martes, 6 de abril de 2010

"La cuarta fase" de Otulande Osunsanmi (2010)


Yo siempre he defendido que es más saludable una buena polémica que la indiferencia. Y aunque sólo sea por eso, nada más empezar, chapeau por "La cuarta fase". Al parecer, la película de Otulande Osunsanmi ha montado un buen pollo en tanto se ha discutido mucho sobre qué hay de verdad en la película y qué es total ficción... Para los que no sepan demasiado sobre la película, les pongo en antecedentes. "La cuarta fase" es un film protagonizado por Milla Jovovich que nos cuenta la historia, supuestamente real, de la terapeuta Abbey Tyler quien al parecer, en un pequeño y remoto pueblecillo de Alaska llamado Nome, trató y experimentó en sus propias carnes lo que significa eso de ser abducido por un extraterrestre.
Hasta aquí el tema, más o menos normal. El asunto, por lo visto, empezó a ponerse peliagudo cuando los responsables de "La cuarta fase", incluyendo a sus distribuidores (la Universal y la Warner Bros. en Japón) vendieron y publicitaron la cinta como un relato documentado de hechos reales incuestionables hasta tal punto que el film de Osunsanmi llega a combinar escenas rodadas con actores en vídeos, teóricamente reales del hecho en sí. O dicho de otro modo, mientras vemos en la película como un personaje/actor es grabado con una cámara de vídeo, vemos al otro lado de la pantalla al supuesto personaje real que fue realmente grabado con esa cámara de vídeo que hemos visto colocar. Buena o mala la película no me negarán que la idea tiene su interés.
De entrada, me veo en la obligación moral de admitir que he sido el primero en caer en la red publicitaria de la película y en haber visto "La cuarta fase" pensando que había un soporte gráfico real indiscutible. Muy tonto por mi parte, aunque por otro lado pienso que no deja de ser un sentimiento maravillosamente ingenuo eso de ver una película como si fuera algo real, como un tonto... Ahora que lo pienso, espero seguir así muchos años...
Esto no quita, no obstante, que pasado el efecto inicial de embriaguez dramática, uno, tome posiciones, asiente los pies en la Tierra, y tome una determinación sobre lo que ha visto. Pues bien, para mi, lo que nos expone "La cuarta fase" es dramáticamente falso (sólo hace falta dedicarle una horilla a navegar por Internet para legar a esa conclusión), pero la verdad es que a mi eso me da francamente igual Lo que realmente me encandila de la película de Osunsanmi es que después de cosas como "Holocausto caníbal" o "El proyecto de la bruja de Blair", sigamos cayendo en la trampa de manejar la posibilidad de que lo que estamos viendo es real. A ver, caballeros, que en Hollywood no son idiotas y en el resto del mundo parece que cada vez los somos un poco más, (empezando por los propios diarios de Alaska que al parecer, llegaron a denunciar a la Universal por difamar la realidad de un entorno tan bello y rural, si es que esta misma información es cierta...).
Porque ya no se trata de cómo es posible de que ciertas imágenes hayan sido ocultadas hasta el estreno del film, o cómo puede ser que algo así esté pasando en un lugar como Alaska y nadie se haya percatado de ello, o de cómo es posible que el FBI haya visitado el lugar más de 200 veces y hayamos oído hablar más de Roswell que de Nome, en fin... De lo que se trata, insisto, es que hemos vuelto a caer. Hollywood, o en este caso, Otulande Osunsanmi (un director nacido en Estados Unidos pero que no debe esforzarse mucho en demostrar sus orígenes africanos...) nos ha vuelto a embaucar.
Por otro lado, la películas ha generado algunas críticas ciertamente feroces. Yo he llegado a leer que era la peor película de terror jamás filmada. A ver, caballeros, que hay mucho cine malo por ahí suelto y "La cuarta fase" no es uno de ellos... La película con defectos y todo, vale la pena admitirlo, y dejando incluso polémicas a un lado, consigue su propósito básico, inquietar y en última instancia, aterrorizar. Si, caballeros, "La cuarta fase", SI UNO ENTRA EN SU JUEGO, da miedo, es entretenida y aguanta en la memoria más de lo esperado. Mucho, para una película protagonizada por la Jovovich, que nos tiene demasiado acostumbrado a sus "Resident Evil" & Cia...
En fin..., a mi modo de ver, película a retener, o al menos, a tener en consideración y a no despreciar a la primera de cambio. La película, insisto, tiene defectos si, pero también virtudes (su nivel de efectismo es muy limitado, o al menos, singular, los extraterrestres por ejemplo, nunca se llegan a ver). Yo al menos pienso, que merece la pena intentarlo, y esto en el panorama actual es decir mucho. Pero desde luego, mala, mala de rasgarse las vestiduras, pues tampoco caballeros... Primero porque será el tiempo el encargado de indicarnos si esta película es un fiasco aunque yo sospecho que no y segundo, porque uno al fin y al cabo, insisto, si se deja llevar por el film, pasa miedo, y eso, eso siempre es bueno en el cine de terror.

