reventó la nariz de un bofetón y la sangre de la joven salpicó la cara de la condesa. Poco después, Erzsébet creyó que allí donde había caído la sangre las arrugas habían desaparecido (tenía 44 años, una edad cercana a la ancianidad en aquella época) de modo que se puso manos a la obra. Según el propio diario de la condesa, Erzsébet Báthory asesinó a más de 600 jóvenes de entre 9 y 26 años. Se bañaba en su sangre, convencida de que así, recuperaría su lozanía juvenil. Al final, una joven logró huir y denunció los crímenes de Erzsébet, las autoridades encontraron cadáveres de jóvenes torturadas, desangradas y desmembradas en casi todos los rincones del castillo de la condesa y los alrededores. Erzsébet, fue recluida en una prisión, en lo alto de una torre, sin su sangre juvenil, donde murió.
"Carmila" toma como inspiración este personaje, pero también es verdad que lo hace de una forma muy lejana, la leyenda de la condesa se limita a la presencia de un castillo en ruinas que se dice, está maldito, donde vivió una terrible condesa. Porque lo cierto es que "Carmila" se centra más en la relación entre dos jóvenes chicas, una vampira y una inocente hija de un aristócrata. Pues bien, el otro día, sin percatarme de ello, vi dos películas directamente inspiradas en todo esto, ambas de la Hammer, faltaba más. "La condesa Drácula" y "Las amantes del vampiro", las dos protagonizadas por uno de los mitos eróticos de la productora británica, Ingrid Pitt (en la imagen). Curiosamente, las dos películas están rodadas en el mismo año, en 1970, un año delicado para la Hammer que veía como sus producciones no atraían tanto al público como en años anteriores, de modo que la productora británica empezó a cargar los aspectos eróticos de sus películas. Y lo cierto es que tanto en "La condesa Drácula" como en "Las amantes del vampiro" no se escatima la oportunidad de poder desnudar a una joven y como mínimo, mostrar sus pechos.
"La condesa Drácula" no está basada en ningún relato, más bien pretende ser una aproximación más o menos fidedigna a los acontecimientos reales que rodearon la vida de Erzsébet Báthory. Imagino que muchos en su día se llevarían un buen chasco al ir a ver una película titulada "La condesa Drácula" y se encontraran con que no había rastro de un sólo vampiro. El asunto tiene su razón de ser obviamente. La leyenda de Báthory no deja de ser una forma extrema de vampirismo, de querer poseer la juventud de otro, de igual forma, el uso del término "Drácula" era para la Hammer un buen augurio comercial. De hecho, no sería hasta la única película que utilizara el término de Drácula sin que el personaje hiciera acto de presencia, ahí tienen sin ir más lejos "Las novias de Drácula", un film que empieza con una voz en off que firma Drácula ha muerto y que nunca es resucitado, de hecho, ni si quiera se plantea en la película esta posibilidad.
El film está dirigido por Peter Sasdy, uno de los directores menos estimulantes de la Hammer y eso se nota. Hay una irritante presencia a telefilme, con un uso y abuso de los zooms que pondría los pelos de puna a más de uno y todo pese a que la película contenga algunos momentos de cierta relevancia.
"Las amantes del vampiro" es otra cosa. Aunque no deja de ser una de esas películas de la Hammer en las que a la primera de cambian las mujeres se están desnudando (por un momento creí estar viendo una película de Ozores), el film cuenta con tres añadidos que la sitúan por encima de "La condesa Drácula". La primera, el hecho de estar directamente basada en el relato de Joseph Sheridan Le Fanu, "Carmila", la segunda, la presencia de un director con bastante más empaque en la Hammer como es Roy Ward Baker y la tercera, la siempre agradecida interpretación de Peter Cushing, aunque sea en un papel secundario. El principio del film ya marca las distancias, en un cementerio absolutamente hammeriano unos extraños espectros, vampiros cubiertos en sudarios, salen de sus tumbas (en "Carmila" los vampiros eran más bien espectros), sólo vemos uno fugaces colmillos de un vampiro que se relame. El asunto es bien distinto al de "La condesa Drácula", entre otras cosas porque en está ocasión estamos metidos de lleno en un universo abiertamente fantástico. "Las amantes del vampiro" respeta con cierta dignidad el origina de Sheridan Le Fanu hasta que por lo menos, no los mancilla. Es cierto que "Las amantes del vampiro" plantea la relación lésbica entre sus dos protagonistas, presente en "Carmila", de una forma mucho menos sutil, precisamente cuando la película pierde interés. Pero en general, "Las amantes del vampiro" es una película considerablemente digna para lo que vendría después bajo el sello de la Hammer y un ejemplo perfecto de como la productora iba poco a poco perdiendo el norte obsesionada con recuperar al público que de momento, nunca ha recuperado.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Tod Browning


