miércoles, 10 de septiembre de 2008

Pero... ¿de verdad eso fue todo?


Hubo un tiempo en el que no existía la Playstations. El vídeo VHS era un lujo del que no todos podían disfrutar. Como solía decir mi madre, los críos nos pasábamos el día "apedreando perros", o lo que es lo mismo, en la calle corriendo por mil razones, algunas de ellas, ciertamente fantásticas, otras más mundanas, pero siempre, emocionantes. Nuestro único objetivo parecía ser; correr. Pero a la hora de la merienda, o por la mañana los sábados y domingos, series como "Barrio Sésamo" o "Cajón Desastre" o más atrás incluso, "La bola de cristal", nos iluminaban con historias ridículas hasta a veces, un punto instructivas (todo el mundo recordará a Coco diciendo eso de "¡ahora estoy arriba!...., ¡ahora estoy abajo!...).

En este mundo que no puedo evitar contemplar con añoranza, tenía cabida y sentido, unos personajes como los Looney Tunes; una disparatada familia fundamentada en la persecución y el acoso y derribo al que tenía en frente sin dejar un resquicio para la paz. Eran personajes, además, cerrados, con sus características bien definidas siempre en constante explosión hiperactiva; Bugs Bunny podía hacer a cualquier cazador arrepentirse de haber cogido un día un arma, el Pato Lucas era un rezumo de envidia y odio vital a todo lo que deambulaba a su alrededor, pero con especial fijación ojeriza por Bugs, el Coyote en su incansable búsqueda de su necesaria y justa (no lo olvidemos) dieta, se convirtió en todo un paradigma de la naturaleza y un ejemplo incansable de la perseverancia; Piolin, el mayor hijo de puta que se haya dibujado jamás, con su rostro redondeado de animalillo inofensivo, resulta particularmente chocante contemplarlo como machaca con alevosía y premeditación malsana al pobre Silvestre, un triste gato que sólo quiere algo que llevarse a la boca, y en fin, toda una lista de personajes, eso si, siempre bañados por la hilaridad y el histrionismo.

Pero ahora, esto parece que ha cambiado. Los niños prefieren la animación 3-D, más vistosa, que la tradicional, por hilarante que esta sea. De vez en cuando, compruebo como mis sobrinos, de unos 3 años, se queda embobado mirando la televisión ante una serie de dibujos infumables y cuando he intentado ponerle algún corto de la Warner, no aguantan más de uno o dos episodios. ¿Qué ha pasado pues?

Desde luego las cosas cambian y todos debemos evolucionar. Pero de igual modo que seguimos recordando nombres como Chaplin, Drácula o Sherlock Holmes, creo que nunca deberíamos dejar de recordar a los Looney Tunes. Porque lo cierto es que sigue ahí, aguantando el tirón de la animación "tipo Pixar" (cuyo último corto, por cierto, "Presto" tiene cierto tufillo al más puro estilo Warner). Quizá por está razón, nombres como Tex Avery, Chuck Jones, Friz Freleng o Robert McKimson siguen a día de hoy siendo artistas respetados, porque al fin y al cabo, en los "Looney Tunes" no se trataba sólo del gag del mamporro. Pero por si acaso, por si alguien se había olvidado, o incluso, por si alguien no había oído nunca hablar de ellos (aunque conociendo a todos mis lectores, que los conozco con nombre y apellidos, se que todos no sólo saben de su existencia sino que además, son grandes admiradores), aquí va mi humilde, humildísimo recordatorio. ¿Para cuando un libro sobre los cortos de la Warner en castellano que vaya más allá de ser un cuaderno de dibujo, en todo caso, también muy necesario?

martes, 9 de septiembre de 2008

Series españolas


Como es bien sabido, los americanos siempre nos han llevado la delantera. Lo hicieron con el Kepchut, con los jeans, con la democracia y por su puesto, con la televisión. Cuando Estados Unidos estaba aburrido de amasar millones de dólares con series de televisión que nosotros hemos y seguimos adorando, en España dábamos tímidos pasos en busca de una fórmula adecuada. Atrás han quedado mitos como "Verano azul" pero ahora la cosa ya es bien distinta. Los españoles les plantamos cara a las series norteamericanas sin ningún rubor y en ocasiones, hasta ganamos. España ya saber hacer series de televisión. ¿O no?