viernes, 26 de marzo de 2010

"El hombre lobo" de Joe Johnston (2009)


"El hombre lobo" es una película curiosa. Primero por tratarse de un film de encargo de cabo a rabo, es decir, una de esas películas de estudio en las que se percibe que tanto monta, monta tanto que su director hubiera o hubiese sido Joe Johnston o Perico el de los Palotes. Si la hipotética personalidad de un director tan llano como Johnston ya es de por si, eso, una hipótesis, en "El hombre lobo" no hay ni rastro de ella, de hecho y muy al contrario, hay demasiada sangre en la película para ser un film de Johnston. Segundo porque es bien sabido, la película debió de tener algún que otro problemilla de esos denominados, creativos, porque según parece a punto estuvo Johnston de mandar el film a hacer gárgaras para que lo firmara cualquier seudónimo razón por la que se montó y remontó hasta que todos quedaron relativamente contentos. Tercero por ser una película de terror de premeditado aroma clásico que surge en un momento en el que el género anda a la deriva. La Edad de Oro del cine de terror ya pasó, los éxitos como "Drácula de Bram Stoker", "Scream" o "El sexto sentido" ya forman parte de la historia, lo que por necesidad implicaba cierto riesgo a la ahora de producir un film sobre el hombre lobo que además no pretendía reinventar el mito ni nada de eso, más bien, a lo que aspiraba era a retroalimentarse de la mítica del título original de la Universal. Es cierto que en este sentido lo que "El hombre lobo" buscaba bien se podría equiparar a una película como "Drácula de Bram Stoker", aunque con la radical diferencia de que por desigual que fuera "Drácula", Joe Johnston no es Francis Ford Coppola, y eso siempre va a pesar y más aún ante un film de encargo como este en el que seguramente Johnston filmó bajo la amenazante presencia de un productor que no le quitaría el ojo de encima y que raudo se llevaría el material para montarlo él, o los suyos, a su manera.

Pero bueno, a lo que vamos, ¿qué tal está "El hombre lobo" según los parámetros del Hollywood del 2009?. Pues..., regular. Regular porque no es un espanto de película, lo cual, francamente, se agradece. Y regular porque el film de Johnston no aporta nada..., de nada. Ni en lo argumental, ni en lo dramático, ni en lo efectivo, por más que el equipo de diseño de efectos visuales viniera presidido por Rick Baker, el mago todopoderoso de los legendarios efectos de "Un hombre lobo americano en Londres". Pero ¡ay!, los tiempos han cambiado. ¡Cuando beneficio y a la vez, cuando daño ha hecho el ordenador en el cine!. Y "El hombre lobo" es un buen ejemplo. Por un lado, la película de Johnston se preocupa por conservar el modelo clásico del licántropo, en el que el hombre lobo es eso, un hombre con apariencia lobezna en contra de esa tendencia en la que en un hombre lobo se transformaba en un lobo..., humanazoidamente..., grande... Pero a la vez, el hombre lobo de Johnston resulta demasiado plastificado, demasiado digitalizado, de modo que pierde la carnalidad que sí poseían películas como "Un hombre lobo americano en Londres" o incluso "Aullidos" por discutidas que sean.