Ando yo estos días absorbido por la apasionante lectura de "Monster Show. Una historia cultural del horror", de David J. Skal. El volumen, aunque pueda sugerir una sesuda reflexión sobre las múltiples conexiones que configuran las relaciones entre las culturas modernas y el cine de terror, es más bien un recorrido por la siempre turbulenta relación entre el cine de horror y el público y, esto es importante, los censores de la época. El libro, que como digo lo estoy devorando con placer, dedica una generosa parte a un realizador creo yo, nunca los suficientemente recordado, Tod Browning y no es de extrañar, dado que fue precisamente David J. Skal el único autor que hasta la fecha, le ha dedicado un monográfico a tan complejo y excelso cineasta.
Esto me ha recordado cómo conocí yo a Tod Browning o dicho de otro modo, cómo me percaté de que Tod Browning era algo más que el director de "Drácula " (1931) y que yo me estaba perdiendo algo muy importante. No recuerdo los detalles pero si el hecho. Estaba yo en un bar, estaba sólo, de modo que estaría leyendo el periódico y tomando un café, o una caña. De pronto me percato de que en la televisión, están pasando un programa de cine, no se puede escuchar lo que dicen pero aún así, le presto atención. De pronto sale un típico tiroteo en un típico salón del oeste de una película muda y súbitamente me doy cuenta de lo asombrosamente bien planificada que está la escena y lo moderno que resulta su montaje. Entonces, aparece en pantalla el título de la película, que no lo recuerdo y su director, Tod Browning. ¡Carajo! me dije yo en mi soledad, ¡este tipo es un monstruo!.
El nombre de Tod Browning está fundamentalmente asociado a dos películas, "Drácula" y "La parada de los monstruos", dos films tan dispares entre si que cuesta trabajo creer que detrás de la cámara estuviera la misma persona. En realidad, esta sospecha está ampliamente justificada, a Browning le arrebataron "Drácula" tanto en el rodaje, donde el -excelente- director de fotografía Karl Freud, cuentan, hizo algo más que iluminar las escenas y en la sala de montaje, donde el productor Carl Leammle por un lado y los censores por otro, se encargaron de mutilar la película. Es por está razón que "Drácula" nunca haya sido un film muy recomendable para admirar los intereses de Tod Browning. El film es importante porque es una obra mítica que destapó una de las etapas más importantes del cine de terror, pero es de dominio público, no supone un particular acierto cinematográfico. La película fue la primera y además tuvo éxito si, pero no es la mejor película de monstruos de la Universal.
Lo verdaderamente interesante de Tod Browning se encuentra en otras películas, en esos mismos largometrajes que el director norteamericano rodó configurando su particular Edad Dorada del cine de terror. Mientras Universal se ponía las botas con películas sobre Drácula, Frankenstein y el hombre lobo, Browning creaba su propio universo, antes, durante y después de la aparición de "Drácula". Tal vez, su película anterior a 1931 más popular sea "London After Midnight" (1927) por dos razones, una paradójica, el film parece estar irremediablemente perdido y la otra, porque según los cronistas de la época esta película supuso la cumbre del formidable matrimonio que durante años formaron Tod Browning y el maestro del disfraz Lon Chaney.