Sin negar el abrumador éxito de algunas series de televisión españolas a mi me da la impresión de que hay algo que no hacemos del todo bien. Quiero decir, aún teniendo guionistas cada vez más curtidos, actores de primera e ideas soberbias..., ¿Por qué una serie de televisión española dura de media dos horas? Quiero decir, eso es una película en toda regla. ¿Es que ya nadie se acuerda de eso de que "lo bueno, si breve, dos veces bueno"? Una serie de televisión que se emite todas las semanas cuando no todos los días, no puede durar dos horas. Eso es un abuso.

Aún así, ahora estamos empezando a aprender. "Camera Café", la que sin duda es uno de los grandes éxitos de Telecinco y que por cierto ya se ha cargado a esa tontería de Antena 3 que pretendía hacerle sombra y que atendía al nombre de "Impares", dura cinco minutos escasos. Diálogos mordaces, ágiles, ocurrentes y personajes cerrados en dos o tres características básicas. Bien hecho. La fórmula funciona. Pero ni así. Los listos de Telecinco, con tal de hacer parrilla, acumulan no se cuantos episodios de "Camera Café" hasta por lo menos ocupar una hora. ¡Una hora! a costa de segmentos de cinco minutos, tienen que aglutinar muchos segmentos. Es una pena, porque Telecinco no se está dando cuenta de que está jugando con fuego y de que prolongando el espacio una hora está arriesgándose a perder el encanto de "Camera Café". Que dura una hora. Pero ya se sabe que cuando una fórmula funciona hay que explotarla sin piedad. Y yo me pregunto si no habría que empezar a denunciar esta práctica al Tribunal Internacional de los Derechos Humanos.

De hecho, Telecinco ya se cargó en su día el encanto que tenía otra serie de pequeños scketch. "Escenas de matrimonio". Cuando le cambiaron el reparto deje de ver esta serie. No si la alargado o que han hecho con ella, pero ya no me interesa. La que empieza a despuntar en mi opinión es "La tira", en La sexta. Es también una serie grabada casi, en cámara fija, personajes, también fijos en decorados inamovibles. La fórmula, de nuevo sus diálogos y alguna ocurrencia visual sin desperdicio. Yo, me quedo con los porteros de discoteca. "La tira" dura media hora escasa. ¡Bien hecho! Pero, ¡ay!, también los de La sexta quieren su pedazo del pastel de las audiencias en un horario ciertamente complicado, de cinco a seis de la tarde. Dos capítulos en uno y una horita completada. En fin...

Vamos teniendo ideas, si señor, ideas que no obstante, Estados Unidos lleva explotando desde hace años, pero bueno, cada cosa a su tiempo y creo sinceramente que el nuestro, ya está aquí. Ahora hay que aprovecharlo, que no explotarlo. ¿Y esto como se hace? Pues mimando al producto y no explotándolo.

Coppola en Alicante


-¡Eh, tio! Coppola está en Alicante.

-¡Coño!, estooooo... ¿quien es Coppola?

- ¡Joder, tio! El director de "El padrino"

- Pues, llevaba un tiempo sin hacer nada, ¿no?

- Bueno si, se tiró una década sin rodar un sólo fotograma.

- ¿Preparando su acariciado y descomunal proyecto "Megalópolis"?

- Bueno..., no lo se, en realidad terminó rodando "Youth Without Youth", un film pequeñito con Tim Roth

- Ah, ¿si?, ¿y que tal está?