De modo que supongo que, una de cal y otra de arena, de forma de nos quedamos donde empezamos. Una vez uno sale de ver "El hombre lobo", según nos dicen lo créditos, de Joe Johnston, nada ha cambiado, todo sigue igual en el mundo y en el cine. De modo que la película con la misma facilidad que se ve, todo que hay decirlo. Yo, lo único que destacaría, para bien, de la película, es el personaje y el propio actor de Hugo Weaving. Primero porque Weaving es un actorazo de primera por reivindicar y segundo porque que actor interpreta nada menos que a Frederick Goerge Abberline, uno de los inspectores estrella del misterioso caso de Jack el Destripador (aún por resolver, por cierto...) que aquí es ficcionizado y lo que es más, maldecido por la maldición del hombre lobo, lo que abre interesantes vías a posibles secuelas.., lo que siempre es interesante, siempre cuando ande de por medio Hugo Weaving...

domingo, 21 de marzo de 2010

Star Wars in Concert


No se me suele ver a mi en este tipo de concentraciones, más que nada porque en muchas ocasiones considero mucho más enriquecedor (y barato) ver una buena película, leer el periódico o seguir con el libro que tengo a medio. Pero se daban ciertas circunstancias que hacían una completa estupidez no haber ido. Primero el gesto que nunca olvidaré de mi buen amigo Antonio Rentero que me dijo más o menos tengo una entrada para Star Wars in Concert y está huérfana... ¡Para qué les voy a decir más! Segundo que ir a Madrid siempre es una buena idea y tercero, que escuchar a una orquesta tocando, no sólo los típicos temas de Star Wars, sino algunos que hemos repasado cientos de veces y que jamás hemos visto interpretar en director era una ocasión, probablemente única.
Cuando me acercaba al Palacio de los Deportes de Madrid lo primero que me llamó la atención no fue la kilométrica cola que me encontré, sino ¡¡las cuatro kilométricas colas que me encontré!! Por alguna razón no me esperaba tanta gente. Aunque como me dijo mi mujer si sumas a los cuatro freak de Murcia, los cuatro de Cuenca y así hasta llegar a los doce de Madrid.., pues eso, se juntan las 20.000 personas que allí nos congregamos. Quizá debería haberlo esperado, pero me hizo gracia ver, no ya a niños pequeños disfrazados de Darth Vader, Obi Wan o Luke Skywalker, sino a familias enteras disfrazadas de todos los personajes citados más la princesa Leia, Amidala, Han Solo, Qui-Gon Jinn, soldados de asalto, artilleros de la Estrella de la Muerte, soldados de asalto terrestres y hasta Cheewaka... Era todo un espectáculo la verdad.
Una vez dentro del edificio, las sorpresas continuaban. Resulta que habían tríado varios muñecos originales de las películas como el propio Cheewaka, Han Sólo congelado en carbonita, camisetas, llaveros, imanes, vamos de todo y todo, a precios muy poco populares. Me gusta el universo Star Wars pero no tanto...
Con diez minutos de retraso se apagaron las luces, el director hizo acto de presencia. Todo el mundo se olía lo que iba a pasar a continuación: la fanfarria de la 2th Century Fox y acto seguido, en una gigantesca pantalla aparece la leyenda Long ago, in a galaxy far, far away.... (con los cuatro puntos de rigor, no se crean, yo me enteré de esto hace poco) Y entonces la orquesta literalmente explotó en una de los temas más conocidos de la historia. No hubo mucho demasiado espacio para escuchar las primeras notas, porque el público explotó a aplaudir. Una vez terminado el tema, entró en escena la otra sorpresa de la noche, Anthony Daniels, el actor bajo lo metales de C3 PO. Con un ingles exquisito y formas de un actor formado en el teatro, Daniels hizo de oportuno presentador de cada uno de los temas.
Como era de esperar, y salvando Duel of the Fates, los temas de la última trilogía de Star Wars fueron digeridas por el público más que un aperitivo de lo que vendría después que otra cosa. Y es que no es lo mismo, ni las películas, ni la música (de esto ya hablaremos en otra ocasión). El auditorio casi se cae cuando terminó la pieza que presagiaba el que sería uno de los momentos álgidos de la tarde; la Marcha Imperial. Ahí sí que temblaron los cimientos del Pabellón...
Hubo entonces un inesperado descanso, habían tipos ahí con barriles a la espalda vendiendo cervezas y cubalibres de Ron (15 pavos, por cierto...). Ir al baño era inutil, había tanta cola como para entrar al concierto. Un botellín de agua costaba dos euros, en fin...
Según el discurrir de la música, los que estábamos allí sabíamos que ahora venía lo mejor. Y así fue; The Asteroid Field, Tie Fighter Attack o The Ewok Battle son sólo los ejemplos más espectaculares de esta segunda parte y de paso, la prueba irrefutable de que, por las razones que sean, John Williams estaba mucho más inspirado veinte años atrás que cuando la nueva trilogía se puso en marcha.
En suma, tarde memorable, música de primera, juegos de luces, una pantalla gigante con imágenes de las seis películas, un entorno disparatado, todas las franjas de edad disfrutando como enanos, más de uno marcando el ritmo con los pies, la cabeza, las manos, una copa! Irrepetible. Yo hubiera eliminado, es cierto las imágenes de la película y las hubiera sustituido por imágenes de la orquesta, que es al fin y al cabo lo que habíamos venido a ver. Ocurrió en un par de ocasiones, pero supo a poco. Pero por lo demás, apasionante.
De modo que ya para terminar esta fiesta freak os voy a dejar con un vídeo que me he tropezado por Youtube verdaderamente divertido. Se trata de un fan de John Williams que canta A capella algunos de los temas más populares de la obra de Williams con una letra inventada sacada directamente de La guerra de las galaxias. Sin desperdicio alguno, se lo aseguro. Pinchen aquí y disfruten.