Tras "Drácula", Browning fue tentado por la Universal para nuevas producciones pero el director ya tenía muy claro lo que quería hacer y con quien. Se fue a la Metro Goldwyn Mayer, que ansiosa por hacerle sombra a los cada vez mayores éxitos de la Universal en al apartado de cine de terror, dio luz verde a un particular proyecto personal de Tod Browning, "Freaks", titulada aquí "La parada de los monstruos". El guión fue apoyado contra viento y marea por el niño prodigio de la Metro Irving Thalberg pese la férrea oposición de Louis B. Mayer. "La parada de los monstruos" se estrenó en 1932, nadie fue a verla. El público estaba muy ocupado llenando las salas en las que ese mismo año se estrenaba "La momia", no por casualidad, de Karl Freud con Boris Karloff. El film de Browning fue atacado y abucheado. Y en cierto modo, no era de extrañar. Mientras el público de todo el mundo se dejaba seducir por los monstruos clásicos, Browning propuso una truculenta historia de amor entre un enano de circo una bella trapecista en donde los monstruos eran personas reales, con malformaciones reales, y donde eran despreciadas por sentimientos reales. Todo demasiado duro y demasiado complejo para la todavía ingenua población de los traumatizados años 30 post-depresión. El público prefería contemplar metáforas del horror en cuerpos mitificados, pero alejados en su concepción de la sana sociedad estadounidense. Browning proponía una mirada hacia nuestro interior para provocar un pavor que aún hoy, continúa encogiendo corazones.
Después de "Freaks", Browning no levantó cabeza. Estuvo condenado a filmar producciones de segunda que pese a todo el director, se encargaba de transfigurar en obras densas y personales. "La marca del vampiro" (1935) y "Muñecos infernales" (1936) guardan celosamente el secreto de como un director de éxito, fue engullido por la maquinaria de Hollywood importante ante un público que se sentía prendado por un terror domesticado y estandarizado y que prefirió obviar las grotescas pesadillas de Browning.
Tras trece años sin hacer una película, Tod Browning murió sólo en su casa de Malibú. Apareció muerto en el baño. Vivía desde hacia años sólo tras la muerte de su esposa, y su frágil salud mental una apoplejía y un cáncer de laringe lo condenaron a las más triste existencia en sus últimos días. Hoy, Tod Browning sigue sin ser considerado como debía. Expertos en actualizar a los clásicos del horror como Tim Burton, beben continuamente de este complejo cineasta. Y quizá, la mejor forma de iniciarse en el universo de este director o si se prefiere, de volver a cogerle el pulso a Browning sea a través de "La parada de los monstruos". Ahí está todo Browning, sus obsesiones, sus tendencias, sus miedos, sus risas pero también su sensibilidad y su poesía. Mucho donde elegir y sobre lo que reflexionar.