- Pues la verdad es que no lo he visto porque en Murcia al menos, no se ha estrenado

- ¿Después de diez años regresa el director de "El padrino" al cine y no se estrena su película?

- Pues si, es que Murcia es así.

- ¿Pero ha funcionado en taquilla?

- Pues no lo se pero sospecho que no.

- Bueno, pero la que estará rodando ahora Coppola si será "Megalópolis", ¿no?

- No. Se llama "Tetro" y la protagoniza Maribel Verdú.

- ¿Y de que va?

- Pues de una familia argentina que viaja a Estados Unidos a descubrir las raíces de sus familiares italianos que emigraron en su día al Nuevo Continente.

- Bueno, pero puede estar bien, ¿no?

- No lo se. ¿Ta has visto algo de Coppola después de haber estado apartado de las cámaras de diez años?

- Estooo, no

- Pues yo tampoco

- Y entonces ¿cual fue su última película que se estrenó en condiciones?

- "Jack"

- ¡Qué el señor nos asista!

Pues eso...

lunes, 8 de septiembre de 2008

Chevy Chase


Cuando alguien nombra a Chevy Chase, si la otra persona sabe de quien está hablando, la respuesta suele ser una mueca de disgusto. No ocurre lo mismo en cambio con nombres como Dan Aykroyd, John Candy, Harold Ramis, Billy Cristal, o James y John Belushi. En cambio Chevy Chase, es algo así como la última frontera entre el humor hortera y el buen gusto. En cambio, a mi Chevy Chase me gusta, lo siento. Y me gusta por una cuestión meramente intuitiva. Lo miro a la cara y no puedo evitar mostrar una mueca de sonrisa. El tipo de hace gracia. Sobre todo cuando hace de bocazas listillo de pacotilla sin enterarse en realidad de lo que ocurre a su alrededor, como sucedía en "Espías como nosotros", película cumbre del cine de humor de los 80 obra del denostado John Landis.

Los 80, fueron sin duda, su Edad de Oro. En aquellos años, además de "Espías como nosotros", Chase filmó "El club de los chalados", "Como en los viejos tiempos", "El contrato del siglo" -una película de William Friedkin ("El exorcista") nada menos-, "Los tres amigos" y "Funny Farm" -dirigida por George Roy Hill ("El golpe"), nada menos...- entre otras. Pero además, Cahes tuvo tiempo de crear sus propias franquicias, una dedicada a un particular detective privado bastante malhablado y un pelín antipático con "Fletch" y "Fletch Revive" pero sobre todas las cosas, su gran creación, el personaje de Clark Griswold que protagonizó hasta cuatro largometrajes; "Las vacaciones de una loca familia americana", "Vacaciones europeas de una chiflada familia americana", "S.O.S Ya es Navidad" y "Vacaciones en las Vegas", está ya en 1997 como último recurso de Chase para revitalizar su maltrecha carrera.

Ya en los 90, Chevy Chase ha vagabundeado en diversas producciones de toda índole, dejándose ver eso si en películas como "Héroe por accidente" o protagonizando algunas encomiables producciones como "Memorias de un hombre invisible" de John Carpenter o una extrañísima película dirigida por su amigo Dan Aykroyd que se ha llegado a localizar por dos títulos bien distintos, "Nothing but trouble" (algo así como "Nada de problemas, pero...), "Valkenvania" y que aquí, con nuestra habitual habilidad titulamos "El gran lío"; film irregular, pero muy curioso, no cabe duda (este para un maratón...).

En fin, que el bueno de Chevy Chase debe rondar los 65 años y a mi es un tipo, que siempre me ha caído bien, aunque asuma su limitada capacidad interpretativa, su reprobable elección ante determinados poyectos, su empeño por dar vida a personajes ciertamente ásperos y sus orígenes televisivos dentro del celebérrimo late-night norteamericano "Saturday Night Live". ¿Si estamos ante un revival de los 80 y Quentin Tarantino puede hacer pasar por vanguardia (y lo consigue) las películas de kung-fu de los 70?, ¿por qué no reivindicar la figura de Chevy Chase?