miércoles, 17 de febrero de 2010

"Sólo el cielo lo sabe" de Douglas Sirk (1955)


Volver la mirada atrás para contemplar una película de Douglas Sirk es siempre una delicia. El director de origen alemán siempre ha sabido tratar con asombroso tacto y apreciable sentido del decoro tramas propias de folletín, pero que su formidable trabajo tras la cámara y un guión generalmente, de acero armado, han conseguido dignificar hasta el cisma de las obras maestras del Hollywood clásico. "Sólo el cielo lo sabe", como pasa hoy día, fue una consecuencia directa de un éxito anterior, el también melodrama de Douglas Sirk "Obsesión". Hollywood, que ya entonces sabía muy bien como agarrarse a un éxito cuasi seguro, tiró además de idéntica pareja protagonista, Rock Hudson y Jane Wayman.

La historia es muy sencilla, una adinerada viuda se enamora de su jardinero. Las habladurias de sus vecinas primero, y la hostilidad general de sus hijos después, obstaculizan una relación idílica. Ella es de la alta sociedad, pero disfruta rodeada de campesinos y agricultores mientras su amado, abre botellas de vino con los dientes. Él, no es más que un jardinero, endiabladamente guapo, eso es verdad, pero él tampoco está por la labor de abandonar su entorno y zambullirse en las exquisiteces de la burguesia. Ambos quieren conservar sus entornos, pero ambos, no se dan cuenta, estan siendo igual de egoístas.

Como digo, así visto sobre el papel, lo más lógico sería pensar que un film con semejante trama no puede ir más allá del soberano aburrimiento, pero es precismente por este tipo de películas, por las que amo profundamente al cine clásico. Douglas Sirk, no sólo consigue que el personal romance nos alcance como propio y que suframos, compadezcamos y nos irritemos ante la abigarrada sociedad norteamericana, sino que además, el director consigue envolvernos en un universo de bellísimas imágenes y cuidada puesta en escena en donde cada movimineto de cámara tiene su razón de ser y cada corte de plano su sentido.

Es con películas como estas, creo yo, con las que se pueden generar nuevos amantes de cine. Porque cuando uno se enamora del cine clásico, no olvidemos, se está enamorando del cine. Es lo bueno y lo sublime que tiene el cine clásico, que amar a John Ford, George Cuckor, Howard Hawks o Douglas Sirk, es amar a todo lo que vino después, y claro está, todo lo que vendrá después...