lunes, 22 de diciembre de 2008

La belleza de vivir... en Navidad


Hoy, que España entera aguanta la respiración expectante ante el sorteo de la tradicional lotería de Navidad, se ha popularizado el dicho de que antes, hoy es el día de la salud. Ya se sabe, cuando no toca, al menos tenemos salud... El tema tiene su intríngulis, porque ante la posibilidad de recibir un buen puñado de millones, el mundo cambia a nuestro alrededor por unos minutos, y por una pequeña franja horaria, manejamos la posibilidad de hacernos con varios millones de euros.
El 22 de diciembre marca el inicio oficioso de la Navidad, es la previa, el prólogo de la Nochebuena, una época del año que también se refleja en la televisión y claro está, en las salas de cine. Los cines de Murcia ya están repletos de productos navideños confeccionados para tal efecto y la televisión no es menos. El otro día pasaron "Shrecketefeliz Navidad", un peñazo de media hora con cuatro guionistas y muy poca gracia protagonizado por el ogro más famoso del cine que traicionaba los propios postulados supuestamente irreverentes que lanzaron al éxito el film de Dreamworks.
Pero si hay un título emblemático en Navidad ese es sin duda, "¡Qué bello es vivir!" de Frank Capra. Recuerdo que ante de haberla visto yo, alguien me dijo esa película deberíamos verla todos los días antes de comenzar un nuevo día. El film, se pasa religiosamente Nochebuena tras Nochebuena a horas, en ocasiones, absolutamente impensables. Y si falta esa noche, cae seguro en Navidad. En alguna ocasión se ha dado la circunstancia de que la película de Capra se estuviera proyectando en dos cadenas a la vez al mismo tiempo; maravillosa competencia, decía mi amigo Pedro.
Yo recuerdo que cuando la vi me quedé un poco a cuadros. Después de haber oído hablar tanto y tan bien de ella, eso de que el film empezara con "una estrella" hablando me pilló desprevenido. Luego, me pongo a verla y me doy cuenta de que el largometraje es básicamente la vida de George Bailey (James Stewart). Como se hace con un negocio, como se enamora, se casa, tiene hijos, una casa.... Andaba la hora y media larga de película y yo, aún demasiado joven e ingenuo, empezaba a preguntarme donde diantres estaba la magia y la maravillosa moraleja del film. Cuando Bailey llega a un punte y se tira al río acosado por las deudas ya me había olvidado de que estaba viendo "¡Qué bello es vivir!". Es entonces cuando aparece aquel entrañable anciano de ribetes angelicales... El resto, es historia.
Con el paso de los años, la he visto es sucesivas ocasiones (si no todos los días, si que habría que ver esta película al menos, una vez al año) y he aprendido a valorar un guión de hierro, una dirección de actores de primera, un James Stewart que se sale y un cineasta que no me explico de qué maldita caverna del optimismo pudo surgir. Es increíble la visión que Capra tenía del mundo o al menos, la visión que el director de "Un gangster para un milagro" quiso extender. A mi me llegó a cargar incluso con "Vive como quieras", pero entiendo que su cine resulta extremadamente valioso. Y no por su optimismo innato, lo cual está muy bien en estos tormentosos momentos posmodernos, sino porque Capra resultó ser el perfecto ejemplo de que el cine clásico de los años 40 y 50 no eran sólo películas de estudio impersonales. Capra además, demostró que "sólo" es cuestión de proponérselo, que la vida, aún cuando está siendo castigada por el crack del 29, por una guerra mundial, o incluso cuando una plaga como el nazismo se está gestionando en el corazón de Europa, hay belleza y motivos de alegría si sabe dónde y cómo mirar. Al mundo.
Capra, era el Jefferson Smith de Hollywood, ese personaje que trata de impregnar a la política norteamericana de honestidad y buen juicio. Capra hizo lo mismo con su luminosa forma de ver el mundo. Hoy, Frank Capra probablemente sea más valioso que nunca, y no ahora, en Navidad, sino ahora, en los primeros pasos del siglo XXI. Su cine es hoy un jarro de agua helada que nos hace preguntarnos, ¿no estaremos demasiado obcecados en nuestro propio pesimismo? ¿No le estaremos prestando demasiada atención de modo que no podamos contemplar los problemas con más claridad y de este modo encontrar soluciones más rápidas y duraderas?
El mundo es un mosaico demasiado complejo y enredado como para que una película pueda arreglarlo. Pero si que puede, creo yo, recordarnos cómo hay que mirar el mundo. Recordarnos que es nuestro problema, y sólo nuestro, querer afrontar la existencia con un lucero como metal al final del camino, o como una oscura gruta como irremediable destino. Frank Capra tenía muy clara su respuesta.

