
miércoles, 14 de abril de 2010
"Celda 211" de Daniel Monzón (2009)

martes, 6 de abril de 2010
"La cuarta fase" de Otulande Osunsanmi (2010)
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Yo siempre he defendido que es más saludable una buena polémica que la indiferencia. Y aunque sólo sea por eso, nada más empezar, chapeau por "La cuarta fase". Al parecer, la película de Otulande Osunsanmi ha montado un buen pollo en tanto se ha discutido mucho sobre qué hay de verdad en la película y qué es total ficción... Para los que no sepan demasiado sobre la película, les pongo en antecedentes. "La cuarta fase" es un film protagonizado por Milla Jovovich que nos cuenta la historia, supuestamente real, de la terapeuta Abbey Tyler quien al parecer, en un pequeño y remoto pueblecillo de Alaska llamado Nome, trató y experimentó en sus propias carnes lo que significa eso de ser abducido por un extraterrestre.
viernes, 26 de marzo de 2010
"El hombre lobo" de Joe Johnston (2009)

"El hombre lobo" es una película curiosa. Primero por tratarse de un film de encargo de cabo a rabo, es decir, una de esas películas de estudio en las que se percibe que tanto monta, monta tanto que su director hubiera o hubiese sido Joe Johnston o Perico el de los Palotes. Si la hipotética personalidad de un director tan llano como Johnston ya es de por si, eso, una hipótesis, en "El hombre lobo" no hay ni rastro de ella, de hecho y muy al contrario, hay demasiada sangre en la película para ser un film de Johnston. Segundo porque es bien sabido, la película debió de tener algún que otro problemilla de esos denominados, creativos, porque según parece a punto estuvo Johnston de mandar el film a hacer gárgaras para que lo firmara cualquier seudónimo razón por la que se montó y remontó hasta que todos quedaron relativamente contentos. Tercero por ser una película de terror de premeditado aroma clásico que surge en un momento en el que el género anda a la deriva. La Edad de Oro del cine de terror ya pasó, los éxitos como "Drácula de Bram Stoker", "Scream" o "El sexto sentido" ya forman parte de la historia, lo que por necesidad implicaba cierto riesgo a la ahora de producir un film sobre el hombre lobo que además no pretendía reinventar el mito ni nada de eso, más bien, a lo que aspiraba era a retroalimentarse de la mítica del título original de la Universal. Es cierto que en este sentido lo que "El hombre lobo" buscaba bien se podría equiparar a una película como "Drácula de Bram Stoker", aunque con la radical diferencia de que por desigual que fuera "Drácula", Joe Johnston no es Francis Ford Coppola, y eso siempre va a pesar y más aún ante un film de encargo como este en el que seguramente Johnston filmó bajo la amenazante presencia de un productor que no le quitaría el ojo de encima y que raudo se llevaría el material para montarlo él, o los suyos, a su manera.
Pero bueno, a lo que vamos, ¿qué tal está "El hombre lobo" según los parámetros del Hollywood del 2009?. Pues..., regular. Regular porque no es un espanto de película, lo cual, francamente, se agradece. Y regular porque el film de Johnston no aporta nada..., de nada. Ni en lo argumental, ni en lo dramático, ni en lo efectivo, por más que el equipo de diseño de efectos visuales viniera presidido por Rick Baker, el mago todopoderoso de los legendarios efectos de "Un hombre lobo americano en Londres". Pero ¡ay!, los tiempos han cambiado. ¡Cuando beneficio y a la vez, cuando daño ha hecho el ordenador en el cine!. Y "El hombre lobo" es un buen ejemplo. Por un lado, la película de Johnston se preocupa por conservar el modelo clásico del licántropo, en el que el hombre lobo es eso, un hombre con apariencia lobezna en contra de esa tendencia en la que en un hombre lobo se transformaba en un lobo..., humanazoidamente..., grande... Pero a la vez, el hombre lobo de Johnston resulta demasiado plastificado, demasiado digitalizado, de modo que pierde la carnalidad que sí poseían películas como "Un hombre lobo americano en Londres" o incluso "Aullidos" por discutidas que sean.
domingo, 21 de marzo de 2010
Star Wars in Concert