Goyas 2010


Justicia. Y van dos años seguidos, ¡qué cosas! "Celda 211", que casualmente ha sido la película -íntegramente- española más taquillera del año, se llevó a casa ocho goyas. Me parece muy bien, porque Daniel Monzón es un tipo que me cae simpático. Aprecio pese a sus altibajos "El corazón del guerrero", me divertí con "El robo más grande jamás contado" y pase un rato entretenido con "La caja Kovak". Nada del otro mundo, es cierto, pero si que se dejaba sentir una importante tendencia hacia el cine de género, que es algo, de lo que está muy necesitada nuestra industria.
Otra cosa bien distinta es "Agora". Estoy seguro que más de uno de la gala de entrega de premios se debió de preguntar en qué clase de ceremonia española se encontraba cuando una buena parte de los Goyas técnicos al film de Amenábar eran recogidos por extranjeros... Era el gran hándicap de Amenábar para este año, mucho presupuesto sí, mucha taquilla, también, pero pocos españoles, o al menos, no los suficientes. Pero a Amenábar lo quieren mucho en la Academia de Cine, demasiado, y por eso nadie se resistió a darle el Goya al mejor guión original, aunque yo se lo hubiera entregado a Fernando Trueba por su despreciada "El baile de la victoria". Habría sido un reconocimiento merecido para un cineasta de primera que no siempre, y esto es lógico, da en el clavo de la taquilla.
Por lo demás, sorpresas las justas, más allá de la presencia del laureado Pedro Almodóvar. Se dice que Alex de la Iglesia lo intentó también con José Luis Garci y Quentin Tarantino. No se puede negar que el hombre apunta alto y eso es bueno. En lo que respecta a la gala, la verdad es que no deberíamos quejarnos demasiado; una retransmisión en directo sin publicidad debe de ser algo agotador, y con alguna que otra descompensación (un vídeo que no entró, una música que no dejaba de sonar...), el conjunto se dejo ver con ligereza. Buena culpa de esto la tuvo, claro está, Andreu Buenafuente que podrá caer mejor o peor a según quien se le pregunte, pero vale la pena reconocerlo, hizo un magnífico papel como maestro de ceremonias. También se agradeció la presencia de la insustituible Rosa María Sardá, y hasta estuvo simpático el montaje que Santiago Segura presentó de "Celda 211" y ese número musical del principio de la gala donde se pusieron algunos puntos sobre las íes, aunque eso si, con bueno humor y desparpajo, para que nadie se ofendiera demasiado.
Y poco más la verdad. A Luis Tosar había que darle ese Goya, aunque su papel estuviera hecho a la medida de un actor que parece haber nacido para interpretar personajes de villano (para cuando una comedia para Tosar, ahí sí que se vería lo gran actor que es). La BSO para Alberto Iglesias también tiene su punto de contradicción, la partitura de Roque Baños era mucho más compleja, pero la sensibilidad de Iglesias y el prestigio del compositor fuera de nuestras fronteras siempre ha jugado a su favor en los Goya, y todo aunque su director fetiche, Pedro Almodóvar, nunca haya terminado de encajar con la Academia.
En suma, una estimable fiesta de promoción del cine español. Dos películas de género y taquilleras coparon todos los premios y eso también es bueno. A ver si este año se repiten las cifras del pasado aunque sin estreno anual de Amenábar, Almodovar o un "Planet 51" el asunto va a estar dificilillo. A ver si nos sorprenden con algo...

viernes, 5 de febrero de 2010

"Avatar" de James Cameron (2009)


Vaya por delante que fui a ver "Avatar" con la mejor de mis disposiciones. El impresionante éxito de la película de cuyo eco están dado buena cuenta los medios de comunicación, me hizo reflexionar un poco sobre el cine de James Cameron, sobre todo sobre "Titanic", la película que menos me interesa. Echando la mirada atrás y recordando algunas de esas frases que calan en nuestra vida, llegué a la conclusión de que "Titanic" sin personajes y todo, era un film muy cameroniano en tanto era un producto en esencia, profundamente simple, pero bien construido dentro de sus parámetros de simplicidad. Es decir, no hay que pedirle mucho a "Titanic", pero lo poco, lo muy poco que ofrece, lo ofrece muy bien. Todo hay que decirlo.
De modo que con esta guisa reconciliadora me fui a ver "Avatar" y lo que es más, en 3-D (del tema 3-D ya hablaremos un día de estos). Cómo de costumbre en el cine de James Cameron (lo que demuestra que pese a quien le pese, Cameron es un director con constantes, es decir, lo que muchos llaman un autor...), "Avatar" es un film que arranca con un entorno frío y fuertemente jerarquizado, lo que aplicado al ejército siempre encaja a las mil maravillas. Un diseño de producción apabullante y un cuidado técnico impecable. Me llamó mucho la atención, eso si, que el protagonista fuera un hombre paralítico de cintura para abajo, ¿un héroe minusválido pensé yo? No...., nada de eso...