martes, 9 de diciembre de 2008

Los tres padrinos


Como muy bien sabrán algunos colegas míos, recientemente me regalaron la portentosa trilogía de "El padrino", del no menos portentoso Francis Ford Coppola. Mi problema con la trilogía de "El padrino" siempre había sido que por lo general, había visto las películas muy espaciadas en el tiempo de modo que en ocasiones, me costaba valorarlas en conjunto y sobre todo, sumarme o no a esa voz generalizada que proclama que "El padrino. Parte II" es la mejor de las tres. Yo siempre, a este respecto, había procurado mantenerme al margen. Pero ahora, con mi flamante pack de no se cuantos discos he visto las tres películas en un espacio de tiempo lo suficientemente corto como para permitirme el lujo de entrar en detalles.
Hay una cosa que desde luego es obvia, y es la distancia, emocional, artística, dramática y narrativa de "El padrino. Parte III" con las otras dos películas. La última entrega de la saga de hecho, no oculta su naturaleza de film alejado en el tiempo hasta el extremo de que la película arranca precisamente con los decorados descuidados y abandonados de las dos primeras entregas, de la antigua residencia de los Corleone, mientras una voz en off, la de Michael nos dice ha pasado mucho tiempo. Sin duda Michael, demasiado, tanto como para que un Padrino III se quede colgado en el conjunto de la trilogía. Porque señores, ni tiene el guión de las dos primeras, ni tiene el reparto de las dos primeras, ni tiene ese tono de film añejo, cuya perfecta combinación entre las oscuras sombras del film noir y un inusitado costumbrismo dotaban a "El padrino. Parte I" y "El padrino. Parte II" de un insólito realismo y de una mirada distinta y muy valiosa sobre el mundo de la mafia ítaloamericana.
Pero lo cierto es que si nos centramos en los dos primeros padrinos, yo, tengo que admitirlo, me quedo con el primero. "El padrino. parte II" tiene grandísimos momentos, la entrada en escena de Robert DeNiro como Vito de joven es impagable, y la búsqueda de un topo en la familia Corleone nos brinda momentos de auténtica antología, como ese celebérrimo beso de la muerte que Michael le da a su hermano Fredo. Pero la primera parte me sigue pareciendo todavía muchísimo más redonda, más pulida, perfecta. Primero por la inmensa presencia (en todos los sentidos) de Marlon Brandon, un padrino con mayúsculas sobre el que Al Pacino, se queda un poco corto. El listó estaba demasiado alto, incluso para un Pacino ya con canas en "El padrino. Parte III". Además, creo que está mejor llevado y hasta me parece más interesante la cuestión esencial que aborda "El padrino", la forzada sucesión de Vito a manos de su hijo Michael, un sucesión a la que se ve empujado Michael por una cuestión de honor y venganza, una sucesión que le llevará a descubrir los orígenes de su familia, en el mismísimo Corleone, el pueblo siciliano que dio nombre a la familia. Una sucesión que además, se ve completada con ese portentoso plano que al final nos muestra a Michael, siendo besado por sus acólitos ante la atónita mirada de su esposa que ve como su vida de tranquila banalidad se desvanece ante sus ojos.
Por que en el fondo, y en la forma, la trilogía de "El padrino" trata sobre eso mismo, sobre la sucesión, ascenso y decadencia de la figura del padrino a la que le da forma Michael Corleone. El padrino del que se ocupa la saga es él. Una lástima que ese juego de vincular a la iglesia con los Corleone no llegará a cuajar en un film correcto pero insuficiente máxime, con los monumentales antecedentes que lo predecía.
Cosa curiosa, podríamos decir que a partir de "El padrino III" comenzó la decadencia sin paliativos de Francis Ford Coppola. "Drácula de Bram Stoker", "Jack" y "En legítima defensa" fueron las desiguales aportaciones del director de "Apocalipsey Now" y todo, sin haber visto aún "Youth without Youth" y "Tetro"...