En el fondo, menos mal que esto sólo lo leen cuatro amigos...

Fascinación


No había visto yo "Pozos de ambición". La vi la otra noche. Y me viene a confirmar algo que había empezado a sospechar tras "Punch-Drunk Love", que su director, Paul Thomas Anderson (en la imagen) tiene en su interior una capacidad de fascinación similar, por poner un ejemplo, a la que un director como Stanley Kubrick esgrimió hace años. Sus historias, terriblemente sencillas en la superficie, destilan una complejidad, igualmente terrible en su fondo. Anderson, es capaz de conseguir que sus imágenes, cuidadas hasta el mínimo detalle, logren trascender más allá de lo que simplemente estamos observando para en su conjunto, lograr transmitir, quizá no tanto un mensaje, como una impresión, una sensación.

Cine, en el fondo, esencialmente intuitivo, para disfrutar de un film de Paul Thomas Anderson es preferible relajarse en el salón de casa, tener a mano un paquete de cigarrillos y dejarse llevar por las imágenes, fundamentalmente, las imágenes de Anderson. El director de "Punch-Drunk Love", desde que saltara a la luz internacional con su espléndida "Boogie Nights", ha ido hermetizando su universo con cada película que ha hecho al añadirle más y más matices, mayores contenidos y aspiraciones. "Punch-Drunk Love" es sin duda, el prólogo que después daría pie a un film tan descomunal como "Pozos de ambición".

Sin duda, el primer logro de una películas como "Pozos de ambición" es que con un presupuesto de 25 millones de dólares (poco para lo que se gastan en Hollywood), haber conseguido que Miramax la hiciera pasar por una firme aspirante a los Oscar habiendo conseguido 8 nominaciones y dos estatuillas y habiéndola vendido como una historia épica de uno de los aspectos más turbulentos que cimentaron la historia de Estados Unidos, la extracción de petróleo.

Pero "Pozos de ambición" reduce la épica al mínimo y fuerza la máquina dramática y narrativa del conjunto al máximo. Con un Daniel Day Lewis en estado de gracia, repleto de matices, "Pozos de ambición" no habla del ser humano y de sus ambiciones que irremediablemente terminarán impregnadas de sangre. Sin grandes alardes narrativos ni dramáticos, Anderson consigue distanciarse de sus colegas del cine más moderno de Hollywood (Christopher Nolan, Darren Aronofski, Wes Anderson...) para construir un universo personal alejado de hábiles juegos de artificio y a la vez, mostrando un mundo extremadamente seductor, por el tremendo mimo que el director se percibe, ah dedicado a cada aspecto del film, generando en todo su conjunto una extraña fascinación entre la extraño de sus cuidadas formas y lo atractivo del conjunto. Anderson prefiere exprimir los planos a abusar del montaje, prefiere exprimir a los actores a emborronar sus interpretaciones a base de planos/contra planos, en suma un cineasta a tener en muy en cuenta. Todavía es joven como para encumbrarlo pero no pierdan de vista a este hombre y sobre todo, hagan un esfuerzo por asumirlo y recuerde, cuando fue la última vez que se esforzaron al ver una película...

viernes, 5 de septiembre de 2008

Che


Hoy es viernes, glorioso día de estreno. Y hoy se estrena "Che. El argentino" de Steven Soderbergh. La película, que se ha estrenado con toda la campaña publicitaria propia de un blockbuster y está protagonizada por el popular Benicio Del Toro (que por cierto, acaba de rodar con Joe Johnston "The Wolf Man"), está en realidad financiada con dinero español y francés. Además, originalmente, "Che" era una película de cuatro horas, pero los productores le dijeron a Soderbergh qué si es que estaba mal de la cabeza, de modo que a "Che" la ha pasado lo que ya ocurrió con "Kill Bill" o "Grindhouse", que acabó convirtiéndose en "Planet Terror" y "Death Proof".