No se me suele ver a mi en este tipo de concentraciones, más que nada porque en muchas ocasiones considero mucho más enriquecedor (y barato) ver una buena película, leer el periódico o seguir con el libro que tengo a medio. Pero se daban ciertas circunstancias que hacían una completa estupidez no haber ido. Primero el gesto que nunca olvidaré de mi buen amigo Antonio Rentero que me dijo más o menos tengo una entrada para Star Wars in Concert y está huérfana... ¡Para qué les voy a decir más! Segundo que ir a Madrid siempre es una buena idea y tercero, que escuchar a una orquesta tocando, no sólo los típicos temas de Star Wars, sino algunos que hemos repasado cientos de veces y que jamás hemos visto interpretar en director era una ocasión, probablemente única.
miércoles, 17 de febrero de 2010
"Sólo el cielo lo sabe" de Douglas Sirk (1955)

Goyas 2010

Otra cosa bien distinta es "Agora". Estoy seguro que más de uno de la gala de entrega de premios se debió de preguntar en qué clase de ceremonia española se encontraba cuando una buena parte de los Goyas técnicos al film de Amenábar eran recogidos por extranjeros... Era el gran hándicap de Amenábar para este año, mucho presupuesto sí, mucha taquilla, también, pero pocos españoles, o al menos, no los suficientes. Pero a Amenábar lo quieren mucho en la Academia de Cine, demasiado, y por eso nadie se resistió a darle el Goya al mejor guión original, aunque yo se lo hubiera entregado a Fernando Trueba por su despreciada "El baile de la victoria". Habría sido un reconocimiento merecido para un cineasta de primera que no siempre, y esto es lógico, da en el clavo de la taquilla.
Por lo demás, sorpresas las justas, más allá de la presencia del laureado Pedro Almodóvar. Se dice que Alex de la Iglesia lo intentó también con José Luis Garci y Quentin Tarantino. No se puede negar que el hombre apunta alto y eso es bueno. En lo que respecta a la gala, la verdad es que no deberíamos quejarnos demasiado; una retransmisión en directo sin publicidad debe de ser algo agotador, y con alguna que otra descompensación (un vídeo que no entró, una música que no dejaba de sonar...), el conjunto se dejo ver con ligereza. Buena culpa de esto la tuvo, claro está, Andreu Buenafuente que podrá caer mejor o peor a según quien se le pregunte, pero vale la pena reconocerlo, hizo un magnífico papel como maestro de ceremonias. También se agradeció la presencia de la insustituible Rosa María Sardá, y hasta estuvo simpático el montaje que Santiago Segura presentó de "Celda 211" y ese número musical del principio de la gala donde se pusieron algunos puntos sobre las íes, aunque eso si, con bueno humor y desparpajo, para que nadie se ofendiera demasiado.
Y poco más la verdad. A Luis Tosar había que darle ese Goya, aunque su papel estuviera hecho a la medida de un actor que parece haber nacido para interpretar personajes de villano (para cuando una comedia para Tosar, ahí sí que se vería lo gran actor que es). La BSO para Alberto Iglesias también tiene su punto de contradicción, la partitura de Roque Baños era mucho más compleja, pero la sensibilidad de Iglesias y el prestigio del compositor fuera de nuestras fronteras siempre ha jugado a su favor en los Goya, y todo aunque su director fetiche, Pedro Almodóvar, nunca haya terminado de encajar con la Academia.
En suma, una estimable fiesta de promoción del cine español. Dos películas de género y taquilleras coparon todos los premios y eso también es bueno. A ver si este año se repiten las cifras del pasado aunque sin estreno anual de Amenábar, Almodovar o un "Planet 51" el asunto va a estar dificilillo. A ver si nos sorprenden con algo...