Fuera de su impresionante logística técnica, "Avatar" es una de esas películas que desde prácticamente el primer plano y conforme se va desvelando por dónde van a ir los tiros, uno intuye con bastante seguridad por dónde van a ir los tiros. De hecho, lo mejor de "Avatar" son sus primeros minutos, cuando uno aún tiene esperanzas de que el asunto sea algo diferente. A Cameron siempre se le han dado bien lo preliminares, eso hay que reconocerlo. Pero cuando la película toma posiciones y desvela sus primeras y cartas y resulta evidente, que no hay muchas más cartas que desvelar "Avatar" cae en picado.

Por momentos, la última película de James Cameron recuerda a "Pocahontas", ese ficus fluorescente resulta bastante irrisorio y en conjunto la trama no tiene mucho de donde tirar. Como digo, técnicamente la película es impecable, pero su uso y abuso de la digitalización de las cosas, tengo la impresión de que le ha afectado a Cameron y ya no tiene ese toque tan particular que tenía cuando rodaba escenas de acción real en decorados reales. Lo que ahora hace con la cámara, el montaje y los movimientos, vienen a ser lo mismo que hemos visto otras veces en otras películas de técnica similar. Pero lo peor de todo es conforme la película va entrando en su mitad final y el aburrimiento es ya una sensación bastante perceptible. Sobre todo porque en "Avatar", por más que se empeñen los fans (que los hay y por montones), no hay emoción. Cameron es un hombre demasiado frío, demasiado tecnócrata (seguro que es uno de esos directores que como Peter Jackson rueda con un portatil en la mano...) como para hacer una película sobre una etérea energía que une a la Madre Naturaleza, tal es así, que como hiciera George Lucas en la desastrosa "La amenaza fantasma" con la Fuerza, Cameron le pone nombre y apellidos a esa energía natural, poniendo en boca de sus personajes que se han detectado corrientes químicas entre los árboles y plantas del planeta Pandora. Si hablamos de una cuestión casi espiritual (que parece ser la apuesta de Cameron), justificar su existencia extirpa todo el misterior.

Lo cual, me lleva a una reflexión. Si "Avatar" ha batido todos los récords habidos y por haber, algo, necesariamente algo, debe de tener la película de Cameron. Vista fríamente si, "Avatar" tiene efectos especiales, acción y unas gotitas de romance (¿quién le habrá dicho a James Cameron que es un tío romántico?. ¡Uy..., que le dieron once oscar por una historia de amor pasada por agua...!). Vale, es cierto, pero ¿cuantas películas con similares ingredientes y técnicamente también impecables se han quedado en la parrilla de salida? Me cuesta mucho trabajo entender cómo es posible que un film tan mediocre como "Avatar" pueda generar semejante cantidad de público y que conste, que no quiero tratar con desprecio al elemento más importante de la industria cinematográfica (sin público, no habría cine). No entiendo eso fans enganchados a la película que necesitan verla una y otra vez para regresar constantemente al imaginario mundo de Pandora, que tampoco es que ofrezca demasiadas novedades. No lo entiendo. Tal vez, forzando la maquina, todo venga del descontento existencial, de la generación "Ni-Ni", que no encuentra o no le quiere encontrar motivos para hacer nada palpable y que encuentran en una película como "Avatar" un objetivo y un motivo por el que vivir, sin molestarse en buscarlo y en identificarse con él. El cine incita a la empatía, se da por su puesta y muchos, da la impresión, acceden encantados. ¿Será eso?

viernes, 4 de diciembre de 2009

Con la mirada en "Drácula"