Tratándose como se trata de una película de Steven Soderbergh, el resultado puede ser impredecible. Soderbergh, es capaz de hacerse monumentales pajas mentales ("Kafka") con tanta facilidad como puede filmar una película intrascendente y taquillera ("Ocean´s Eleven") y con un film como "Che" uno no sabe, ciertamente, a que agarrarse. Yo, tengo que admitir que Soderbergh es un cineasta que me deja bastante frío. Entiendo que es un director interesante, pero más que por sus propuestas, por es un hombre inquieto, poco amigo de los clichés y siempre con la cabeza metida en hacer cosas nuevas por arriesgadas que sean ("Solaris"). Soderbergh está convencido de que "Che" va a funcionar bien en taquilla, de modo que no extrañaría que la película fuera bastante ligera y se pueda ver sin demasiados escoyos por más que se trate, como el propio director ha declarado, de un film muy lejos de esas biografías épicas.

A mi lo que más me interesa es la propia razón por la que Soderbergh se metió en el proyecto (levantado fundamentalmente, gracias al empeño de Benicio del Toro); acercarse a una figura tan popular como poco conocida. Esa idea me gusta. Conocer a una figura que según lo expertos, condicionó el futuro económico y política de Sudamérica hasta nuestros días. Y también, comprobar como Soderbergh se ha acercado a un personaje que fluctúa entre el libertador para unos y el terrorista para otros. Cosa fina... Los que ya la han visto aseguran que Soderbergh, se inclina por lo primero.

La otra película estrella de la semana en las carteleras es "Viaje al centro de la Tierra". Buueeeno... Dando por su puesto que la película se va a parecer al relato de Julio Verne en el blanco de los ojos, sólo cabría esperar que el film, sea por lo menos, divertido. La presencia de Brendan Fraser en el reparto ya le da cierto encanto. Fraser, que seguro que le cae gordo a alguien, para mi personifica a la perfección lo que una relectura de Indiana Jones podría provocar ahora. Es decir, si Indana era un émulo de los clásicos de los 30 y Fraser, un émulo de un émulo, es decir, una copia de una copia, el resultado sólo puede lindar con la parodia, y eso lo hace muy bien Fraser ("La momia").

El director de "Viaje al centro de la tierra", Eric Breving, únicamente había dirigido antes algunos episodios de la serie "Xena. La princesa guerrera" (¡glup!), todo lo contrario que su carrera al frente de los efectos especiales de películas como "Abyss", "Desafío total", "Hombres de negro", "Wild, Wild, West", "Pearl Harbor", "Señales", "El bosque" o "La isla". Osea, imprevisible. En cualquier caso el principal reclamo de la película es que será proyectada en salas 3-D, una ocurrencia todo lo respetable que se quiera pero que no tiene porque afectar a la diversión del film, que visto lo visto, es lo único a lo que parece, podemos aspirar.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Cine musical