jueves, 4 de diciembre de 2008

La estirpe de los Bava


A Mario Bava se le debe una de las obras maestras del cine de terror, "La máscara del demonio". Aquel film de atmósfera enrarecida y espíritu romántico ofreció una plasticidad del terror rara vez desarrollada por cineasta alguno. En un lugar intermedio entre los clásicos de la Hammer y el barroquismo de Roger Corman en la AIP, se encuentra "La máscara del demonio", un frondoso film en blanco y negro imprescindible y extraordinario. Fue no obstante, la obra cumbre de Mario Bava, que poco a poco se fue entregando a los clichés del giallo hasta flirtear con la ciencia ficción más estrafalaria. En cualquier caso, un honorable precursor del terror italiano y una figura imprescindible para comprender sus derroteros y principales producciones.
A Mario Bava le sucedió Lamberto Bava (en la imagen). Éste, lo tuvo no se si más difícil o más fácil. Cuando Lamberto Bava se puso detrás de una cámara el cine de terror dentro y fuera de Italia resultaba ya ciertamente granguiñolesco. Los excesos sanguinolentos y los espacios de pesadilla dominaban una producción al límite de sus posibilidades. Su primer film lo rodó Lamberto Bava en 1980, ya demasiado tarde para saborear sin demasiados agobios de las mieles del éxito del giallo italiano. Se trata de "Macabro" un largometraje con obvias raíces en el giallo aunque con un agradecido sentimiento de cambio, consciente de que los años de aquel cine basados en relatos baratos impresos en papel amarillento ya andaban de capa caída. La idea estaba bien planteada, pero el conjunto final del film lo cierto es que desmerece un poco. No hay una atmósfera particularmente sentida en la película, el hecho de que el largometraje transcurra en Nueva Orlenas tampoco destila esa sensación de los parajes sureños de Estados Unidos embutidos en una extraña mezcla de superstición, folclore y tradición. El film tiene, eso si, sugerentes apuntes que se enraízan directamente en el fantastique, pero resultan demasiado aislados, demasiado repartidos a lo largo de todo el metraje y demasiados escasos, como para dotar al conjunto de un poso sobrenatural específico. Se trata en suma de una estimable ópera primera, de un cineasta que apunta buenas maneras, pero al que le faltaba todavía mucho que aprender.
Desgraciadamente el futuro de Bava dejó mucho que desear. El director de "Macabro", mucho más interesado en el fantástico que su colega Dario Argento, empezó además a inunda sus películas de hemoglobina, dando como resultado largometrajes tan desiguales como curiosos como "Demons" y sus cuatro secuelas más o menos oficiales, pero lo cierto es que Bava nunca pasó de ser un director de cine de terror italiano bastante sanguinolento pero de un interés muy limitado. Lamberto Bava llegó a rodar incluso una película con Imanol Uribe, un film de historias titulado "Sabbath" del que nadie termina de acordarse. De hecho, tal fue y ha sido la carrera de fracasos de Lamberto Bava que a finales de los 80 terminó refugiándose en la televisión. A principios de los 90 inesperadamente, Bava comenzó a filmar películas de fantasía infantiles para la pequeña pantalla hasta tal extremo que, y esto es rigurosamente cierto, a partir del año 2005, Bava se puso a dirigir películas de animación por ordenador protagonizadas por la famosa muñeca Barbie (¡!)...
Ya nadie espera particularmente interesante de Lamberto Bava. Últimamente Bava ha filmado dos nuevas películas de horror, "The Torturer" y "Ghost Sun", de las que no se sabe nada. Y esto es la estirpe de los Bava, una familia que entró en esto del cine con una obra del calibre de "La máscara del demonio" y que hasta la fecha, ha terminado entregada a las exigencias comerciales de la muñeca Barbie. Ver para creer...