Como iba diciendo...
Fui sincero. Nada más empezar dije, "lo estuve pensando seriamente, no sabía si decirlo hoy aquí, pero voy a decirlo, a mi no me gusta Crepúsculo". La idea de mi buen amigo Antonio Rentero era la de animar el ambiente justo el día antes del estreno de "Luna Nueva", que en un principio se iba a estrenar el día después de la charla-coloquio (posteriormente se cambió la fecha de estreno de "Luna nueva"), pero la verdad es que yo soy de los que en todo caso, hubiera proyectado "Déjame entrar", que me parece la verdadera sorpresa de la temporada. Pese a todo, les dije a la escasa -y agradecida- decena y pico de asistentes (ya se sabe que a estas cosas nunca va nadie salvo que uno se llame Arturo Pérez Reverte y como no es mi caso...), "pero no se preocupen, aunque ahora vayamos a ver Crepúsculo verán como después le podemos sacar punta al asunto". "Crepúsculo" tiene una cuestión muy interesante y además un momento muy divertido, para mi, el mejor de la película, la escena en la que la familia de vampiros le prepara la cena a Bela, "nos has dado una excusa para estrenar la cocina" dice uno de los vampiros. Esto está muy bien, porque ejemplifica muy bien una cuestión que no siempre se ha reflejado del todo en la gran pantalla, la necesidad imperiosa de los vampiros de confundirse, de mezclarse con la sociedad. En "Drácula", la novela, en un pasaje de sus primeros capítulos, Harker le dice al vampiro, "habla usted muy bien inglés" y Drácula le contesta, "no lo suficiente, aún se percibe por mi acento que soy extranjero, no quiero que la gente en Londres perciba que no soy inglés". Drácula no quiere llamar la atención, muy al contrario, se quiere fusionar con la sociedad londinense, para corromperla desde dentro. Y si la primera cuestión (la necesidad del vampiro de querer confundirse con la sociedad contemporánea) se ha entendido a las malas, la de corromper la moral ha sido una cuestión todavía más peliaguda de entender y no digamos, de aplicar.
Mi buen amigo Antonio Rentero, haciendo de un oportuno cuestionario para la ocasión, me preguntó por qué en "Crepúsculo", se insiste en esa variante "romántica", "enamoradiza" del vampiro, cuando según lo expuesto antes, un vampiro no es así. Yo de entrada, tengo que admitirlo, le eché la culpa a "Drácula de Bram Stoker" de Francis Ford Coppola. Ese vampiro que atravesaba océanos de tiempo creo que le hizo mucho daño al personaje, sobre todo a aquellos que no ha leído la novela original (que son muchos) y que creen que la obra de Bram Stoker es una historia de amor... Llegados a este punto, retomé el concepto original del romanticismo, como esa corriente existencial que nada tiene que ver con una quinceañera mirando con cara de boba a la Luna y si mucho con un atávico miedo a lo desconocido. Y el Drácula de Stoker es precisamente eso, y mucho más que eso. Se ha escrito mucho sobre la novela y sus virtudes tanto, que hay quien pone en serias dudas que la escribiera Bram Stoker, cuyas otras obras no alcanzan los niveles de calidad de "Drácula" ni de lejos. "Drácula" no sólo era una personificación del miedo romántico del hombre a lo desconocido (por aquellos años del Londres victoriano, Rumanía era poco menos que el inframundo y si lo pensamos un poco, lo cierto es que aún lo sigue siendo) sino una evidencia de determinadas obsesiones muy propias del hombre. Porque, y esto es importante, "Drácula" es una obra profundamente machista y por extensión, sus mejores adaptaciones, también lo son. Estos nos condujo ha otra cuestión, ¿cual es la mejor adaptación que ha tenido la novela de Stoker? Yo lo tengo claro. Las de Terence Fisher para la Hammer (en la imagen). Aquellas películas fueron las primeras que destaparon el poso profundamente sexual que nadie quiso, supo, se atrevió o pudo ver en su día. De hecho, la imagen que tenemos del Drácula "sexualizado" (como esos ojos inyectados en sangre o la propia presencia de los colmillos) se lo debemos precisamente a las películas de la Hammer, puesto que antes, Murnau mostró al vampiro como un ser animalizado y la Universal como un gentelman demasiado exquisito para provenir del infierno.
En fin..., cómo digo, la cosa dio y daría para mucho. Después la charla se extendió con unas cervezas de por medio. Cosa fina.., un día memorable.