Voy a contar un episodio bastante personal, una de esas cosas que casi le ruborizan a uno. Andaba yo por los 15 ó 16 años, es decir, en plena adolescencia, imagino que bastante desorientado. Deambulaba -más que estudiaba- yo por los atiborrados pasillos del Instituto. Fue una época un poco extraña, porque yo, que nunca me he sentido particularmente sólo ni aislado, ni he tenido tendencia a la depresión, me sentía por aquellos años bastante desilusionado con casi todo. Habían pocas cosas que me estimularan, y con la única excepción de mis compañeras de clase que por aquellos años no se percataron de mi existencia (dudo que lo hayan hecho ya), todo me aburría bastante. Entonces recuerdo, que cuando teníamos el esperado descanso, también conocido como "recreo", yo iba a mi casa que afortunadamente la tenía a escasos pasos del Instituto. Me olvidaba de mis amigos y compañeros sumergidos en un constante y aburrido pitorreo entrecruzado entre ellos mismos y el resto del mundo y yo, me preparaba un delicioso bocadillo, me sentaba en el salón y me ponía a admirar con toda la atención del mundo la popular escena que da título al film "Cantando bajo la lluvia". Ahora que lo pienso, y miro hacia atrás en el tiempo la verdad es que me parece una actitud un poco extraña, pero a mi, por aquel entonces no me lo parecía, en absoluto. Aquel tipo con una sonrisa de oreja a oreja que decidía calarse hasta las cejas al ritmo de una pegadiza melodía conseguía algo extraordinario para mi entonces. Conseguía, hacerme sentir feliz.

El cine musical, que gozó de gloriosos años de fervor popular anda desde hace ya bastantes años un tanto descarriado. Está de moda incluso darles la espalda como decía un popular crítico de cine español afincado en Los Ángeles cuando admitía su absoluta indiferencia ante los musicales y en cambio, su absoluto entusiasmo ante una película como "Moulin Rouge!" (2001). Sólo hay que atar cabos, si a un tipo que no le gustan los musicales le entusiasma el espantó de Bazz Luhrman es que esa película debe ser muy mala. En efecto, yo la vi en DVD y ni la terminé. Todo lo contrario que le sucedió a otro musical, este de reminiscencias más clásicas y bastante más simpático que pese a contar en su reparto con una estrella como Uma Thurman se estrelló en las taquillas de todo el mundo, "Los productores" (2005). Casos como "Evita" y sobre todo, "Chicago" son tal vez excepciones que confirman la regla porque al fin y al cabo, no son músicales de ribetes clásicos, pero tampoco disparates hiperadrenalíticos como "Moulin Rouge!".

A mi de entrada me gustaría que se revitalizaran películas excepcionales como la propia "Cantando bajo la lluvia" o "West Side Story", pero para eso, hay que querer soñar. De igual modo que para pasar miedo en una película de terror hay que querer pasar miedo, para soñar en un musical y que tener cierta presdisposición. Y hoy la gente no quiere soñar. Lo que resulta paradójico en un medio como el cine que se supone, es una ventana a los sueños. Ahora preferimos universos digitalizados a coreografías musicales. Pero fíjense en como el pequeño protagonista de "Wall-e", veía un número de "Hello Dolly" con devoción y esperanza. El mundo, no puede ser tan malo o por lo menos, todo lo que sale de las manos del hombre no es horror y destrucción.

Recuerdo que fue mi buen amigo Pedro quien me dijo, cuando yo rondaba los 16 ó 17 años, que el movimiento de grúa que culmina la escena de "Cantando bajo la lluvia" había sido definido por numerosos estudiosos cinematográficos como la mejor representación de la alegría de vivir. Y eso es algo maravilloso. Pero claro, ahora que somos posmodernos y Baudrillard nos ha dicho que todo es un simulacro, que ni la tristeza ni la alegría existe, que por no existir nada no existe ni el mal, no parece que un musical tenga demasiado sentido y si explosiones de pesimismo como "Matrix", "Requiem por un sueño" o "El club de la lucha".

En cualquier caso, yo reivindico el optimismo. Vivir, no es tan malo, al contrario, es nuestro mejor regalo. No quiero adoctrinar a nadie, pero si lo pensamos bien, si sabemos hacia donde mirar, y "cómo" mirar, creo que podríamos descubrir esas pequeñas cosas que hacen del mundo un lugar mejor. Esas pequeñas cosas de las que están hechos los musicales. La magia. Porque si señores, lo creo sinceramente, en el mundo real, en el mundo de los genocidios, de los atentados y de las guerras, también hay magia. Y los musicales son, creo yo, hasta la fecha, su mejor exponente.