martes, 2 de diciembre de 2008

Val Guest


El pasado fin de semana, que por una serie de circunstancias que no vienen al caso, me lo pase encerradito en casa, tuve la oportunidad de ver un buen montón de películas, entre ellas, una que mi queridísima novia me regaló en mi pasado cumpleaños, "El abominable hombre de las nieves", una curiosísima producción de la Hammer Films dirigida por uno de sus más ilustres profesionales, el birtánico Val Guest (en la imagen).
La presencia y el éxito de Terence Fisher en los pasillos de la Hammer eclipsó en gran medida las virtudes de este notable cineasta británico. Fisher, tuvo la suerte y el acierto de se elegido para sacar adelante "La maldición de Frankenstein", la película que destapó la caja de los monstruos de la Hammer y que en gran medida, sería liderada por Fisher, sin embargo, antes de Frankenstein, hubo un prólogo.
La Hammer Films, que andaba ciertamente despistada tratando de encontrar a su gallina de los huevos de oro, lo había probado casi todo, los seriales radiofónicos, el suspense, el terror, la ciencia ficción, y aunque habían logrado algún éxito, no terminaban de dar con la fórmula idónea. La chispa saltó cuando Anthony Hinds, uno de los principales responsables echó mano de un popular serial televisivo y lo convirtió en "El experimento del doctor Quatermass", dirigida por Guest. Éste y no otro, fue el film iniciático de la Hammer, la película que le dio el primer éxito en consecuente con la Hammer y el film que le permitió a la productora embarcarse en un film muy complicado para las posibilidades de la Hammer como "La maldición de Frankenstein". "El experimento de doctor Quatermass" tenía una peculiaridad añadida, era un film de ciencia ficción acorde con los temores de la época, pero con sus raíces enterradas en el cine de terror con monstruos.
Gracias a este éxito, Guest estuvo a punto de dirigir "La maldición de Frankentein" pero un problema de agenda creo recordar, se interpuso entre la novela de Shelley y Guest. Pese a todo, Val Guest siempre fue muy bien considerado entre los pasillos de la Hammer y al él se deben algunas de las mejores películas de la productora sin Fisher en sus créditos. Entre esas notables películas se encuentra sin duda "El abominable hombre de las nieves", un film inesperadamente sólido, con un tratamiento del especio y el tiempo muy cuidado y con una notable ambigüedad. Pero además, Val Guest, consciente del riesgo que suponía abusar de las apariciones de el Yeti en el film, optó por una drástica medida, el conocido monstruo no aparece a lo largo de todo el film salvo en una secuencia final unos escasos segundos. Es una medida arriesgada y valiente, pero también, vistos los resultados, muy acertada. "El abominable hombre de las nieves" sostiene todo su peso dramático en la presencia de la ausencia del Yeti (como hacía Fisher con Drácula en "Drácula. Príncipe de las tinieblas"), es decir, el monstruo a penas si cruza la pantalla un par de veces, ya en el cuarto final del film le vemos una mano, pero todo el relato, las tensiones y las tragedias giran en torno al Yeti.
Vale la pena admitir que de este modo "El abominable hombre de las nieves" recupera las mejores esencias del terror clásico de la Universal, como ocurría en "La momia" de Karl Freud, en la que sólo veíamos las vendas del monstruo arrastrándose tras la momia. De este modo Guest, consigue acrecentar el impacto y la terrible impresión que supone contemplar a semejante mole animal, subrayada si cabe, por otro plano en picado, muy curioso estudiado con detalle, de Peter Cushing mirando con unos ojos ciertamente extraños al monstruo. "El abominable hombre de las nieve" debió de ser un film caro para la Hammer. Hay muchos exteriores en paisajes nevados y numerosos planos aéreos de colinas cubiertas de nieve. Se nota además el esfuerzo de contención del film, lo que siempre es de agradecer, pero sobre todo, el esfuerzo por proponer algo más que una película de monstruos.
A Val Guest también se le deben películas ciertamente curiosas como "80.000 sospechosos", su colaboración en la multitudinaria "Casino Royale" donde James Bond era David Niven, "El día que la tierra se incendió" o la celebérrima producción, también de la Hammer, "Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra". En los años 70 Guest se refugió en la televisión y siguió rondando alguna que otra producción de segunda. Terminó sus días homenajeando a los que más amaba, a los míticos estudios Hammer Filmes dirigiendo tres episodios de la serie de televisión "Hammer Filmas. La casa del horror y el suspense" (1984-1986). Val Guest murió hace dos años, el 10 de mayo de 2006. Y nadie se acordó de él, incluido yo que tanto aplaudo ahora su obra y que tanta curiosidad me ha provocado siempre el cine de la Hammer…

