
Vaya por delante que yo soy de los que se acerca a un director como Darren Aronofsky con todas las precauciones habidas y por haber. Un poco como Christopher Nolan, Aronofsky sabe que es un moderno y eso, no siempre es bueno. Pero también como Nolan, Darren Aronofsky es un director indefectiblemente interesante. Sus propuestas, mejores o peores, más o menos equilibradas, siempre tienen un meollo a retener en la memoria con el que regocijarse un buen rato. Además, en el caso de Darren Aronosfky se da la circunstancia de que su anterior película, "La fuente de la vida" fue un generoso fracaso; costó 35 millones de dólares y no llegó a recaudar los 16. Me irrita hablar de "El luchador" sin haber visto "La fuente de la vida" pero lo que si parece cierto es que el descomunal fracaso de aquella le ha servido a Aronofsky para embarcarse en un merecido baño de humildad. Es decir, en ocasiones, fracasar no sólo es bueno, sino que hasta es necesario. En el caso de Aronofsky, no puede ser más claro. El director de "Réquiem por un sueño" se enfrascó en una costosa producción que le terminó saliendo por la culata y nada mejor para curarse en salud, en el alma, que realizar una película pequeña, sobre pequeña cosas, aunque sólo sea en apariencia.
"El luchador" nos cuenta la patética historia de Randy (un formidable Mickey Rourke), una vieja gloria de la lucha libre que se gana la vida ahora en pequeños combates locales, mutilándose la cara y metiéndose en el cuerpo todo lo que puede y más para mantener la forma que le exige su trabajo. Pero un día su cuerpo le dice basta, un infarto al corazón traza los perímetros a partir de los cuales se extiende el abismo negro de la muerte. "El luchador" básicamente va de como Randy trata de encontrar su lugar en el mundo más allá de las cuerdas de un Rin, topándose con un universo turbio y lejano al que le ha estado dando la espalda durante demasiado tiempo. Randy en el fondo no es un mal tipo, es un macarra que ha tomado un camino equivocado, eso está claro, pero cuando decide abandonar la lucha porque su corazón le ha dado un toque de aviso, Randy se empeña de corazón por encontrar un nuevo trabajo, hacerse con la chica que le gusta (una magistral Marisa Tomei que demuestra que a lo mejor, aquel extraño Oscar que le dio Jack Palance no fue fruto de la alcoholemia del veterano actor) y recuperar a su hija olvidada. El problema es que el alma de Randy está tan magullada como el propio rostro de Rourke. El interior de Randy no está hecho para sutilezas ni delicadezas, todo en él es demasiado tosco de forma que una y otra vez, termina estampándose con la lona. Y es una pena, y aquí reside creo yo la magia de "El luchador", porque Randy en el fondo, está empeñado en hacer la cosas bien, aunque sea al final del trayecto.
Aronofsky por su parte filma "El luchador" también con notable sencillez, alejado de los operísticos manierismos de "Réquiem por un sueño" (sobre todo en su tramo final), componiendo así un film más cercano a su ópera prima "Pi. Fe en caos", un relato salpicado de pequeños pero significativos matices que enriquecen una historia que aporta y avanza más por dentro que a simple vista. De momento se queda en gran película, ya veremos si qué hace el tiempo con ella. Nada malo, creo yo...