jueves, 20 de noviembre de 2008

Clásicos entre los clásicos


¿No os pasa a vosotros que tenéis determinadas películas que por más veces que las veáis nunca os aburrís? A mi me pasa con unas cuantas, es como con Los Simpson, podría estar viendo la serie año tras año sin por ello aburrirme. El otro día, a última hora, entre charlita va y charlita viene, me puse por enésima vez "Con faldas y a lo loco" de Billy Wilder y es que no me canso. La película es sin duda alguna una de las mejores comedias jamás escritas y dirigidas. Y no sólo eso, Wilder fue el que más y mejor supo exprimir las posibilidades interpretativas de Marilyn Monroe, que en este film, está, simple y llanamente que se sale. Llama también mucho la atención comprobar hasta que punto Jack Lemmon es un motor cómico en el film, sin él, la película hubiera perdido un elevado porcentaje de su comicidad. Lemmon está sublime, magistral, metido en su papel de travestido, cortejado y huido de los gangsters de Chicago, y lo está, bastante más y mejor que Tony Curtis que se nota, estaba mucho más cómodo flirteando con la Monroe que vestido con medias y tacón. Como de costumbre los diálogos son formidables, los gags impecables y bueno, ese final... (¡nadie es perfecto!), de Oscar. Esta película, la he podido ver cientos de veces, recuerdo que mi hermana y yo, la veíamos todas las semanas una o dos veces. Era una de esas películas que no nos cansábamos de ver pero que además, conseguía aunar dos gustos tan dispares como los de mi hermana y yo.
Pienso, que estas películas inagotables e inabarcables, tienen conforme pasa el tiempo, algo de nostalgia cada vez que las vemos, algo de recuerdo de infancia. Me pasa con otras muchas, "Con la muerte en los talones", "Psicosis" y "La ventana indiscreta" de Hitchcock, "Cantando bajo la lluvia", "Una noche en la ópera", "El gran dictador", "El halcón y la flecha" y "El temible burlón", "Ciudadano Kane", "La guerra de los mundos" (la de Byron Haskin), "El golpe", "El día más largo", "El desafío de las águilas", "Historias de Filadelfia", "La costilla de Adán" y ya en fechas más tempranas y acorde con una personilla que se crió en los 80, pues largometrajes obligados como "La guerra de las galaxias", "El imperio contraataca" y "El retorno del Jedi", la trilogía de Indiana Jones, pero en mi caso concreto, especialmente "Indiana Jones y el templo maldito", "E.T", "Regreso al futuro", "Los Goonies", "Jungla de cristal", "Superman", "Top Secret", "La princesa prometida", "Los intocables" todas películas que de jóvenes, secuestraron mi imaginación y supongo, que la de millones de personas más.
Películas en suma que tienen algo de mágicas, porque no sólo son ejemplares (unos más que otros) propuestas de cine espectáculo, sino que además sedujeron y lo que es más, siguen seduciendo la imaginación y los sentimientos de miles de personas. Y eso es algo bonito.
Ahora, resulta demasiado osado preveer qué películas serán, dentro de unos años clásicos, qué películas nos han comprado el corazón recientemente y lo seguirán haciendo a generaciones venideras y a nosotros mismos. ¿Títulos? Muy complicado. A mi, de pronto, se me viene a la cabeza "Big Fish". No se..., es sólo una propuesta.